SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

sábado, 22 de octubre de 2011

Los Mossos estudian el giro violento dado por las bandas latinas en Barcelona

El uso de un arma de fuego para matar a un pandillero que quería dejar el grupo dispara la alarma No existe un grupo dominante, aunque los dominicanos se muestran más hostiles La llegada de las llamadas maras centra la atención de la Administración

Ciudadanos
Las llamadas bandas latinas en Catalunya han dado un viraje hacia una mayor agresividad que ha puesto en alerta a los Mossos d'Esquadra en su lucha contra estas organizaciones juveniles violentas. En los últimos meses han protagonizado hechos que hasta ahora nunca se habían producido, como fueron un enfrentamiento abierto contra la policía y el uso de un arma de fuego para dar un escarmiento que acabó con la muerte del pandillero.

Violentos ritos de iniciación

Los ritos de iniciación de los novatos para ganarse un puesto en la banda son una realidad en Catalunya, aunque sus características están lejos de los tópicos o de usos frecuentes en otras latitudes del mundo, como que para incorporarte a una de ellas tengas que cometer un delito de sangre en el caso de los varones o ser violada o mantener relaciones sexuales con los líderes o miembros significados del grupo en el caso de las mujeres. Ello no quiere decir que los ritos de iniciación que se llevan a cabo en Catalunya no sean dolorosos.

En los casos de nueva incorporación, por ejemplo, a la mara M18, el aspirante debe permitir que tres o cuatro miembros de su grupo –pandilleros ya de pleno derecho– descarguen sobre él una lluvia de puñetazos y patadas tremendamente violentas de las que sólo puede tratar de protegerse de forma pasiva, pero nunca respondiendo a los golpes.

Este macabro rito iniciático se prolonga durante aproximadamente unos 18 segundos contados en voz alta. Cuando la cuenta finaliza, la tromba de golpes cesa y entonces se pasa súbitamente a las felicitaciones. El aspirante, a menudo seriamente magullado, es aceptado plenamente y ello se celebra con regocijo. Los que optan a entrar en la MS13 tienen sólo un poco más suerte. La cuenta que acaba con el dolor dura 13 segundos.

Los dos hechos que han marcado esta inflexión tienen contenidos y fechas concretas. El ataque con armas blancas y palos a dos mossos d'esquadra de paisano en el parque del Escorxador de Barcelona se produjo el pasado mes de febrero. Ñetas y Latin Kings se habían citado en el parque público para dirimir sus diferencias.

Se produjo una caída, que es como se define en el argot pandillero cuando una de las bandas se desplaza al territorio de otra para desafiarla o ajustar cuentas. Los miembros de las bandas se dieron cuenta de la presencia policial y les hicieron una encerrona. Era la primera vez que algo así ocurría. Fue un choque frontal entre policías y pandilleros.

Este asunto aumentó el nivel de alerta en la dirección general de Seguretat Ciudadana de la Generalitat. Pero como si este asunto no generara suficiente preocupación, en septiembre se incrementó la tensión. Las emisoras policiales informaron de que un chico latino había sido abatido de dos disparos en el parque la Marquesa de Collblanc, en l'Hospitalet.

Dos jóvenes llegados hasta el lugar en un ciclomotor dispararon sobre la víctima al más puro estilo del sicariado de América Latina. Se había usado un arma de fuego auténtica, y no una fabricada artesanalmente con tubos metálicos como ocurrió en enero del 2008 en los alrededores de la discoteca de ambiente latino Enjoy de Girona, donde se produjo la primera víctima mortal mediante estos artefactos.

Los hechos de Collblanc pusieron de manifiesto que los pandilleros han conseguido tener acceso a armas de fuego –algo que no es tan complicado en determinados ambientes del hampa–, pero, sobre todo, han alcanzado la suficiente madurez criminal como para usarla. Y usarla contra un miembro de la propia banda –en este caso parece que era la autodenominada Bloods– porque había expresado su deseo de abandonar la organización.

A pesar del salto cualitativo que han podido dar algunas bandas, no parece haberse producido un salto cuantitativo. El ecosistema de las bandas no se ha visto alterado por un gran crecimiento en número de pandilleros, aunque se hayan producido nuevos asentamientos. La constatación de que bandas muy temidas en América Central, como las llamadas maras, han llegado a Catalunya es otro de los asuntos que preocupan en la dirección de los Mossos d'Esquadra.

