SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

viernes, 18 de octubre de 2013

Síndrome de Gourmand: cuando el cerebro se obsesiona con el placer de comer



En diciembre de 2009, un joven llamado Kevin Pearce sufrió un terrible accidente mientras practicaba snowboard. Cuando despertó del coma, y después de sufrir daños cerebrales, Pearce comenzó a experimentar una atracción irrefrenable por las comidas condimentadas con pesto, un gusto que nunca había tenido antes del accidente. El paciente R.G., corredor habitual de maratones, cambió radicalmente de vida a partir de los 42 años. Dejó el deporte y comenzó a comprar guías gastronómicas y a recorrer grandes distancias en coche solo para comer en determinados restaurantes. Un tiempo después le diagnosticaron un tumor en el cerebro, junto a la amígdala. Cuando se lo extirparon, el interés de R.G. por la gastronomía desapareció.
Ambos casos son distintas manifestaciones de un extraño trastorno identificado hace apenas unos años y que los neurocientíficos conocen como "síndrome de Gourmand". Su descubrimiento se remonta a mediados de los años 80, cuando los neuropsicólogos Theodor Landis Marianne Regard se toparon con el caso de un sujeto, de profesión periodista, al que un daño cerebral le cambió por completo su relación con la comida. Desde el momento en que ingresó en el hospital por una apoplejía, el paciente comenzó a poner reparos al menú del centro y a mostrar una obsesión por detalles mínimos. La doctora Regard le pidió entonces que llevara un diario con sus vivencias en el hospital, y éste se convirtió en un registro meticuloso de sus fantasías gastronómicas.
"Es hora de una copiosa cena, como una buena salchicha picante y dorada o unos espagueti boloñesa, o risotto o chuleta empanada, finamente decorada, o una pieza de caza con salsa y Spätzle", escribía. "¡Siempre comer y beber! Qué gran conocedor soy y estoy aquí, seco, como en un desierto. ¿Dónde está el siguiente oasis? Con palmeras y dátiles y cordero asado o cuscús y té de menta". La obsesión de aquel paciente por la buena comida llegó a tal extremo que cuando abandonó el hospital dejó su profesión de cronista político y se dedicó con pasión a la crítica gastronómica. Y su familia y amigos descubrieron horrorizados que sus únicos temas de conversación e interés giraban en torno a la comida.
Tras identificar este primer caso, Landis y Regard continuaron sus investigaciones y estudiaron a723 pacientes con daños cerebrales durante un periodo de 8 años. De aquella muestra, resultó que 36 individuos (un 5%) desarrollaron aquella súbita preocupación por la comida. El trabajo se publicó en el año 1997 en la revista Neurology y utilizaba por primera vez la expresión "síndrome de Gourmand" para referirse a este trastorno producido por lesiones en el hemisferio derecho. En el estudio recogían otros casos similares, como el de un hombre que siempre había preferido jugar al tenis antes de una buena cena y que tras la lesión cerebral experimentó una obsesión por la comida, hasta el punto de que no podía hablar ni escribir de otra cosa. Al igual que otros, este paciente se sentía impulsado a visitar los restaurantes más caros y a dejarse el sueldo en grandes comilonas.
De los 36 casos identificados por Landis y Regard, la mayoría - excepto dos - presentaban una lesión en la misma región que el periodista que se convirtió en crítico gastronómico: el área anterior derecha del cerebro. Sobre el síndrome aún se sabe muy poco, salvo que en esta zona de la corteza orbitofrontal se producen también procesos relacionados con la toma de decisiones, las emociones y la recompensa, y los daños afectan a núcleos como los ganglios basales, que regulan la producción deserotonina. Este tipo de alteraciones suelen dar lugar a trastornos de la conducta y a problemas de autocontrol, y afectan de alguna manera a la manera en que nos relacionamos con la comida. Y si se daña por alguna circunstancia, nos convierte en unos gourmets insaciables y enfurecidos.

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