SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

viernes, 10 de septiembre de 2010

Un príncipe bombardea Nueva York



Casi sesenta años antes de que se produjera, el 11 de septiembre de 2001, el atentado contra el World Trade Center, del que mañana se cumplen nueve años, la Real Marina Italiana planeó minar y hacer estallar el puerto de Nueva York. Es un hecho conocido, sobre el que hay una abundante bibliografía, pero no suficientemente recordado. El episodio muestra cómo la historia de Estados Unidos abunda en enemigos que, casi sin solución de continuidad y sin escrúpulos ideológicos, se convierten en aliados.

En el verano de 1942, el príncipe Junio Valerio Borghese (1906-1974), comandante de la X Flotilla MAS (Medios de Asalto), meses después de que Estados Unidos entrara en guerra, le encargó al teniente de navío Eugenio Massano que hiciera saltar por los aires los muelles de la ciudad más importante y más segura de Occidente. Para esa misión debería haber utilizado un submarino "canguro" o "nodriza", que pudiera cobijar dos minisubmarinos CA. Durante la travesía, la "nodriza" debería haber eludido todo contacto con las fuerzas aliadas para llegar hasta la desembocadura del río Hudson. Allí "soltaría" a sus "chicos", los submarinos de bolsillo, tripulados por hombres rana, que minarían toda la rada y, de ser posible, se infiltrarían en Manhattan para demoler con explosivos un rascacielos.

El proyecto parece hoy fruto de una mente alocada y, sin duda, era muy difícil de realizar, pero no imposible. La Real Marina Italiana (RMI) contaba con una ventaja sobre las fuerzas armadas de los otros países en lucha. Era la única que, ya desde la Primera Guerra Mundial, tenía experiencia en las operaciones de comando submarinas ejecutadas por torpedos humanos que no eran kamikazes. Quienes maniobraban los submarinos enanos se eyectaban antes de llegar al blanco. Sólo los ingleses en la década de 1940 estaban desarrollando un cuerpo de hombres rana que pudiera compararse, aunque en neta desventaja, con el de Italia. La X Flotilla MAS estaba formada por marinos de elite, grandes nadadores, con una preparación física inusitada para la época.

La única nave de la RMI que estaba en condiciones de realizar el cruce transoceánico era el submarino Leonardo da Vinci, que se encontraba en las costas españolas. Pero debía ser reacondicionado para poder transportar los CA. También había que perfeccionar los CA, si se quería alcanzar el éxito. Todas esas tareas requirieron tiempo. Durante ese lapso de preparación, que llegó hasta mayo de 1943, la situación bélica del Eje empeoró de un modo irremediable.

Los militares italianos más lúcidos eran conscientes, ya en el segundo semestre de 1942, tras la entrada en combate de Estados Unidos, de la derrota que Hitler y Mussolini sufrirían. Sabían, por otra parte, que el ataque a Nueva York no cambiaría el resultado de la guerra; pero estaban seguros de que un acontecimiento semejante provocaría un fuerte impacto psicológico. Por eso, un grupo de los fascistas y los combatientes más osados, entre los que se encontraba el príncipe Borghese, pensaban que la destrucción del puerto de Nueva York produciría desánimo en la población y las fuerzas estadounidenses, que se verían obligadas a distraer efectivos para proteger las costas de América. Esos hechos hubieran retrasado la victoria de los aliados y, de acuerdo con una visión optimista de los partidarios de la acción, le habrían permitido a Italia rendirse con honores y en condiciones más ventajosas. Otros, por el contrario, sostenían que un hecho de esa envergadura le habría de costar muy caro a toda la península, a la hora de la victoria aliada.

Para que una idea semejante fuera tomada en serio, era preciso que la llevara adelante un hombre temerario y aventurero, con mucho carisma, lo que no excluía diplomacia, gentileza y dotes militares probadas. El príncipe Junio Valerio Borghese contaba con todos esos atributos, pero también tenía un lado autoritario, sinuoso y ambiguo, que era el reverso de las virtudes mencionadas.

