SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

lunes, 10 de agosto de 2009

Extrañas coincidencias policiales


Cierta tarde, alrededor de las 19.30, circulaba en la búsqueda de pasajeros por la calle Peña, cuando al llegar casi a la esquina de Billinghurst vi que había un taxi detenido del lado izquierdo de la calzada, dos patrulleros y un auto particular. Había un importante despliegue de efectivos policiales. Un sargento me indicó que me detuviera.
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Así lo hice. El efectivo se acercó y me solicitó mi registro de conducir. Se lo entregué. Entonces me dijo que debía ser testigo en el operativo que realizaban. Le manifesté que estaba trabajando y que no podía perder mucho tiempo. Sin embargo, sólo comentó que serían unos minutos y que ya había recibido la colaboración de otro taxista.
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Se trataba de un allanamiento en un local de lotería, donde se hacían también apuestas clandestinas. Además del sargento, cuyo apellido era Ferreyra, había otros efectivos policiales, un oficial de la comisaría de la zona, otro de Justicia y el titular de la agencia y los empleados.
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El otro taxista y yo ingresamos al lugar. Al cabo de dos horas se encontraron documentos que evidenciaron las jugadas clandestinas, en los que aparecíieron los nombres de los jugadores. El sargento Ferreyra me miró, se acercó y me dijo: "Discúlpeme, le tuve que decir que eran sólo unos minutos para testificar, pero esto ha superado todo lo imaginado".
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Finalmente terminó el operativo. Guardaron en bolsas firmadas por el oficial de Justicia y los testigos las boletas, el dinero del arqueo realizado y procedieron a la clausura del local con las fajas correspondientes. Por supuesto que a los pocos meses tuve que ir a testificar ante el juzgado correspondiente.
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Un año mas tarde, estaba yirando por Belgrano R, cuando al pasar frente a la Iglesia "San Patricio" en la calle Echeverria y Estomba, encontré al sargento Ferreyra. Nos pusimos a conversar, no sólo sobre aquel hecho, sino también sobre nuestras vidas.
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Recuerdo que le comenté que nunca más iba a pasar por un operativo policial para no tener que volver a convertirme en un testigo. Nos reímos y formamos una hermosa amistad que aún persiste.
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Las vueltas de la vida son increíbles. Una noche al estacionar el auto cerca de mi casa, vi que había un patrullero con las sirenas encendidas. Fue grande mi sorpresa cuando dentro del vehículo estaba el sargento 1° Ferreyra, - había sido ascendido-. Nuevamente me pidió que fuera testigo. Así, lo hice. Esa vez, la experiencia fue breve. Tras conversar un rato, cada uno siguió su camino.
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Este relato sólo pretende ser un humilde reconocimiento y homenaje a los integrantes de la Policía Federal Argentina y de las fuerzas de seguridad, como Ferreyra, que permanentemente se juegan por la comunidad a la que protegen y defienden.
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Debemos tomar consciencia que todos podemos estar expuestos cotidianamente a sufrir algún hecho delictivo, y que el efectivo policial cuando sale de su hogar pone en juego su vida y la de su familia.
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Será hasta nuestro próximo encuentro. Recuerden, los que manejamos, que es obligatorio usar el cinturón de seguridad, respetar las sendas peatonales e indicar las maniobras con luces de giro y/o balizas. Si respetamos, también seremos respetados.
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