SERVIR Y PROTEGER

SERVIR Y PROTEGER
"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

martes, 23 de noviembre de 2010

Una mujer, la única policía que queda en un pueblo mexicano



Jesús Alcazar
Agencia AFP

CIUDAD JUAREZ.- Con la única compañía de su rifle R-15, la policía Erika Gándara patrulla por un pueblo cercano a Ciudad Juárez, la zona que el narcotráfico ha convertido en la más peligrosa de México: el resto de sus compañeros desertaron o murieron asesinados.

Gándara, con apenas 28 años, es desde hace varios meses la única agente que protege a los 9000 habitantes del pueblo de Guadalupe, fronterizo con Estados Unidos, donde los narcotraficantes operan con descaro.

Guadalupe es también una localidad vecina al pueblo Praxedis Guadalupe Guerrero, donde hace un mes la joven Marisol Valles García, de 20 años, casada y estudiante de criminología, asumió la jefatura de la policía de ese municipio, en un caso que cobró atención internacional.

"Aquí, todos tenemos miedo. Pero vamos a cambiar ese miedo por seguridad", había señalado Valles al asumir el cargo y afirmar que su tarea será preventiva, ya que por ley la policía municipal no persigue delitos relacionados con el crimen organizado. "Mi proyecto es evitar los delitos con la atención humana, conviviendo con la familia, atendiendo las necesidades y velando por un mejor futuro para los niños", explicó entonces.
"Yo soy la autoridad"

Pese a las semejanzas entre ambos casos, Gándara prefiere no ser comparada con Valles e insiste en que su responsabilidad sí es intentar hacer valer la ley.

"Yo sí soy policía. No estoy aquí para hacer labor social o humanitaria. Yo soy la única policía del pueblo, la autoridad", subraya en su despacho.

En Guadalupe, a 60 kilómetros de Ciudad Juárez, el despliegue de miles de soldados y policías federales que desde hace más de dos años tratan de contener la violencia derivada de un enfrentamiento entre dos carteles de la droga en la urbe fronteriza con El Paso (Texas) tuvo un paso fugaz.

Cuando Gándara empezó a trabajar como operadora de radio en la policía municipal, a mediados de 2009, el cuerpo contaba con una decena de agentes. Pero poco después empezó la ola de violencia en la zona y Gándara tuvo que trabajar sobre el terreno debido a la gran cantidad de ataques que empezaron a recibir.

"De mis diez compañeros, unos renunciaron y a otros los mataron. Aquí nadie quiere entrar al departamento policial y además tampoco hay presupuesto", se lamenta.

Más de 2700 personas han sido asesinadas este año en la región del valle de Juárez, donde se ubica Guadalupe, una zona utilizada por los traficantes de droga para pasar a Estados Unidos. En Guadalupe, además, al igual que en Ciudad Juárez, también ocurren diariamente balaceras, quemas de casas y secuestros.

Según reconoce el propio gobierno federal, en miles de pueblos mexicanos los policías municipales, escasos, mal armados y con sueldos irrisorios, terminan por ponerse al servicio de narcotraficantes.

En México hay más de 200.000 policías municipales, que en la cadena de las fuerzas de seguridad del país son el eslabón más vulnerable.

En varios municipios del país, de hecho, no hay adscriptos policías, otros tienen apenas un puñado y mal armados y los menos cuentan con varios miles, según el número de sus habitantes.

La mayoría de esos agentes municipales, sin embargo, tienen un salario promedio de 320 dólares mensuales.

Las autoridades federales han reconocido que bajo la amenaza de "o plata o plomo [dinero o muerte]" miles de policías municipales han colaborado con los narcotraficantes, dejando pasar cargamentos de droga, alertándoles sobre operativos de fuerzas federales o actuando como sus sicarios.

Pero Gándara, soltera y sin hijos, afirma que no recibe dinero de los narcotraficantes. "Muchos dicen que la policía es corrupta y que el narco les da dinero. Yo no entro en ese juego, porque sé que así como llega el dinero fácil también la muerte llega rápido", afirma, aunque admite al mismo tiempo que tiene miedo: "Como todos aquí".

No hay comentarios: