SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

lunes, 18 de octubre de 2010

Meditar, una forma de dejar antes la cárcel



Evangelina Himitian
LA NACION

En un pabellón de la unidad 18 de Gorina, en La Plata, 20 presos repiten con los ojos cerrados: "Alabanza al amor, en su perfección". Después, quedan en silencio. El guía repite la frase y los mantiene así, en inalterable quietud, durante 15 minutos. Son alumnos de un sistema creado por la gurú australiana Isha, que acaba de ser incorporado como parte de un controvertido programa educativo del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) en las 55 unidades de la provincia, donde se aloja a 26.400 presos, incluso en cárceles de máxima seguridad.

"Los que mejoren su conducta gracias a este sistema podrán aspirar a reducir sus penas", dijo a La Nacion el director del SPB, Javier Mendoza. La novedad provocó el rechazo de la Asociación Madres del Dolor. "¿Por qué siempre se habla de reducir la pena? Está bien que se haga algo para que los presos mejoren su conducta, pero una persona que cometió un crimen tiene que cumplir su condena. Portarse bien es su obligación. Que el que se porta mal se quede más tiempo. Hoy, una persona que mató o que violó recibe 20 años, que se convierten en 7 u 8", señaló Viviam Perrone, que dirige la asociación.

El sistema Isha se basa en bajar los niveles de estrés del cerebro mediante la generación de pensamientos positivos. El SPB evaluará la conducta de los presos que voluntariamente se inscriban y los resultados incidirán a la hora de calificar para la reducción de pena por buena conducta. Por el momento, son unos 300. Los cursos se iniciaron el 28 de julio último.

"Ojalá que sean más los inscriptos. Hemos notado que mejoró mucho la conducta de los internos que participaron del sistema Isha", dijo Mendoza. "Lo que se enseña es autocontrol mental. Notamos una importante baja en los índices de violencia en las unidades en las que hay internos que lo practican. El sistema baja la ansiedad y la depresión de los presos y contribuye a la readaptación", afirma Mendoza.

Y continúa: "Los internos que están aplicando el sistema se alejaron rotundamente de actividades que generan roce. Hay 300 internos que están trabajando, y se nota el cambio. Desde el punto de vista readaptativo, nos satisface, da seguridad dentro de la población carcelaria".

Desde el SPB se explicó cómo funciona la evaluación de la conducta de los presos. Todo nuevo interno ingresa con 10 puntos en su haber y los va perdiendo a medida que comete faltas graves, como pelearse con facas con otro preso o intentar fugarse. Allí, se da intervención al juez y al Grupo de Admisión y Seguimiento del penal, integrado por autoridades carcelarias, el capellán y los docentes, entre otros. Si pasan cuatro meses y la persona no comete faltas graves, recupera los 10 puntos originales.

Alejandro Rodríguez es uno de los maestros de la fundación Isha que trabajan en las cárceles desde hace dos años, como forma de experiencia piloto. "Gracias a los resultados, la Dirección de Cárceles incorporó el sistema Isha al nuevo programa educativo de reducción de pena. Cuenta con la supervisión del Comité de Cárceles y la evaluación que arroje será considerada para estimar la buena conducta del interno", apunta.

"No será automático, es decir que sólo por participar de los cursos los internos no podrán reducir su pena. Pero esto va a incidir en forma directa: si la persona no se inmiscuye en peleas y se aparta del acontecer violento, si tiene buena conducta, va a conseguir la reducción de la pena o salidas laborales", confía Mendoza.

El funcionario reconoce que se trata de una iniciativa que puede resultar controvertida, aunque apunta que dentro del SPB no despertó resistencias: "Era impensado aplicar esto hace cinco o siete años, pero, ahora, el Servicio Penitenciario ha evolucionado mucho", dice.

LA NACION participó de una de las capacitaciones. La presencia de los maestros de Isha de por sí impone un aura distinta. Las autoridades hablan con términos como "autocontrol", "relajación", "liberar el estrés" para referirse a los reos que tienen a cargo. Un grupo de presos medita. Jorge abre los ojos y cuando el maestro le pide que cuente su experiencia, se enoja porque dice que le negaron la condicional. "Hace tres años que estoy acá, es injusto."

-Repetí la fase tres, ahora... "El amor me crea, en mi perfección."

-Sí, pero es injusto, yo...

-"El amor me crea..."

Finalmente Jorge la repite y al cabo de unos minutos dice que se siente relajado. En la semana estuvo practicando deporte, unas dos horas diarias, para descargarse, para reducir el estrés y evitar descargarse con sus compañeros o autoridades. "El jueves recibí visitas y mi gente dice que me nota cambiado", confía.

Otro de los presos cuenta que se molestó con su esposa cuando habló por teléfono. Que esa noche gritó en su codo, como parte de una técnica que le enseñó el maestro para controlar su estrés. "Al día siguiente la llamé y pude decirle que tenía razón, pudimos hablar calmados", cuenta ante todo el grupo, sin temor a exponer ante un universo "tumbero" su parte más sensible.

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