SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

domingo, 31 de mayo de 2009

¿Quién se acuerda de Tiananmen?


Veinte años después de que el ejército chino aplastara la protesta estudiantil que reclamaba reformas democráticas, en China pocos recuerdan la masacre, gracias a una eficaz tarea de silenciamiento gubernamental
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Pekín Fuera del Partido Comunista (PC), los recuerdos de la masacre de 1989 son borrosos.
Entre periodistas de un diario chino ha habido comentarios sorprendentes respecto de la idea de publicar un artículo por el 20 aniversario, el 3 y 4 de junio, de la masacre de ciudadanos de Pekín por parte de soldados chinos. Un periodista incluso dijo a sus colegas que estaría dispuesto a ir preso por hacerlo. Pero tales actitudes desafiantes, especialmente si pasan de la retórica a los hechos, probablemente sean escasas. Para muchos en China, las protestas de 1989 en favor de la democracia en todo el país y su final sangriento se han convertido en una historia confusa y medio olvidada.
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Esto no impide que el PC se preocupe por la cuestión. Teme que los esfuerzos -incluso de un pequeño número de personas- por mantener vivos los recuerdos puedan resultar desestabilizadores. El más alto funcionario que estuvo preso por su rol en las protestas en la Plaza de Tiananmen, Bao Tong, ha sido escoltado por agentes de seguridad, desde su hogar en Pekín hasta un lugar turístico en China central (lejos de los periodistas quejosos) donde pasará el período del aniversario. Un miembro de su familia dijo que Bao aceptó ir. Pero en China puede ser difícil rechazar una invitación de la policía. Varios otros disidentes informan que hay una mayor vigilancia policial.
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Este aniversario ha llevado a unos pocos aguerridos a pronunciarse sobre la masacre. Una académica de Pekín, Cui Weiping, declaró, durante un encuentro de intelectuales convocado para conmemorar el hecho, que la campaña del PC para disuadir que se haga un debate público sobre Tiananmen, y la aquiescencia del público, dañan "el espíritu y la moral" china. Publicó sus comentarios en su blog.
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Otra fuente de preocupación oficial fue la publicación reciente en el extranjero de un libro que incluye el contenido condenatorio de cintas grabadas en secreto por el jefe de Bao, el desaparecido y antiguo jefe partidario, Zhao Ziyang, durante su arresto domiciliario posterior a Tiananmen [ver recuadro]. El libro presenta a Zhao como víctima de las maquinaciones de gente de línea dura y, por principios, como un opositor a que se utilizara la fuerza para aplastar la protesta (aunque no era, hasta su arresto domiciliario, admirador de la democracia al estilo occidental). Un alto funcionario retirado ha confesado que junto con otros tres ayudó a sacar las grabaciones del lugar de confinamiento de Zhao.
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El PC también ha tratado de desviar la atención del papel del ejército en la masacre. Hace veinte años, los medios oficiales repetidamente cantaron loas a las docenas de soldados muertos durante la "rebelión contrarrevolucionaria", que fueron póstumamente considerados "guardianes de la república". Ahora prácticamente se los ha olvidado. Mientras tanto, el apoyo público a las fuerzas armadas, que se vio muy afectado en 1989, parece recuperado.
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La rápida respuesta del ejército al mortífero terremoto en la Provincia de Sichuan hace un año -un regalo para las necesidades propagandísticas del PC-, tuvo su parte en esto. Cuando los tanques atraviesen rugiendo la Plaza Tiananmen el 1 de octubre, en el gran desfile con el que se conmemorará el Día Nacional Chino (será la segunda demostración de este tipo desde 1989), seguramente serán recibidos con la aprobación generalizada de una nación ansiosa por encontrar símbolos del creciente poder de su país.
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Pero el PC aún muestra ocasionales signos de preocupación respecto de las fuerzas armadas. Poco antes y después de la matanza masiva en Pekín, en 1989, se especuló mucho sobre las supuestas objeciones de algunos miembros del ejército respecto de aquello. Sin embargo, la expectativa de un disenso serio en el ejército se demostró en gran medida infundada. No hay indicios en las grabaciones de Zhao de que tuviera apoyo de ningún alto oficial.
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Aun así, en los últimos meses, los medios oficiales han publicado varios artículos denunciando reclamos (no se especifica de quién) para que las fuerzas armadas dejaran de estar bajo el control directo del Partido. Al PC le preocupa que esto pueda debilitar su capacidad de contar con ellas en caso de otra crisis al estilo de Tiananmen. El tono de estos artículos es extrañamente estridente, sugiriendo quizás que esta propuesta de reforma sorda tiene apoyo dentro de las fuerzas armadas.
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El control del PC no es absoluto. El presidente Hu Jintao lanzó otra campaña este mes contra la "extravagancia y el despilfarro" entre los altos oficiales. A pesar de tales esfuerzos, la corrupción dentro de las fuerzas armadas sigue siendo generalizada. Pero lo mismo sucede dentro del PC. Hu no disfruta de un prestigio siquiera cercano al que tenía el desaparecido líder chino Deng Xiaoping en las fuerzas armadas en 1989, cuando ordenó a las tropas avanzar sobre Tiananmen. De todos modos son pocos los signos de tensión entre la conducción política y la militar. Sin duda ayudó a ello un rápido incremento en el presupuesto militar en los últimos años.
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Entre los ciudadanos comunes de Pekín, hay una divisoria generacional respecto de Tiananmen. Muchos de los que participaron o fueron testigos de la protesta todavía se quejan de la brutal respuesta del Partido. Pero la gente más joven a menudo se muestra confundida respecto de los detalles. Muchos dicen aceptar la línea del PC que sugiere que el boom económico que siguió ha reivindicado la sangrienta intervención de las fuerzas armadas.
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Sin embargo, el único lugar de China donde Tiananmen sigue siendo un asunto público es el más rico, Hong Kong. Allí sí se espera la participación de miles de personas en los distintos eventos conmemorativos que se harán en el territorio. A principios de este mes, el jefe del ejecutivo, Donald Tsang, debió disculparse luego del repudio a su aparentemente inocua sugerencia de que muchos ciudadanos de Hong Kong creían que Tiananmen sucedió "hace mucho tiempo" y de que China había tenido "logros llamativos" desde entonces. Muchos en Pekín coincidirían por cierto con Tsang. Pero a diferencia de la gente de Hong Kong, no han probado la democracia.

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