SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

lunes, 31 de enero de 2011

Prueba de alcohol ayuda, pero no basta


EL NUEVO APARATO instalado en algunos sitios de rumba para detectar el nivel de alcoholemia, puede servir como indicador para el autocontrol. Toxicólogo advierte que el licor es de absorción constante y que a la hora de un retén el grado se puede haber elevado.

Ya hay una nueva opción para quien desee tomarse un trago sin arriesgar su vida ni la de la de los demás.

Se trata de los Módulos de Consumo Responsable o alcoholímetros que, hace poco menos de dos meses, se han instalado en varios sitios de rumba de Medellín.

Con tan solo introducir una cantidad de dinero que oscila entre los 500 y los 1.000 pesos, la persona podrá soplar a través de un pitillo y saber cuál es el nivel de alcohol en su organismo.

Inspirado en una dolorosa experiencia familiar y motivado por el interés de ayudar a salvar vidas, Juan David Giraldo, gerente de Soplo de Vida, trajo estas máquinas a Colombia, único país latinoamericano que, según él, cuenta con esta tecnología.

"Buscamos ofrecer una opción sencilla de prevención frente a una situación potencialmente catastrófica", comentó, a la vez que resaltó que la intención es contribuir a la educación y no a la represión.

Giraldo hizo énfasis en que aunque los módulos están calibrados de acuerdo con las normas técnicas establecidas por Medicina Legal, su función no es suplantar las pruebas realizadas por las autoridades sino, simplemente, propiciar el autocontrol.

Su objetivo es instalar de 3.000 a 10.000 dispositivos de este tipo en Colombia, donde hay solo 100.

"La idea es que más adelante la gente no tenga que pagar por hacerse el test y para eso necesitamos más patrocinadores que se involucren con esta causa", dijo.

Mientras tanto, los recursos obtenidos con las pruebas son utilizados en la compra de nuevos módulos, cada uno de los cuales tiene un costo aproximado de cuatro millones de pesos.

Raúl Ramírez, director comercial de la Corporación Zona Rosa de El Poblado, donde han sido instalados los aparatos, destacó la importancia de la iniciativa.

"Valoramos mucho la responsabilidad social que tiene esta campaña educativa para los visitantes como prevención de la vida y para tomar conciencia", manifestó.

No hay que confiarse
Pero quienes pretendan usar el aparato para hacerle trampa a la norma, se pueden llevar sorpresas.

De manera categórica, el toxicólogo Hugo Gallego advirtió que no es una medida confiable porque el metabolismo del alcohol es de absorción constante.

Esto significa que si la persona acaba de tomar un trago en el sitio de rumba, se hace la prueba y se dispone a salir para la casa, ese alcohol se va a absorber durante los siguientes minutos y va a subir la alcoholemia en el camino. "Los tragos no se absorben inmediatamente, el único es el primero, por eso dicen que entró en reversa", anotó.

De ahí -expresó- el peligro de los concursos de tomadores de licor, algunos de los cuales terminan inconscientes o muertos, como ocurrió hace poco en una población de Perú, cuyo ganador murió a las tres horas por intoxicación aguda.

"Cuando se han tomado varios tragos, la cinética es de absorción constante, es decir que los últimos están en filita para absorberse luego, más el arranque que se toman antes de salir para la casa", dijo.

Ese conocimiento lleva al especialista a concluir que "la medida del alcoholímetro no es confiable" porque los tragos pueden subir la alcoholemia horas después y reflejar esa concentración en el momento de un retén.

Claro que -admitió- hay acetiladores rápidos, que son aquellas personas que metabolizan más rápido el alcohol y aguantan un poco más, mientras que los acetiladores lentos con pocos tragos se emborrachan, pero esto es en teoría y la misma gente no lo sabe.

En un caso extremo, quien va a conducir, se tendría que tomar un trago cada 45 minutos para permitir que el organismo lo metabolice y que la alcoholemia sea mínima.

Ah, y en cuanto al consumo de café o bebidas energizantes con licor, Gallego sostuvo que entrañan otros riesgos, pues hay investigaciones a nivel mundial que demuestran que quienes lo hacen no se notan ni perciben que están borrachos, pero las concentraciones de alcohol en la sangre son muy altas.

Y hasta puede empeorar la situación, pues la capacidad de reacción está alterada cuando se toma un café cargado o un energizante. "Lo de aguantar más es un mito. Hay más riesgos de deshidratación, desequilibrio y arritmias cardiacas, porque van a tener más pérdida de líquidos, la cafeína es diurético y los pone a orinar más", explicó.

Definitivo, mejor sin carro
El acceso de los rumberos al alcoholímetro, es interpretado por las autoridades como una respuesta positiva y la certeza de que en Medellín no se puede conducir borracho.

El subsecretario de Control del Tránsito, Rafael Nanclares, valoró que puede ser un indicador de cómo se encuentran las personas, pero no constituyen la prueba en si.

Más bien, notificó que en Medellín y el Aburrá se trabajará más duro que antes, porque el siniestro de un conductor embriagado "no es ningún accidente, sino algo previsible".

Por eso recalcó que quien va de fiesta no tiene por qué conducir, con mayor razón ahora que los establecimientos nocturnos y las mismas aseguradoras ofrecen el servicio de conductor. "No queremos que los jóvenes pierdan todo en una rumba", advirtió.

» Implicaciones

Operativos de control sí han sido efectivos

De acuerdo con cifras entregadas por la Secretaría de Tránsito de Medellín, en 2010 se registraron 413 accidentes de tránsito por cada 10.000 vehículos que circulaban en la ciudad, lo que representa una disminución de 7,9 por ciento en comparación al 2009.

La cantidad de accidentes de tránsito por embriaguez ha venido decreciendo durante los últimos años.

Con una reducción del 37,6 por ciento por cada 10.000 mil vehículos, con relación al año inmediatamente anterior, el 2010 se convierte en el año en el que se registra la mayor disminución en los últimos seis años.

Las cifras dan cuenta de la responsabilidad asumida por conductores frente a la acción de las autoridades.

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