SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

domingo, 17 de febrero de 2013

ESCÁNDALO EN LA BONAERENSE: LA HISTORIA DEL FALSO COMISARIO QUE ENAMORÓ A UNA JEFA POLICIAL



 

Por Virginia Messi

Estuvo preso por robo y abuso. Al salir, empezó a usar uniforme. Durante dos meses hizo operativos en la Calle y en seccionales e iba a actos oficiales. Conquistó a una comisaria y vivió con ella hasta su detención.
17/02/13
En apenas dos meses –entre el 5 de octubre y el 5 de diciembre de 2012–, el comisario inspector Eduardo Miguel Juárez Tapia (43) hizo inspecciones en seccionales –controlando calabozos y libros de guardia–, supervisó operativos en la calle y hasta presentó sus respetos a los familiares de un policía asesinado. También asistió a varios actos oficiales, vestido de civil en algunos casos y de pulcro uniforme en otros. Casi siempre lo acompañó su flamante novia, la comisario Etelvina Zaracho (46), por entonces jefa de la comisaría de la Mujer de Florencio Varela.
En la zona sur del Conurbano se hizo tan conocido que, en tiempo récord, llenó su Facebook de amigos comisarios. Y, dicen, incluso llegó a estrechar la mano del ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, en el último acto de egreso de la Escuela de Policía Juan Vucetich.
Juárez Tapia parecía un oficial muy activo. En circunstancias normales, hubiera aspirado a un ascenso. Pero un detalle truncó su “carrera” y lo mandó preso: no era comisario (ni siquiera era policía), sino un delincuente con un respetable prontuario de 24 páginas.
El comisario inspector trucho fue detenido en la casa de su novia, en la localidad de Ranelagh, el 5 de diciembre pasado. Iba en un Citroën C3 robado el 24 de noviembre a la vuelta del Ministerio de Seguridad, en La Plata, y portaba un arma hurtada a una mujer policía en el Centro de Altos Estudios en Especialidades Policiales (CAEEP); la había conseguido al ir a preguntar por un curso, poniéndose a tomar mate con la oficial y robándosela de un cajón cuando fue a buscar agua.
Policías de la Superintendencia de Delitos Complejos lo venían siguiendo, no porque sus amigos comisarios hubieran empezado a sospechar de él sino por la denuncia de un empresario porteño que había sufrido un robo. Juárez Tapia lo contactó para ofrecerle sus servicios de jefe policial “especializado en criminalística”, tras presentarse como enviado por “orden de la superioridad”.
“El empresario sospechó, llamó a una amigo policía y éste a su vez pidió orientación a Delitos Complejos. Fue así como se descubrió que no había ningún comisario ni ningún policía con ese nombre. Juárez Tapia le dio al empresario un DNI con los últimos números cambiados, pero lo descubrimos igual”, confío a Clarín una fuente del caso.
Los policías de Complejos pronto se toparon con un panorama demencial, que derivó en una causa por “usurpación de autoridad, títulos y honores”, a cargo del fiscal de La Plata Juan Cruz Condomí.
Juárez Tapia había salido de la cárcel de Olmos el 5 de octubre de 2012 (tenía una condena a 24 años de prisión por estafas, robo, abusos sexuales y privación ilegal de la libertad). Apenas cuatro días después ya andaba por Quilmes, Berazategui y Varela vestido como comisario inspector.

Así, el mismo día 5, se presentó en la comisaría de la Mujer de Florencio Varela y conoció a la jefa, la comisaria Etelvina Zaracho, quien llevaba siete años al frente de la dependencia. La mujer –soltera y muy respetada, con 28 años en la Fuerza– se enamoró del falso colega. Para el 9 de noviembre, él ya se había mudado a su casa argumentando que se acababa de separar y que no tenía dónde vivir.
Zaracho sostiene que nunca sospechó nada. Es más: fue él quien le prometió que iba a hacer gestiones para que le dieran un ascenso y, de hecho, esa promoción le llegó al mes de conocerlo, cuando fue designada coordinadora zonal de las comisarías de la Mujer de Almirante Brown, Ezeiza, Echeverria, Quilmes y Berazategui.

Cuando Juárez Tapia fue detenido en la casa de la comisaria, ella pensó que los policías de Complejas que fueron a arrestarlo eran secuestradores. Por eso, en un primer momento, se atrincheró con su novio en la propiedad. Para cuando entendió lo que estaba ocurriendo, ya era tarde: fue pasada a disponibilidad y se le abrió un sumario, en el que a partir del 27 de febrero comenzarán a declarar testigos de la defensa. También fue indagada (y quedó procesada) por “incumplimiento de los deberes de funcionario público”, en una causa a cargo de la fiscal de Berazategui María de los Angeles Attarian Mena, quien intervino en el operativo de detención del falso comisario.

Hasta el momento, Zaracho es la única que vio arruinada su carrera por culpa de Juárez Tapia. Luego de que trascendiera la noticia no hubo más información sobre el caso.
Asuntos Internos de la Bonaerense trabaja en silencio y no es para menos, dado que el falso comisario inspector engañó a más de uno e incluso todavía no está claro hasta qué punto pudo contar con cobertura policial para moverse.

“En la casa de Zaracho se encontró documentación del Ministerio de Seguridad que le pertenecía a él y que intentó quemar cuando se vio rodeado. Ella, en su indagatoria, declaró que Juárez entraba y salía del edificio de La Plata con soltura, que conocía a todos”, agregaron las fuentes consultadas.

Al declarar ante la fiscal Attarian Mena, Juárez nombró a muchos funcionarios bonaerenses y a jefes policiales de distintas jurisdicciones. Además dijo que ser un agente de la Secretaría de Inteligencia.
Lo que sí se desprende de su prontuario es que en 1996 concretó seis robos, en cuatro de los cuales abusó sexualmente de sus víctimas. Tiene condenas en San Isidro (por abuso y robo), en Mercedes (estafas reiteradas), y en La Matanza, donde tramitó la última de las cinco causas que se le abrieron por usurpación de autoridad, títulos y honores (entre 1987 y 2006). Porque Juárez Tapia no siempre dijo que era comisario inspector: antes probó cómo le iba con el cargo de juez.

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