La mara Salvatrucha (MS13) o la mara 18 (M18) cuentan con seguidores establecidos en territorio catalán, aunque ni de lejos han protagonizado todavía episodios delictivos como los protagonizados en países situados al otro lado del océano Atlántico. Ello no quiere decir que no se estén realizando sigilosos trabajos preventivos para evitar que puedan empezar a dedicarse al tráfico de drogas o a la pura extorsión. La MS13 y la M18 son extremadamente peligrosas y sanguinarias en América Latina y Estados Unidos, pero todavía no en Catalunya, donde su actividad está muy moderada.

No puede hablarse en este momento de una banda hegemónica en Catalunya. Los asentamientos están muy atomizados. Las cuatro provincias registran actividad, en algunos casos más palpable, como en Barcelona, y en otras más latente. Los pandilleros no siempre se mueven allí donde viven, lo que hace difícil decir que una u otra localidad, uno y otro barrio es territorio de tal o cual banda.

Aunque no existe un grupo dominante, las bandas de origen dominicano, como los trinitarios, los black panthers o los dominican don't play (DDP) son los que se están mostrando más activos y hostiles con respecto a otros grupos y ante cualquier canal social establecido para la inserción de los jóvenes que pertenecen a ellas. Son muy reacios también a cualquier contacto que pueda establecerse con la administración. La conversión de los ñetas o los latin kings en asociaciones culturales es uno de los caminos utilizados por las instituciones para alejar de la violencia a estos grupos.

Tales aproximaciones con los grupos dominicanos no han surtido el menor éxito. De hecho, la eventual tregua que pudo suponer la transformación de los ñetas o los latin kings en asociaciones sólo ha funcionado a medias. Algunos capítulos –subgrupos dentro de las bandas, que a veces se corresponden con zonas– nunca reconocieron el nuevo estado de cosas y se mantuvieron al margen del asociacionismo. Ello explica, por ejemplo, los hechos del Escorxador del pasado mes de febrero; una batalla campal entre ambos grupos en la que aparecieron dos mossos d'esquadra que resultaron heridos. En estos momentos, sólo las bandas con denominación de origen dominicano podrían romper el equilibrio inestable dentro del hábitat de los pandilleros.

El hecho de que se mantenga esa estabilidad crítica no quiere decir que quienes componen estos grupos no se estén moviendo. Y es que aunque la población pandillera no haya crecido, eso no quiere decir que no haya nuevos miembros de bandas, pero a la vez empieza a haber numerosos abandonos, que son vistos en muchas ocasiones como una especie de deserción por los antiguos compañeros de grupo. El joven asesinado en Collblanc quería dejar su pandilla y el grupo, o el jefe de su capítulo, supuestamente quiso escarmentarlo. Y aunque se desconoce si la finalidad era matarlo, eso fue lo que ocurrió.

Este caso registrado en l'Hospitalet, un lugar de asentamiento plenamente identificado de bandas latinas, es un exponente claro de la dificultad que supone a los jóvenes romper los lazos que les unen con sus hermanos. Y ello ocurre, entre otros motivos, porque la pandilla acaba, según algunos expertos, compartiendo características de las sectas destructivas. Los jóvenes que a ellas pertenecen acaban sometidos a una programación mental con pautas muy claras que han de seguir.

A los chicos se les da instrucciones muy concisas sobre, por ejemplo, cómo deben responder a las preguntas de la policía. Entre los pandilleros existe una ley casi sagrada: no denunciar nunca haber sido objeto de cualquier acto de otra banda, y mucho menos de la suya propia.

Quienes han conocido de cerca a miembros de estos grupos aseguran que estos desarrollan una dependencia del grupo que se acerca al de una adicción, algo que entronca con los matices sectarios de las bandas. El pandillero sorprendido por la policía en cualquier ilegalidad niega los hechos sistemáticamente hasta, en ocasiones, llegarse a creer su falsa versión. El joven se muestra deliberadamente silencioso sobre los hechos y, sobre todo, sobre la actividad o estructura del grupo al que pertenece.

Tras unos periodos de titubeo en los que casi ni se quiso reconocer su existencia, el Departament d'Interior está destinando más recursos personales y materiales a la prevención y combate de estos grupos violentos.

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