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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

martes, 10 de marzo de 2009

Adolescentes que se alcoholizan antes de iniciar las clases


José E. Bordón LA NACION
SANTA FE.- En una tendencia creciente, que se afianza desde hace tres años y renueva el debate sobre los límites en los adolescentes, el comienzo de clases del nivel secundario tuvo una jornada "movida" en varios colegios de Rosario.

Con botellas de cerveza y vodka, pirotecnia (arrojaron más de un centenar de bombas de estruendo y petardos), pelucas, disfraces y bombos, muchos alumnos llegaron alcoholizados ayer a la mañana a las escuelas después de dedicar la noche del domingo al festejo de "la previa", como se conoce la celebración del último día de vacaciones, en vísperas del año escolar.

Esta práctica incipiente tiene como elemento adicional la euforia de los chicos del último año de la enseñanza media, que tendrán dentro de pocos meses el esperado viaje "de estudios" a Bariloche.

Así, el grito de "Bariló, Bariló..." llenó por varias horas la madrugada rosarina. "Es la noche anterior al comienzo de clases del último año de la secundaria. Y la consigna es no dormir, divertirnos como jóvenes que somos. Después vendrán los tiempos de preocupaciones", se justificó Carolina Gómez, estudiante que fue de una de las primeras en acercarse a la zona de reunión.

La creciente expansión de esta modalidad de festejo lleva a la preocupación de muchos padres y docentes, y refuerza el recurrente debate sobre los límites y la responsabilidad de las familias.
Como en las convocatorias anteriores, la movida comenzó pasada la medianoche y se extendió hasta que los jóvenes ingresaron a las instituciones educativas, ante la sorpresa y resignación de docentes y directivos.

El lugar elegido fue el cantero central del tradicional Boulevard Oroño, desde la calle 3 de Febrero hasta Córdoba, donde estudiantes de distintos colegios de la zona compiten para ver quién arma la mayor gresca. Los bares y la vereda son escenario del enfervorizado bullicio de los adolescentes. Presencia de los padres

Ayer no fue la excepción. Héctor Di Monaco, director del colegio Sagrado Corazón, de esa ciudad del sur santafecino, responsabilizó a los padres por la generalización de esa costumbre.

Según comentó en declaraciones a la prensa, "parece que los adolescentes no encuentran límites. Cualquier situación es motivo de festejos, y en esas celebraciones es infaltable la presencia del alcohol", relató.

Para la llamada "previa", hubo cadena de mensajes de textos por celular. Así, alumnos de seis establecimientos educativos de Rosario, que comenzaron su último ciclo de aprendizaje medio, estuvieron reunidos durante varias horas tomando alcohol para luego concurrir a sus colegios.

"Estamos tranquilos. Llamamos a las familias para advertirles de lo que preparaban los alumnos y lo hablaremos con ellos mismos. Apuesto a la seriedad de los padres y a la cordura de nuestros jóvenes", explicó el profesor Di Monaco.

"Esto es un problema de la familia y no de la escuela. Si yo le permito a mi hijo no dormir y pasar la noche bebiendo, como papá estoy haciendo poco. Debe haber responsabilidad de nuestro proyecto de vida. Por la mañana, es nuestra responsabilidad, pero durante el resto del día, es problema de las familias", agregó el director.

Ante la preocupación de las autoridades educativas, la Guardia Urbana Municipal (GUM) realizó un operativo especial para prevenir incidentes.

La inquietud también llegó al complejo educativo Brigadier López (Oroño 939), cuyos directivos reunieron la semana pasada a los padres para evaluar acciones para evitar el descontrol de la llamada "previa". La directora de nivel medio de esa escuela, María Jorgelina Belci, admitió que solicitó la colaboración de los adolescentes.

"Quisimos hacerles entender que esta costumbre los lleva a realizar cosas que después no pueden manejar", indicó.

También se sumaron a la iniciativa alumnos de los colegios Brigadier López, Nuestra Señora del Rosario (de los hermanos maristas), Superior de Comercio y La Salle, entre otras instituciones.

En declaraciones a una emisora local, una estudiante de 17 años reconoció que había estado en los festejos desde la medianoche, con el consentimiento de sus padres. "Me llaman cada una hora para controlar que todo esté bien", dijo, con tono risueño.

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