SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

viernes, 20 de marzo de 2009

HISTORIA DE LA POLICIA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES: SEGUNDA PARTE

Así inició su secular marcha de la era moderna– muchas veces alterada, otras tantas restringida, pero jamás detenida– la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

Sus reglamentos y estructuras orgánicas sirvieron en diversas ocasiones de modelo para la concreción de fuerzas policiales en otros países. Sus filas fueron integradas por hombres que supieron dejar su sello indeleble no sólo en la abnegada lucha que presupone servir a sus semejantes, si no también en el campo de la guerra, de las artes, de las ciencias, y, por supuesto, en el de la jurisprudencia y la investigación.

Ya en la década del 80, en el siglo pasado, Argentina necesitaba consolidarse definitivamente como Nación. La Provincia, como prenda de paz y unión, cedió su capital –la ciudad de Buenos Aires–, para asiento de las autoridades federales. Y junto con el territorio, también entregó los organismos administrativos en él instalados, entre ellos las dependencias y personal policial que figuraban en el territorio que abarcaba la comuna. El viejo edificio aledaño al Cabildo, que desde la época de Rivadavia había sido asiento del Departamento General de la Policía, albergó por unos años más a los órganos conductivos de ambas policías: la de Buenos Aires y la de la Provincia de Buenos Aires.

Por fin, el 14 de Enero de 1884, nuestra Institución se afincó definitivamente en el edificio construido especialmente en la flamante ciudad de La Plata, la recién entrenada capital bonaerense. En ese Departamento ha permanecido hasta hoy. El mismo ha sido mudo testigo de los desvelos de Juan Vucetich en pos de la identificación humana; de los escarceos filosóficos del Dr. Alejandro Korn. Y de tantos otros estudiosos y soñadores que dejaron su recuerdo imborrable no sólo en la Institución, sino también en la historia grande de la Nación e incluso del mundo, por su abnegada acción en pos del mejoramiento de la humanidad.

El siglo XX resultó pródigo en realizaciones valiosas par la marcha de la ya consolidada dependencia. Una Institución que dio al orbe un conocimiento tan importante como los de la identificación humana mediante la dactiloscopía no fue ajena a la necesidad de preparar y educar a su personal, con la formación intelectual de sus integrantes. Organizó eficazmente la División de Investigaciones; sobre la base de la primigenia Comisaría de Pesquisas; reemplazó el caballo por la patrulla motorizada a principios de la década del 30 y no se arredró ante las dificultades de la comunicación, creando para tales propósitos, una compañía colombófila que cumplió con toda eficiencia su cometido.

La década del 40 se inició con un gran estímulo para toda la familia policial: la estabilidad del personal mediante la promulgación de la Ley 4646. Se reabrieron las puertas de la Escuela de Policía y la Escuela de Suboficiales y Tropa.

Se remató este viejo anhelo policial con la incorporación de la Escuela Superior de Policía en el año 1949 y, posteriormente, en el año 1963, con la creación del Liceo Policial, establecimiento, fue el único en su tipo en el mundo.

Los límites otrora imprecisos de la gran provincia bajo su responsabilidad, se extendieron a los 363.369,27 km2 de la actualidad. Flotillas de lanchas cuidan el extenso delta del Paraná, mientras que helicópteros y aviones de moderna construcción sobrevuelan rutas y caminos en bien de la seguridad de la población.

Los laboratorios de investigación criminal, diseminados a lo largo y a lo ancho del territorio bonaerense, coadyuvan con la justicia en la dilucidación de intrincados casos policiales.

Atrás, muy atrás, han quedado los celadores secretos de Achaval. La actual Dirección General de Inteligencia cubre los aspectos siempre delicados del orden social, con personal idóneo que se prepara en la Escuela de la especialidad.

Se cumple, este año, un siglo de su reorganización actual. En la última década del presente, las realizaciones y las proyecciones que ha tenido la vuelven a ubicar en uno de los primeros puestos a nivel internacional. Y también –debemos tenerlo presente– el odio apátrida e irracional de unos pocos, volvió a sumir en el luto y en el dolor a las filas policiales. Una vez más ofrendó –como siempre– la vida de sus integrantes sin olvidar, en ningún momento, que su misión es la de asegurar vida y bienes, que es decir SERVIR A LA PATRIA.

Esta síntesis histórica, ha tratado de rescatar los principales acontecimientos, que llevaron a nuestra querida Institución desde su génesis hispana hasta la actual grandeza presente. Desde don Rodrigo Ortiz de Zárate y don Gonzalo Martel de Guzmán, a quienes Juan de Garay confió la misión de policía en la ciudad recién fundada, hasta los casi treinta mil hombres que hoy conforman sus planteles.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buen trabajo, gracias por el post, me sirvió mucho para un trabajo y para aprender de esta historia..!!!