En el bando fascista, el "príncipe negro", como lo llamaban, ocupaba un lugar muy especial. Descendía de una de las familias más aristocráticas de Italia. Entre sus antepasados, estaban el papa Pablo V (Camillo Borghese, 1552-1621) y Paulina Borghese (1780-1825), hermana de Napoleón Bonaparte. Junio Valerio podía mirar a todos quienes lo rodeaban como vulgares arribistas y, al mismo tiempo, exhibir un coraje que muy pocos de los enfervorizados jerarcas de camisas negras tenían. Era un héroe de guerra. (La X Flotilla MAS hundió aproximadamente 300.000 toneladas en el curso de la contienda.) Esas razones hacían que Mussolini, a pesar de que le debía al príncipe varias victorias marítimas, lo considerara (sobre todo desde 1943) una figura que podía hacerle sombra.

A pesar del empeño de Borghese, los neoyorquinos no sufrieron el ataque planeado. El Leonardo da Vinci, en viaje hacia la base de Burdeos, donde debía ser acondicionado para la misión transatlántica, fue destruido por la armada británica el 23 de mayo de 1943. El proyecto estaba condenado. El 25 de julio de 1943 cayó el gobierno de Mussolini y el 8 de septiembre se firmó el armisticio.

Aunque Borghese renunció a atacar Nueva York, no se rindió a los estadounidenses. "Para salvar el honor del país", siguió luchando contra los aliados, lo que lo llevó a estar junto a las fuerzas nazis, respecto de las cuales la X MAS se consideraba autónoma: se había firmado una especie de pacto-reglamento entre la X MAS y los alemanes, que establecía esa independencia. En los hechos, esa "libertad" era casi imposible.

Borghese, anticomunista acérrimo, no había ocultado nunca que su pensamiento era de extrema derecha, aunque no podía considerárselo un mussoliniano (Mussolini no le simpatizaba) ni tampoco un nazi. A la hora de la derrota, los partisanos quisieron ejecutar a Borghese por todo lo que había hecho durante el período de la República de Salò, el Estado títere que Mussolini había creado en 1943 en el norte de Italia, bajo la vigilancia de Hitler. Borghese nunca había estado a total disposición de Mussolini, menos aún en el período de Salò, hasta se le había enfrentado en alguna ocasión, pero había terminado combatiendo junto al ejército alemán y matado a italianos del bando contrario, aunque había jurado no hacerlo. A pesar de todo eso, las fuerzas norteamericanas exigieron que los partisanos les entregaran a Borghese, al que necesitaban para obtener información y para luchar contra el comunismo, encarnado en Tito, que iba a estar a las puertas de Italia, apenas cruzada la frontera con Yugoslavia. De salvar al príncipe se ocuparon personalmente el general William Donovan, el "padre de la inteligencia estadounidense", que inspiró la creación de la CIA; su hombre de confianza, James Angleton, y se dice que también la Iglesia (el obispo Montini, futuro Pablo VI, era el contacto de Donovan en el Vaticano).

El príncipe italiano que había querido destruir Nueva York se convirtió en pocos días en un informante de primer nivel para los Estados Unidos. Todas las operaciones secretas submarinas que se ven hoy en los films de acción de Hollywood derivan de las enseñanzas impartidas por el príncipe a sus nuevos amigos. A pesar de su súbita "buena voluntad", Borghese debía ser castigado porque habría sido un escándalo y una humillación para los partisanos que el príncipe quedara en libertad. Sometido a juicio, fue sentenciado a doce años de cárcel, de los que cumplió sólo cuatro. Ya libre, por supuesto, fue director de un banco.

En la posguerra, Borghese estuvo siempre cerca de los grupos neofascistas como el Movimiento Social Italiano, de Giorgio Almirante y cuando éste le pareció demasiado "liberal", formó otra agrupación aún más dura, el Fronte Nazionale. En 1970 llegó a montar un golpe de Estado, al que se conoce como "golpe Borghese", que fracasó. El objetivo de ese hecho, nunca del todo aclarado, habría sido el secuestro del presidente de la República, Giuseppe Saragat, y la formación de un gobierno autoritario de derecha. Para evitar ser detenido, Borghese se refugió en España. La mitad de los políticos italianos y del Vaticano rogaban que no abriera la boca.

En 1974, mientras pasaba unos días de vacaciones en Cádiz, después de haber tomado una copa de champagne en una lujosa finca, Borghese murió. Se dijo que lo habían envenenado; se dijo que había llegado a Cádiz acompañado por una bella mujer que desapareció. Se dijo que esa mujer era de la RAI. Otros, simplemente, negaron esa presencia femenina. Hasta se piensa que el príncipe puede haber muerto de un "normal" infarto.

FUENTE: LA NACION

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