
Por más que intentaba esconderse en los pasillos del Senado, había un hombre que recibía saludos y condolencias de casi todos los dirigentes que llegaban al funeral de Raúl Alfonsín.
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Ningún radical pasaba de largo e, incluso, lo reconocían los dirigentes de otros partidos.
Ningún radical pasaba de largo e, incluso, lo reconocían los dirigentes de otros partidos.
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Era Daniel Tardivo, el custodio de Raúl Alfonsín durante los últimos 25 años.
Era Daniel Tardivo, el custodio de Raúl Alfonsín durante los últimos 25 años.
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Daniel, como lo llaman todos cerca del ex presidente, es comisario de la Policía Federal, jefe de la División Custodias Especiales, que tiene a su cargo la vigilancia de algunos ex presidentes, entre ellos Fernando de la Rúa, y otras figuras de la política local.
Daniel, como lo llaman todos cerca del ex presidente, es comisario de la Policía Federal, jefe de la División Custodias Especiales, que tiene a su cargo la vigilancia de algunos ex presidentes, entre ellos Fernando de la Rúa, y otras figuras de la política local.
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Entró en la policía a los 19 años, pero cuando tenía 23 años lo asignaron para custodiar a Alfonsín. Ayer, a los 48 años, fue uno de los que llevó el féretro del ex presidente.
Entró en la policía a los 19 años, pero cuando tenía 23 años lo asignaron para custodiar a Alfonsín. Ayer, a los 48 años, fue uno de los que llevó el féretro del ex presidente.
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De perfil bajísimo, durante este cuarto de siglo acompañó al ex mandatario en los viajes y estuvo con él en cada uno de los actos a los que fue, además de compartir el día a día de su vida cotidiana y la de su familia.
De perfil bajísimo, durante este cuarto de siglo acompañó al ex mandatario en los viajes y estuvo con él en cada uno de los actos a los que fue, además de compartir el día a día de su vida cotidiana y la de su familia.
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Dirigentes, amigos y familiares sabían que, en caso de emergencia, podían llamar a Daniel para ubicar enseguida a Alfonsín.
Dirigentes, amigos y familiares sabían que, en caso de emergencia, podían llamar a Daniel para ubicar enseguida a Alfonsín.
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Daniel era como su sombra, nunca estaba a más de dos metros del ex presidente y en los últimos meses era como su segundo bastón por sus problemas para moverse, producto de la grave enfermedad que lo aquejaba.
Daniel era como su sombra, nunca estaba a más de dos metros del ex presidente y en los últimos meses era como su segundo bastón por sus problemas para moverse, producto de la grave enfermedad que lo aquejaba.
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El fiel custodio de Alfonsín -estuvo con él desde que llegó a la Casa Rosada- estaba en el auto en el que viajaba el ex mandatario cuando, en junio del año 1999, sufrió un accidente automovilístico en Río Negro que casi le costó la vida.
El fiel custodio de Alfonsín -estuvo con él desde que llegó a la Casa Rosada- estaba en el auto en el que viajaba el ex mandatario cuando, en junio del año 1999, sufrió un accidente automovilístico en Río Negro que casi le costó la vida.
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Lo acompañó en los cientos de viajes que hizo en campaña, en las charlas y conferencias que daba y en los homenajes que recibió en los últimos meses.
Lo acompañó en los cientos de viajes que hizo en campaña, en las charlas y conferencias que daba y en los homenajes que recibió en los últimos meses.
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El martes, cuando Alfonsín murió, Daniel estaba en su departamento.
El martes, cuando Alfonsín murió, Daniel estaba en su departamento.
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Tampoco faltó en el velatorio en el Senado y en su sepelio, ayer. "Fue un honor, un orgullo", dijo a LA NACION sobre estos años de servicio al lado del fallecido caudillo radical.
Tampoco faltó en el velatorio en el Senado y en su sepelio, ayer. "Fue un honor, un orgullo", dijo a LA NACION sobre estos años de servicio al lado del fallecido caudillo radical.
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No quiso decir nada más. No quiso fotos o reportajes y se fue casi corriendo para perderse entre la gente. Le resultó imposible. A cada paso algún político lo paraba para saludarlo.
No quiso decir nada más. No quiso fotos o reportajes y se fue casi corriendo para perderse entre la gente. Le resultó imposible. A cada paso algún político lo paraba para saludarlo.
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Después de una vida custodiando a Alfonsín, no sabe a quién le tocará proteger ahora. Pero algo en su manera de mirar deja claro: va a extrañar la sonrisa pícara y los modos campechanos del caudillo de Chascomús.
Después de una vida custodiando a Alfonsín, no sabe a quién le tocará proteger ahora. Pero algo en su manera de mirar deja claro: va a extrañar la sonrisa pícara y los modos campechanos del caudillo de Chascomús.
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