SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

sábado, 26 de octubre de 2013

Un cerebro de 4.000 años


Lo que veis en la imagen parece una morcilla churrascada, pero es una pieza importantísima para la paleontología y la neurociencia. Se trata del cerebro más antiguo que se conserva hasta la fecha y fue encontrado en las excavaciones de Seyitömer Höyük, en Turquía, un asentamiento humano de laEdad de Bronce cuya antigüedad se estima en torno a los 4.000 años.
Los investigadores encontraron en realidad varios cerebros junto a los esqueletos de sus propietarios, un hecho realmente sorprendente. Alrededor de ellos se encontraron restos de madera carbonizada, así que la hipótesis es que murieron sepultados por uno de los frecuentes terremotos de la zona y que el fuego arrasó los restos. Con la buena fortuna de que el proceso sirvió para que los tejidos blandos se conservaran.
restos encontrados en Seyitömer Höyük. Fuente: The History Blog.
Para los científicos, la tarea de conocer el cerebro de los primeros humanos se basa en juntar pistas indirectas. Los tejidos como el cerebro no se conservan y raramente fosilizan, de modo que se estudia el hueco del interior del cráneo para conocer qué capacidad tenían aquellas criaturas y cómo podían ser sus pensamientos. Los restos más antiguos hasta ahora pertenecen a alguna momia inca(conservada por el frío) y al denominado cerebro de Heslington, una porción de encéfalo que recuerda a un trozo de pudin, encontrado en el año 2008 cerca de la universidad de York y cuya antigüedad ronda los 2.600 años.
Pero el hallazgo de estos cerebros turcos lo supera en al menos 1.500 años. ¿Cuál fue la receta para conservarlos tanto tiempo? La naturaleza los metió en el horno y los cocinó en su propia salsa, y eso ha provocado que hoy en día lleguen hasta nosotros. Los científicos creen que las llamas consumieron el oxígeno de la cueva y después hirvieron a fuego lento los sesos de estos individuos. Por suerte, la composición del suelo también ayudó, y el magnesio, potasio y aluminio reaccionaron con los restos del cerebro petrificándolos como si fuera una especie de cerámica.
¿Qué información se puede obtener ahora de estos cerebros? Los científicos creen que pueden arrojar alguna pista sobre si los propietarios del cerebro sufrieron una hemorragia o un tumor, o incluso si fueron víctimas de alguna enfermedad neurodegenerativa. Conocer el pasado de nuestro encéfalo quizá nos dé una pista sobre cómo evolucionaron algunos males que aún hoy no hemos entendido.
FUENTE: YAHOO

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