SERVIR Y PROTEGER

SERVIR Y PROTEGER
"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

jueves, 25 de julio de 2013

EL AUTÉNTICO Y COLORIDO ASPECTO DE LAS ESTATUAS CLÁSICAS


Reconstrucción policromada del llamado 'Sarcófago de Alejandro' | © München, Stiftung Archäologie - Vinzenz Br 
Estamos acostumbrados a contemplarlas y disfrutar de su aspecto pálido y nacarado. Así las descubrimos una y otra vez cuando paseamos por las salas de los museos de todo el mundo, y así las hemos visto siempre en fotografías y reproducciones.
Sin embargo, si los autores de las esculturas clásicas –ya fueran griegos o romanos– las viesen en su estado actual, seguramente las rechazarían, pues para ellos serían obras inacabadas y no se ajustarían a la realidad, ya que toda la estatuaria –e incluso los propios templos– era decorada mediante vistosos y brillantes colores.
Desde la aparición de las primeras esculturas monumentales realizadas por los artistas griegos de la época arcaica –allá por el siglo VII a.C.–, la estatuaria griega fue evolucionando sin interrupción en busca de un mayor realismo. Esta mímesis o imitación de la naturaleza fue la preocupación principal de los artistas. Y si en la naturaleza todo está repleto de color, sus esculturas no podían ser pálidos reflejos de la misma.
El propio Praxíteles, quizá el más sobresaliente entre los escultores de la época clásica, decía que, de todas sus obras, las que más le gustaban eran aquellas que había decorado el pintor Nicias. Al menos, así lo refleja Plinio el Viejo en su Historia Natural.
Entonces, ¿por qué se ha creído durante mucho tiempo que la obras clásicas no tenían más color que el natural de los materiales con los que estaban realizadas?
Buena parte de culpa la tienen las inclemencias climatológicas y el paso del tiempo, que con el transcurrir de los siglos fueron eliminando la mayor parte de los restos de una policromía que los antiguos artistas habían realizado con minerales como el cinabrio, la azurita o la malaquita, entre otros.
Comparación entre original en bronce y la réplica policromada | Crédito: Wikipedia.
Cuando durante el Renacimiento estalló la fiebre por todo lo que tenía que ver con la Antigüedad clásica y comenzaron a recuperarse y desenterrarse estatuas griegas y romanas, la mayor parte de ellas aparecieron sin policromía, así que artistas como Miguel Ángel y sus contemporáneos crearon sus obras a imitación de aquellas, pensando que ese había sido siempre su aspecto.
Ya en el siglo XVIII, el “padre” de la historia del arte y la arqueología modernasJohann Joachim Winckelmann, terminó por cimentar esa idea al considerar que las estatuas clásicas eran más “puras y elevadas” si estaban totalmente desprovistas de color. De hecho, él mismo llegó a asegurar en sus escritos: “Cuando más blanco es el cuerpo, más hermoso”.
Las ideas de Winckelmann acabaron influyendo de forma notable en los artistas neoclásicosy se impusieron sobre las propuestas de otros autores, que reivindicaban la policromía de las obras de la Antigüedad basándose en los hallazgos arqueológicos que estaban teniendo lugar en yacimientos entonces recién descubiertos, como Pompeya y Herculano.
Tanto Jacques Hittorff como otros autores de su tiempo demostraron que estatuas y templos griegos y romanos estuvieron decorados con múltiples colores, aunque sus estudios tuvieron escasa repercusión. Otro de los defensores de esta postura fue el francés Charles Garnier, arquitecto francés creador del edificio de la Ópera de París, que hoy lleva su nombre.
Garnier no sólo defendía la policromía de las obras clásicas, sino que incluso llegó a proponer que se restauraran las esculturas del frontón del célebre Templo de Afaya –hoy en laGliptoteca de Múnich–, para devolverles sus colores originales.
La propuesta de Garnier no se llevó a cabo, pero quien sí la convirtió en realidad –al menos en parte–, fue el arqueólogo alemán Vinzenz Brinkmann. El investigador germano lleva veinticinco años estudiando el uso de policromía en el arte clásico, y gracias a sus análisis de distintas obras, ha sido capaz de “reconstruir” de forma más o menos aproximada el aspecto de algunas de ellas.
Reconstrucción del arquero troyano procedente del Templo de Afaia | © München, Stiftung Archäologie - Vinzenz  …
En el año 2003, Brinkmann causó un gran revuelo en el mundo del arte al inaugurarse en la Gliptoteca de Múnich la exposición ‘Bunte Götter. Die Farbigkeit antiker Skulptur’ (Dioses de colores. Escultura pintada de la Antigüedad clásica), en la que se mostraban reproducciones policromadas junto a las obras originales que habían perdido su color.
Aunque paradójicamente la visión de estas estatuas con colores vivos y brillantes –casi chillones–,resulta chocante e irreal debido a nuestra concepción previa de estas estatuas, lo cierto es que la muestra de Brinkmann fue un éxito rotundo, y lo sigue siendo allá donde se expone, pues desde entonces no ha dejado de recorrer todo el mundo. La última muestra se clausuró el pasado mes de marzo en el Kunsthistorisches de Viena.
Como es lógico, en muchos casos nunca llegaremos a saber cuál fue el verdadero aspecto de muchas de estas obras, pues no siempre se recuperan restos de pigmentos susceptibles de ser analizados o aparecen solo en algunas partes de las esculturas.
Sin embargo, estudios como los de Brinkmann no sólo abren nuevas vías de investigación, sino que nos proporcionan un punto de vista fascinante que nos permite ver, con otros ojos, obras de arte cuyo aspecto parecía hasta ahora inalterable.

No hay comentarios: