SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

domingo, 25 de agosto de 2013

UN INVASOR INGLÉS LLAMADO JUAN FERNÁNDEZ

Un invasor inglés llamado Juan Fernández


La curiosa historia de un soldado británico que, luego de las fallidas invasiones inglesas, vino a vivir hasta su muerte, a Mendoza.

domingo, 25 de agosto de 2013
Fueron muchos los británicos que invadieron en 1806 las costas del Río de la Plata. Al rendirse las tropas, ellos fueron prisioneros en Buenos Aires. Más tarde, aún cautivos, algunos llegaron a nuestra provincia. 

Tras el armisticio España-Gran Bretaña, muchos se fueron, pero otros se sintieron “atrapados” por  este pueblo al Oeste del país. Los que se establecieron, adoptaron nombres y apellidos españoles.

El protagonista de esta historia no era un inglés ilustrado como Darwin, Miers u otros que pasaron por Mendoza. Nadie sabe cómo se llamaba antes de cambiar su apellido. Pero este británico se llamaba Juan Fernández, tenía una posada, se enamoró de esta provincia y vivió hasta su muerte en ella.

Viajando hacia tierras lejanas

A principios del siglo XIX, Gran Bretaña confrontó contra la alianza de Francia y España. Fue por eso que una expedición que se encontraba en las costas de Sudáfrica, más precisamente en la Ciudad del Cabo, partió en abril de 1806 hacia la capital del entonces virreinato del Río de la Plata: Buenos Aires.

En una de las cinco naves viajaba Juan Fernández, quien pertenecía a la cuarta compañía del regimiento de infantería escocés Nº 71. 

Después de pasar un violento temporal, los barcos de la flota atacante se habían dispersado y uno de ellos se extravió. La escuadra de buques viró hacia la isla de Santa Elena para sumar unos 300 hombres. El objetivo principal eran las colonias españolas en América,

Las naves levaron anclas y partieron con rumbo oeste. Emprendieron su travesía escoltadas por varias fragatas. Navegaron unos meses por el ancho océano Atlántico, hasta que en el horizonte se divisó la silueta de las costas uruguayas.

La flota entró en el estuario del Río de la Plata. En una tarde fría de junio, los comandantes Popham y Beresford estaban reunidos en la fragata "Narcissus", planificando la invasión a Buenos Aires.

Las naves fondearon en las costas de Quilmes, pocos kilómetros al sur de la metrópolis y, poco después, se dio la orden de invadir la ciudad. Allí descendieron, los de la cuarta compañía del Regimiento 71, al compás del sonido de las gaitas escocesas. Los invasores arrollaron a las tropas coloniales y la ciudad cayó en manos británicas.

Ante la impotencia, miles de pobladores salieron a defender la ciudad tomada y se inició una verdadera resistencia patriótica. Los ciudadanos, desde las azoteas y techos, arrojaban piedras, pedazos de tejas, agua y aceite hirviendo.
 
Los soldados británicos, acostumbrados a pelear en campos de batalla, se sorprendieron al ver que los civiles les ofrecían combate. 

De la mano de Santiago de Liniers, los colonos reconquistaron Buenos Aires y miles de soldados ingleses, escoceses e irlandeses, fueron hechos prisioneros. Entre los lugares designados para este confinamiento, estaba las provincias de Cuyo, en especial Mendoza.

Los reos fueron trasladados en carreta, algunos con sus familias, a nuestra provincia. Por supuesto que entre estos se encontraba el inglés Juan Fernández.

Destino Mendoza

A finales de 1806, más de 250 prisioneros llegaron a la aldea mendocina y fueron distribuidos en distintos lugares. Los más revoltosos se dirigieron con destino al fuerte de San Rafael y otros a una estancia en Luján de Cuyo. 

En cambio, algunos quedaron en el cuartel de la ciudad.
Inmediatamente, Juan debió cumplir trabajos en las obras públicas. A pesar de estar en cautiverio, los prisioneros tenían ciertas libertades. Además muchos tenían una muy buena relación con la mayoría de los ciudadanos.

Prisionero del sol y del vino

Dos años después de ser tomados prisioneros, este soldado de origen inglés tuvo la posibilidad de regresar a su país cuando los reinos de España y Gran Bretaña firmaron un armisticio.
El inglés quedó totalmente libre pero decidió quedarse en estas tierras.

Existía para los anglosajones, eso sí, una condición fundamental, si es que querían afincarse definitivamente en el Virreinato. Debían adoptar la religión católica y renunciar a la anglicana (credo que profesaba). Otra cláusula se les imponía: cambiarse el nombre y apellido por uno español.

Ahora, con el nombre de Juan y el apellido de Fernández, se lo consideraba un mendocino más.

El inglés de la posada

Al poco tiempo, Juan Fernández se fue a vivir a los extramuros de la ciudad. Abrió una posada en donde atendía a viajeros que llegaban desde Buenos Aires con destino a Mendoza o Santiago de Chile.

Con el tiempo, Fernández formó su familia y perdió casi por completo su idioma y también su acento anglosajón.

Fue John Miers quien, en 1819, lo descubrió y, gracias a su libro "Travels in Chile and La Plata" pudimos saber quién era ese compatriota del escritor "que había perdido el idioma inglés".
El mentado Fernández vivió muy feliz con su esposa e hijos. Falleció en 1835.

Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar

ESTE ARTÍCULO NOS FUE ENVIADO POR NUESTRO AMIGO ALBERTO ALBARRACIN SOSA. MUCHAS GRACIAS ALBERTO POR COMPARTIR ESTE ARTÍCULO

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