SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

miércoles, 5 de agosto de 2009

ACRIBILLARON A OTRO POLICIA: Han asesinado a Marcelo Martinez


Otro servidor público más que cae asesinado a manos de delincuentes cada vez más peligrosos e irracionales.
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La sociedad ha perdido un integrante más y como tal, estamos dolidos.
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En su vida de servicio fueron muchas las ocasiones en que apostó a la seguridad de sus compatriotas y esta vez perdió.
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Pero todos perdimos junto a él.
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Pero no debe ser así.
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Que la tragedia de Martínez nos sirva de ejemplo para entender que el delito nos afecta a todos.
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El compromiso en el combate contra el delito no puede ser solo de la policía, sino de la comunidad toda, la que debe enfrentar a la actual ola delictiva y asumir la cuota de responsabilidad que le corresponde.
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Y en tanto no recuperemos nuestra propia geografía, seguiremos lamentando estas pérdidas verdaderamente irreparables.
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Hoy, toda nuestra sociedad es la que está en guerra. El enemigo es la delincuencia y solo la comunidad toda debe quitarles a los delincuentes el territorio que usurparon.
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"Todos nosotros corremos peligro", peligro de muerte.
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Hay un viejo axioma militar que dice: enemigo que avanza, tierra arrasada; enemigo que huye, puente de plata. Cuando no existe un territorio librado para el ciudadano común, cuando la geografía pertenece en su totalidad a la delincuencia, la sociedad debe recuperarla, debe intervenir con los medios que cuenta en apoyo de su policía.
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La indiferencia se ha hecho doctrina en nuestra población y en tanto y en cuanto no abandonemos la actitud del "no te metas", la delincuencia seguirá ocupando más y más terreno dentro de nuestra geografía, de nuestros barrios, de nuestras vidas. Ya no vale escudarse en el “no sabe”, “no contesta”, “no me incumbe”, “a mi no me pasa”.
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La delincuencia no discrimina, no separa en rubios o morochos, de River o de Boca, Radicales o Peronistas, Unitarios o Federales, todos podemos ser víctimas del latrocinio, del asesinato.
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Y si hasta hace muy poco la perdida se podía justipreciar en tal o cual valor.
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Hoy una existencia vale menos que un celular.
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La primera premisa en consecuencia es la defensa común, la solidaridad como herramienta fundamental del que hacer cotidiano. Donde una ofensa, un ataque, una tropelía cometida contra cualquier integrante de la sociedad, es un ataque a la comunidad.
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Es el enemigo el que debe sentirse inseguro del terreno que pisa. No debe encontrar refugio, todo ámbito le debe ser hostil. La responsabilidad no se delega, se asume, y la responsabilidad de la población cuando está en juego su propia supervivencia, es la de transformarse en actor y no en mero espectador y testigo crítico de la acción que cumplen otros para salvaguardar su integridad.
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No es necesario armarse y pretender ejercer legítima defensa. No es por el camino de los justicieros que resolveremos este asunto, porque este sendero conduce indefectiblemente a la "libanización" de un conflicto que debe ser circunscripto al accionar policial y judicial.
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Si cada ciudadano se convirtiera en los ojos y oídos de su policía. Si se denunciara cada actividad sospechosa, cada corredor delictivo, sus aguantaderos; si se evitara la compra de algún producto ilícito, si se denunciara a los comerciantes que lucran con objetos robados. ¡Si existiera la solidaridad!, la geografía volvería a ser de los hombres y mujeres de bien y no de la delincuencia
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Todos nosotros tenemos las manos manchadas con sangre, la sangre de ciudadanos como Martínez que murió absurdamente a manos de criminales despiadados e irracionales, porque simplemente seguimos permitiendo que delincuentes de todo tipo transiten libremente por nuestra geografía.
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¿Cuántos muertos más deberemos tener para comenzar a tomar conciencia de que el crimen nos afecta a todos?
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Sí, hay una guerra y resulta vital ganarla. Esta situación no la buscamos ni la quisimos, pero todos tenemos el deber de enfrentarla
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Y porque no la buscamos ni la quisimos, solo entre todos, "policías y ciudadanos", la vamos a ganar.
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¡Y la vamos a ganar!
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Andrés Penachino
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EL HECHO
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Recién había terminado su servicio en la comisaría local y volvía a su casa para descansar. Pero, ya sin su uniforme, una escala en el comercio de su abuela resultó fatal: forcejeó con los delincuentes que intentaban asaltar a la mujer y murió baleado con su propia pistola, que uno de los atacantes le arrebató y le gatilló a quemarropa.
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Los asesinos del oficial Marcelo Martínez, de 27 años, que se desempeñaba en la Policía Comunal de Tres Arroyos, huyeron, pero en el camino se cruzaron a tiros con las patrullas que los perseguían.
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Uno de ellos perdió la vida en el enfrentamiento y, junto a su cadáver, apareció el arma reglamentaria del policía asesinado. Un uniformado resultó herido en el abdomen, pero el proyectil no le dañó órganos vitales.
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Fuentes policiales confirmaron que, tras una serie de allanamientos, se detuvo a tres sospechosos, que permitirían dar con el cómplice del frustrado asalto a la abuela de Martínez, Nora de Sábato, que atiende un quiosco polirrubro.
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El asesinato de Martínez aumentó a nueve la cifra de policías bonaerenses asesinados este año y desnuda, a la vez, la preocupación que se vive en Tres Arroyos por los hechos delictivos que se viven desde hace algunos meses.
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La gravedad del caso llevó a que se acercaran y se pusieran al frente de la investigación las principales autoridades de la Jefatura Distrital Bahía Blanca, incluido el titular de la jurisdicción, comisario inspector Carlos Testini. Incluso, según trascendió ayer en La Plata, en el Ministerio de Seguridad bonaerense se evaluaba la situación y no se descartaban cambios en la conducción de la policía local.
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El delincuente abatido fue identificado como Pedro Fabián Montero. Tenía 22 años y sólo registraba antecedentes por un delito menor. Los tres aprehendidos permanecían a disposición de la fiscal Verónica Vidal, que evaluaba pistas y datos recabados en la investigación para determinar si alguno de ellos había participado del asalto.
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Martínez intentó evitar el robo del que estaba siendo víctima su abuela en el comercio de la calle Vázquez al 800. Habían pasado pocos minutos de las 10 cuando advirtió el hecho y trató de reducir a los delincuentes. Uno de los asaltantes huyó y el otro, que sería Montero, se trabó en lucha con el policía.
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En el roce cuerpo a cuerpo le quitó la pistola 9 milímetros a Martínez y con ella lo mató. El disparo se efectuó con el arma apoyada sobre el cuerpo de la víctima, afirmó a LA NACION la fiscal Vidal.
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Cuando estaban en plena fuga, Montero quedó cercado por policías que lo perseguían. Su cadáver quedó tendido en Laprida y Cangallo, a unos 400 metros del lugar donde había sido asesinado Martínez.

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