
Actuar antes del inicio
Desde la puesta en marcha de laLey Orgánica de Educación (LOE 2006), la Educación para la Salud tiene un espacio propio dentro del currículo de las enseñanzas obligatorias y se integra comocontenido transversal en diferentes áreas de conocimiento de las etapas educativas, desde Primaria a Secundaria. Entre las competencias que se persigue que alcancen los alumnos en esta materia, la LOE destaca una primordial: "Las habilidades y destrezas para prevenir conductas de riesgo y tomar iniciativas para desarrollar y fortalecer comportamientos responsables y estilos de vida saludables".
La prevención del consumo del tabaco es uno de los objetivos que la Ley se propone con la adquisición de esta competencia. Puesto que la iniciación y la posterior habituación al tabaquismo se registran en general en una edad en que los jóvenes están escolarizados, el entorno escolar resulta idóneo para realizar un trabajo efectivo en este sentido.
Para prevenir el tabaquismo entre los adolescentes, además de incluir la formación para la salud en los contenidos curriculares, tanto el Ministerio de Educación como las diferentes administraciones autonómicas desarrollan en sus correspondientes ámbitos actuaciones y programas específicos. Tal como recogen los últimos datos de los Planes Autonómicos de Drogas, en 2008, más de 1,6 millones de estudiantes de cerca de 10.000 centros participaron en algún programa de prevención y en actividades puntuales de sensibilización.
Programas efectivos
Los programas de prevención no se limitan a informar a los estudiantes sobre los posibles efectos adversos del consumo del tabaco. En general, en los proyectos preventivos, que se desarrollan en una etapa concreta o en todos los niveles, se utilizan metodologías activas que promueven una actitud positiva hacia el cuidado de la salud a través de la experimentación.
Carles Ariza y Manel Nebot, de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, resumen en su artículo 'La prevención del tabaquismo en los jóvenes: realidades y retos para el futuro' las condiciones que se deberían recoger en cualquier programa de prevención escolar del tabaquismo. Con base en la evidencia de las estrategias más efectivas llevadas a cabo en los últimos años, estos especialistas matizan algunos de los principales criterios que se deben aplicar:
- Iniciar la prevención antes del primer gran incremento del consumo. Como éste ocurre al final del primer ciclo de Secundaria, se debe realizar cuando los escolares tienen entre 12 y 13 años.
- Los programas más efectivos se basan en el tratamiento de las normas y las competencias sociales y en el desarrollo de habilidades para reconocer y resistir la presión social.
- La intervención preventiva no debe ser aislada. Entre los programas más eficaces destacan las propuestas que incluyen sesiones de refuerzo y la extensión a dos o tres cursos lectivos, en los cuales se interviene respecto a la iniciación al tabaco, la experimentación o la consolidación del hábito.
- La estrategia preventiva debe extenderse al aula, el entorno escolar y la comunidad, es decir, debe apoyarse en otras acciones de intervención sobre el medio académico, familiar y social en el que se mueve el alumno, como una política de espacios sin humo en el ámbito escolar.
Resistir la presión
Las investigaciones llevadas a cabo sobre el consumo de tabaco entre adolescentes sugieren que los determinantes principales de la conducta fumadora de los jóvenes se agrupan en un conjunto de circunstancias, entre las que destacan las socioculturales y del entorno. La permisividad de los padres, la imitación y la presión entre iguales son algunos de los factores que tienen mayor influencia en la adquisición del hábito de fumar.
Con esta premisa, los especialistas recomiendan como acciones preventivas más prometedoras las basadas en la identificación de estas presiones socioculturales y en el desarrollo de habilidades para resistirlas. Todo empieza por conocer los factores de riesgo que pueden llevar al consumo, como la influencia de amigos o hermanos, el ambiente de ocio en el que se mueve el adolescente, la accesibilidad al tabaco (disponibilidad y capacidad económica), la actitud de los progenitores y otras características personales, como el bajo rendimiento académico o la desestructuración familiar.
A partir de aquí, la estrategia debe orientarse al fomento de actitudes y valores contrarios al tabaco, al aprendizaje por parte de los alumnos de conocimientos y destrezas que le ayuden a decir "no" en situaciones de presión y a reforzar la personalidad del adolescente para que aprenda a tomar decisiones por sí mismo y con libertad.
Tabaquismo entre adolescentes
Según los datos de la última Encuesta Estatal sobre uso de drogas en Enseñanza Secundaria (ESTUDES 2008), orientada a conocer la situación y las tendencias del consumo de drogas entre los estudiantes de 14 a 18 años que atienden esta etapa educativa, el consumo del tabaco está bastante extendido entre este grupo.
Un 44,6% de estos estudiantes afirma haber fumado tabaco alguna vez y un 32,4% reconoce su consumo en los últimos 30 días. El tabaquismo aumenta con la edad, la media de estudiantes que fuman a diario es del 14,8%, pero si se acota a la población de 18 años, el porcentaje se eleva al 31,7%.
Aunque se ha registrado un importante descenso respecto a las cifras de fumadores habituales en estas edades hace una década (23,1% en 1998), la edad de iniciación al tabaco (13,3 años) no ha variado de forma significativa. Este dato es clave para valorar la significación que tiene la prevención en la escuela, tanto en esta etapa como en las anteriores, para evitar que los alumnos se conviertan en fumadores habituales.
FUENTE: EROSKI
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada