SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

domingo, 23 de enero de 2011

MAS DOLORES DE CABEZA PARA LA PRESIDENTA DE ARGENTINA

Es cantado que, cada vez que el problema de la inseguridad se introduce en la agenda de la opinión pública, el gobierno nacional lleva las de perder. El desconcierto oficial frente al debate sobre la edad de imputabilidad de los menores, motorizado luego del reciente asesinato de un vecino de Tolosa, cometido delante de su hijo, por un adolescente de 15 años, cerró una semana caracterizada por contradicciones y celos entre funcionarios, un jefe de Gabinete que dejó de tener la sartén por el mango y una Presidenta que sufrió frente a tales desaguisados en su gira asiática.

Desde Turquía, se oyeron en la Casa Rosada los lamentos de Cristina Kirchner por la poca profesionalidad de sus ministros para hacer frente a los ataques de la oposición al flanco más débil del Gobierno: el de la inseguridad.

Un día después de que el ministro de Justicia, Julio Alak, avalara la idea de una nueva ley penal juvenil, su par de Interior, Florencio Randazzo, en sintonía con Nilda Garré, desechó la propuesta de bajar de 16 años la edad de imputabilidad de los menores por considerarla innecesaria.

Inmediatamente, el gobernador Daniel Scioli se diferenció del gobierno nacional y exigió la pronta sanción de una ley de responsabilidad penal juvenil, como la aprobada por el Senado y pendiente de tratamiento en la Cámara de Diputados, que reduzca a los 14 años la edad de imputabilidad por delitos graves.

Para marcar aún más las diferencias con Randazzo y Garré, el ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, afirmó que hoy existe un "vacío legal". Los dos ministros del gobierno nacional habían esgrimido, por el contrario, que los jueces poseen las herramientas necesarias para que los menores inimputables que resulten peligrosos puedan ser detenidos.

Si Randazzo imaginaba hasta hace pocos días la alternativa de ser el compañero de fórmula de Scioli en la provincia de Buenos Aires, hoy sus chances parecen estar en baja. Y si algunos kirchneristas de paladar negro desconfiaban del gobernador bonaerense, hoy están convencidos de que éste se halla ideológicamente más cerca de Eduardo Duhalde y Mauricio Macri que de la Presidenta.

Para dejar atrás un debate que dividió al oficialismo e incluso a miembros del propio gabinete nacional, Randazzo optó por darle un giro a la discusión. Responsabilizó a la oposición por tener mayoría en la Cámara de Diputados y no debatir el tema de la imputabilidad penal de los menores. Omitió que el bloque oficialista fue el que no prestó su acuerdo y que, si el deseo del Gobierno fuera discutir el tema en el Congreso, la Presidenta podría convocar ya mismo a sesiones extraordinarias.

En resumen, frente al problema de la inseguridad, el Poder Ejecutivo busca lavarse las manos cargando responsabilidades, primero, sobre los jueces, y después sobre la oposición, a la que sí podría endilgársele que interviene espasmódicamente ante un problema que es permanente.

La estrategia de echarle la culpa al otro también está siendo empleada por funcionarios del gobierno nacional para desentenderse del escándalo por el hallazgo en Barcelona de 944 kilos de cocaína en el avión de los hijos del fallecido ex jefe de la Fuerza Aérea José Juliá. Las declaraciones del piloto de la aeronave, Matías Miret, confirmando que la droga fue cargada en la Argentina fueron un baldazo de agua fría en la Casa Rosada, especialmente después de que Randazzo insistiera en que la cocaína fue subida al jet privado durante la escala técnica efectuada en Cabo Verde.

Desde sectores del Gobierno se apunta ahora a supuestas bandas vinculadas con la Fuerza Aérea. Sin que pueda descartarse esta hipótesis, hecha pública por el jefe del aeródromo de Morón y funcionario de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), Ricardo Palazón, ante el juez Alejandro Catania, se advierte en el oficialismo la intención de evitar que se investigue en profundidad la falta de controles por parte de la Aduana y la Policía Aeroportuaria. Ningún operativo ilegal de esta envergadura puede concretarse con éxito sin la complicidad de importantes funcionarios, especialmente si se sabía que la aeronave se dirigía a España. Las autoridades españolas advirtieron a las argentinas hace tiempo que nuestro país se había transformado en una suerte de trampolín para los envíos de droga a la península ibérica.

Por si esto fuera poco, las purgas policiales iniciadas por la ministra Garré estarían provocando una crisis en la Policía Federal, no exenta de venganzas, que podría crecer en un año electoral.

A las contradicciones en materia de política de seguridad que separan al gobierno nacional y a Scioli, se sumó otra señal de independencia del mandatario bonaerense: la fuerte suba del impuesto inmobiliario provincial, que alcanzará a cinco millones de hogares urbanos. Esta medida y la decisión de la administración de la provincia de emitir un bono por 750 millones de dólares a una tasa del 11,25 por ciento anual -superior a la que pagan países en virtual bancarrota como Portugal y Grecia- dan cuenta de que Scioli no confía lo suficiente en la posible ayuda del gobierno nacional para resolver sus problemas fiscales. Y que, de cara a las elecciones, no está dispuesto a sufrir contratiempos.

"No hay futuro sin presente", es la frase preferida de allegados al gobernador de Buenos Aires. La clave para cualquier destino radica en la gestión diaria. Si ésta falla, sea por la inseguridad o porque no se pueden pagar los sueldos, cualquier proyecto político podría quedar condenado al fracaso. Pero quien mejor definió las diferencias entre Scioli y el gobierno kirchnerista, tal vez en forma involuntaria, fue su esposa, Karina Rabolini: "Tiene muy buena relación con todo el mundo. Ha sido una persona que creció a través de las uniones y no de los conflictos. Tiene minoría en las Cámaras y, sin embargo, le aprobaron el presupuesto", dijo a la revista Noticias , poco después de que admitiera que "no hay cura que no se acueste pensando en ser Papa".

Scioli no quiere depender para nada de la Casa Rosada. Mucho menos del titular de la CGT, Hugo Moyano, quien a su poder natural como líder camionero suma su influencia en el gremio de los municipales bonaerenses, en el control del negocio de la recolección de basura y en la logística de la distribución de alimentos en miles de hogares bonaerenses a través de distintos planes sociales.

El gobernador jura que no traicionará a Cristina Kirchner y que acompañará su candidatura a la reelección presidencial. Pero quienes lo siguen admiten que debe prepararse para otros desafíos eventuales.

Dentro del espacio oficialista hay críticos de la gestión presidencial. Como Alberto Fernández -cada vez más cerca de Scioli-, quien sostiene que la Argentina es como un alcohólico recuperado cuya actual borrachera es el consumo y lamenta que al Gobierno le cueste entender que la inflación es un problema.

Pero también hay dirigentes más cercanos a la Presidenta que advierten otras dificultades. Confían en que Cristina se postulará para un nuevo período, pero admiten que "por momentos, se la observa cansada". Hay quienes la ven como una jefa de Estado que llena la formalidad, pero que olvida que el ejercicio de la función, sobre todo en el peronismo, no define la naturaleza del líder, que debe ponerle el cuerpo a la dirigencia.

El sorpresivo protagonismo de su hija Florencia en la gira por Kuwait, Qatar y Turquía, que eclipsó a los funcionarios de la comitiva, desnudó de alguna manera la soledad de la primera mandataria. El gobierno de su esposo podía hasta cierto punto funcionar sin reuniones de gabinete porque Néstor Kirchner llamaba varias veces por día a sus ministros. La Presidenta no hace reuniones de gabinete, se comunica con sus colaboradores mucho menos que su predecesor y, por si fuera poco, le retiró parte de la confianza a su jefe de Gabinete. ¿Puede funcionar así un gobierno?

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