SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

viernes, 3 de abril de 2009

El último servicio del hombre que custodió a Alfonsín


Por más que intentaba esconderse en los pasillos del Senado, había un hombre que recibía saludos y condolencias de casi todos los dirigentes que llegaban al funeral de Raúl Alfonsín.
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Ningún radical pasaba de largo e, incluso, lo reconocían los dirigentes de otros partidos.
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Era Daniel Tardivo, el custodio de Raúl Alfonsín durante los últimos 25 años.
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Daniel, como lo llaman todos cerca del ex presidente, es comisario de la Policía Federal, jefe de la División Custodias Especiales, que tiene a su cargo la vigilancia de algunos ex presidentes, entre ellos Fernando de la Rúa, y otras figuras de la política local.
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Entró en la policía a los 19 años, pero cuando tenía 23 años lo asignaron para custodiar a Alfonsín. Ayer, a los 48 años, fue uno de los que llevó el féretro del ex presidente.
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De perfil bajísimo, durante este cuarto de siglo acompañó al ex mandatario en los viajes y estuvo con él en cada uno de los actos a los que fue, además de compartir el día a día de su vida cotidiana y la de su familia.
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Dirigentes, amigos y familiares sabían que, en caso de emergencia, podían llamar a Daniel para ubicar enseguida a Alfonsín.
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Daniel era como su sombra, nunca estaba a más de dos metros del ex presidente y en los últimos meses era como su segundo bastón por sus problemas para moverse, producto de la grave enfermedad que lo aquejaba.
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El fiel custodio de Alfonsín -estuvo con él desde que llegó a la Casa Rosada- estaba en el auto en el que viajaba el ex mandatario cuando, en junio del año 1999, sufrió un accidente automovilístico en Río Negro que casi le costó la vida.
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Lo acompañó en los cientos de viajes que hizo en campaña, en las charlas y conferencias que daba y en los homenajes que recibió en los últimos meses.
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El martes, cuando Alfonsín murió, Daniel estaba en su departamento.
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Tampoco faltó en el velatorio en el Senado y en su sepelio, ayer. "Fue un honor, un orgullo", dijo a LA NACION sobre estos años de servicio al lado del fallecido caudillo radical.
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No quiso decir nada más. No quiso fotos o reportajes y se fue casi corriendo para perderse entre la gente. Le resultó imposible. A cada paso algún político lo paraba para saludarlo.
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Después de una vida custodiando a Alfonsín, no sabe a quién le tocará proteger ahora. Pero algo en su manera de mirar deja claro: va a extrañar la sonrisa pícara y los modos campechanos del caudillo de Chascomús.

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