SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

viernes, 27 de febrero de 2009

HISTORIA DE LA POLICIA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES: PRIMERA PARTE


Cuando España recaló en esta parte del mundo, que con el andar de los siglos devendría en esta gloriosa e internacionalmente querida República Argentina, traía en su bagaje de disposiciones legales e instituciones públicas, la tradición greco-latina y arábiga que había generado el hidalgo espíritu peninsular. A la inversa de otras naciones colonizadoras no venía a llevarse los bienes de esta tierra; venía a traer, su cultura, su religión, su grandeza. A clavar en el suelo virgen de las márgenes del Plata la antorcha preconizadora de la labor cristiana y dignificante; a regarlo con el sudor y la sangre de sus hijos más dilectos y nobles.

Muchos de estos hidalgos había sido allá, en las lejanas tierras natales, miembros de la Santa Hermandad, institución surgida en plena época de la lucha contra el invasor del territorio hispano, alentada por los reyes cristianos y auspiciada por la Iglesia. Era el bastión poderoso que se alzaba para proteger la ley y el orden, no sólo en los solitarios y peligrosos caminos del solar en disputa, sino también el símbolo de la justicia y defensa segura para el siervo atormentado y perseguido por el amo indiferente y despiadado.

En los primeros pasos de la ciudad fundada por Juan de Garay, las autoridades designadas para su manejo reglar las relaciones entre los pobladores, casi no debieron usar de su poder. Salvo esporádicos ataques e indígenas o intentos de desembarco de corsarios, el clima de trabajo que se vivía no concitaba precisamente al ocio y a la intemperancia, factores determinantes de la mayoría de las causas que obligan la intervención de la policía.

Recién a comienzos del siglo XVII, Buenos Aires habría de precisar de la acción de la Santa Hermandad y sus cuadrilleros. La campaña que circundaba a la ciudad comenzaba a poblarse y, por ende, a necesitar la intervención de autoridades que regulan derechos y obligaciones. Cuando la aldea comenzó a convertirse en ciudad y los villorrios en pueblos, el carro de las pasiones mezquinas también inició su marcha. Los Alcaldes de Barrio primero y los del Cuartel más tarde, fueron las reacciones del organismo agredido para preservar el derecho de su salud.

La Revolución de Mayo trajo aparejada la necesidad de crear nuevos medios para paliar los problemas de la seguridad pública, bastante amenazada en esos momentos de zozobra. Así lo comprendió el gobierno revolucionario, promulgado en Enero de 1813, el Reglamento Provisional de Policía. Por primera vez, desde 1580, tanto el Jefe como los integrantes de la Partida Celadora –así se llamaba el cuerpo organizado de acuerdo a las normas de dicho decreto– percibían un sueldo a cambio de sus riesgosas misiones.

El año 1821 se inscribe en los anales históricos de la Provincia como decisivo en cuanto a la organización, como estado republicano, de la escritura básica de gobierno. Fue bajo la gobernación del general Martín Rodríguez por directa influencia del genio de estadista –adelantado a los tiempos– de su ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores don Bernardino Rivadavia, que se modificaron substancialmente los regímenes imperantes desde la época de la fundación.

Entre la importante legislación de este Gobierno, ocupó lugar especialísimo la ley del 24 de Diciembre, que disponía la supresión de los Cabildos, al par que creaba la Justicia de Primera Instancia, los Jueces de Paz, y el empleo de Jefe de Policía y de Comisario para todo el territorio bonaerense.

Con la designación de don Joaquín de Achával, para ocupar la flamante Jefatura, Rivadavia –inspirador y alma mater de la norma legal– creaba la Primera Policía de Seguridad del Estado en las Provincias Unidas del Río de la Plata.

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