SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

martes, 10 de marzo de 2009

Un "emblema mundial" de lo ilegal


Vestida con una remera de Adidas, un pantalón de Kosiuko, unas ballerinas de Puma y un bolsito de Louis Vuitton en el brazo, Karina, estudiante de marketing en la Universidad Católica, de 29 años, se paseaba por el laberinto de zapatillas, bolsos y ropa deportiva del Mercado de Retiro.

"No todo lo que uso es de marca de verdad. Pero mirá qué lindas «zapas»; éstas, en el Abasto, me salen como 400 «mangos» y acá sólo 80", decía la joven mientras señalaba un calzado Nike para mujer.

Un vendedor, ante la pregunta de la cronista acerca de si la mercadería era verdadera, sólo se sonrió y deslizó un "Y?".

Según la Cámara Argentina de Comercio, la cantidad de puestos de venta ilegal callejera cayó a más del 15% en enero pasado. No obstante, indica que Retiro concentra aún 107 stands equivalentes al 42,6% del total de puestos hallados en lugares abiertos como Constitución y Once.

Si bien en la ciudad ese mercado crece día tras día, el lugar de venta de lo "trucho" por antonomasia es La Salada, ubicada en Lomas de Zamora, a orillas del Riachuelo.

Esa es la feria ilegal más grande de América latina y cuenta con el título de "emblema mundial del comercio y la producción de mercadería falsificada", según la Unión Europea. En ese predio, que tiene unas 20 hectáreas, más del 80% de los productos en venta resulta del comercio pirata, moviliza unos 400 millones de pesos por año y emplea a más de 6000 personas, según afirman los investigadores.

Al igual que otros lugares, allí se pueden conseguir zapatillas Adidas de 400 pesos a 50, y chombas Lacoste a 20 pesos. La diferencia es que a La Salada se dirigen tanto consumidores minoristas como mayoristas, de Buenos Aires y del resto del país. Incluso, de países limítrofes.

"Las autoridades provinciales y nacionales saben que se comercializa mercadería ilegal y que no se pagan impuestos, pero nada se hace porque no se ponen de acuerdo sobre en qué jurisdicción se encuentra, si nacional o provincial", explicó Sergio Vargas, coordinador legal de la Asociación Argentina de Lucha contra la Piratería.

Y agregó: "No hay una clara intención política de combatir la ilegalidad, mientras este monstruo sigue creciendo".

La Asociación Argentina de Lucha contra la Piratería está integrada, entre otras empresas, por Tommy Hilfiger, Louis Vuitton, Philip Morris, Lacoste, Club Atlético Boca Juniors, Bodegas Chandon, La Martina, Pierre Balmain y Bic.

El gran porcentaje de lo falso se vende en mercados ilegales. No obstante, fuentes de la Aduana y de la Policía Federal afirmaron a LA NACION que en los últimos meses se hicieron operativos en negocios situados en zonas comerciales caras. Una importante marca de remeras descubrió que en un shopping céntrico de la ciudad de Buenos Aires se vendían prendas falsificadas al mismo precio que las verdaderas.

En enero pasado, en Mar del Plata, se hizo un decomiso de mercadería deportiva falsa en la calle Güemes, una de las principales vías comerciales de la ciudad.
Sorpresas comerciales
Miguel Rodríguez, un ingeniero de 37 años, no necesitó ir a La Salada para comprarse un calzado deportivo símil Nike. El hombre contó a LA NACION: "Fui a un negocio de la zona comercial de Villa del Parque para comprarme unas buenas zapatillas y las pagué como 300 pesos. A la semana, la suela se despegó. Era «trucha», obviamente, así que exigí que me las cambien por otra cosa. Ahí no vuelvo más".

Por esta razón, los artículos de marca tienen cada vez más etiquetas y logos sofisticados para que la gente se dé cuenta de cuándo compra algo falsificado.

En ese sentido, Vargas detalló: "Para no ser embaucados cada vez que compramos algo, es bueno chequear que sea buena la terminación del producto; los detalles del calzado, como la forma en que está pegada la suela; ver bien las etiquetas, que a veces hasta tienen faltas de ortografía, y tener en cuenta las estampillas de importación".

Hay pocos casos que llegan a juicio
En los últimos ocho años, de 6260 causas iniciadas por infracción a la ley de marcas se enjuiciaron 179 y llegaron a una condena 19, según datos de la Procuración General de la Nación. Esa ley, que data de 1981, establece penas de entre tres meses y dos años de prisión para los falsificadores.

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