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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

martes, 6 de enero de 2009

Nueva York, del caos a la "tolerancia cero"


En la década del 90 se redujeron drásticamente los asesinatos y robos; aumentaron la prevención y la lucha contra delitos menores


Manuel J. Torino LA NACION

Hace veinte años, caminar de noche por las calles de Manhattan era más que peligroso. La combinación de vandalismo juvenil, epidemia de crack y corrupción policial arrojaba cifras alarmantes: seis asesinatos, ocho violaciones y otros 410 delitos violentos por día acaparaban las tapas de diarios, que titulaban "La Gran Manzana... podrida".

Hoy Nueva York está mucho mejor y basta un paseo nocturno por alguno de sus barrios para entender por qué ahora es considerada la ciudad más segura de los Estados Unidos. La razón principal de la transformación radical de esta metrópoli de ocho millones de habitantes fue la aplicación de la política de seguridad conocida como "tolerancia cero".

Con ese concepto como vector ideológico se bajó el índice criminal el 77% entre 1990 y 2007, por lo que esa ciudad ya es considerada en el mundo un paradigma en la lucha contra el delito urbano.

El modelo impulsado en 1994 por el entonces alcalde de la ciudad, el republicano Rudolph Giuliani, se basó en una serie de medidas simples: se puso énfasis en la prevención de crímenes, se multiplicó la presencia de policías en las calles, se restableció el vínculo entre la fuerza y la comunidad y se puso especial énfasis en prevenir y perseguir determinadas contravenciones graves o delitos menores, como pintar graffiti, saltar los molinetes de los subtes o beber alcohol en la vía pública.

Esta última medida estuvo inspirada en la teoría de las "ventanas rotas", del profesor de la Universidad de Harvard James Q. Wilson, quien expuso la idea de que si en un edificio abandonado hay una ventana rota y no es arreglada rápidamente, los vecinos apedrearán el resto de las ventanas y, eventualmente, será destruida la propiedad entera.

"La policía debe sancionar todas las infracciones, por más insignificantes que parezcan, porque la sumatoria de esas pequeñas faltas crea un clima de desorden e inseguridad que favorece la irrupción del delito", explicó a LA NACION durante su última visita a la Argentina el entonces jefe de policía de Nueva York, William Bratton.

Considerado el "verdadero cerebro" del plan del carismático Giuliani, Bratton fue el jefe de una fuerza de unos 37.000 hombres que "limpiaron" la ciudad. Tras dejar el cargo se transformó en un "embajador" de la "tolerancia cero", para transmitir su experiencia en distintas ciudades del mundo acosadas por el delito. Mapa del delito

Un punto clave del plan fue la descentralización de la fuerza policial. La corrupta y burocrática estructura vertical del Departamento de Policía de entonces fue reemplazada por un sistema que otorgó más responsabilidades y poder de decisión a cada una de las 76 comisarías distribuidas entre Manhattan, Brooklyn, Bronx, Queens y Staten Island. Así se logró que cada oficial se comprometiera con lo que sucedía en su área y que desarrollara vínculos sólidos y duraderos con los vecinos.

Para apoyar esta medida, se instrumentó un sistema informático para la prevención del delito que resultaría fundamental: el Compstat , una base de datos estadística.

Esta herramienta de gestión recopila, procesa y analiza a diario miles de cifras y estadísticas criminales en tiempo real. Los resultados son reflejados en un gigantesco mapa del delito que permite conocer al instante las zonas más críticas de la ciudad, detectar tendencias de nuevos tipos de crímenes y evaluar la acción policial cuadra por cuadra.

Si bien nadie discute que hoy Nueva York es más segura que hace 20 años, han surgido críticas a las políticas de Giuliani y Bratton.

"Hay mucha discusión entre los especialistas sobre la real importancia que tuvo la tolerancia cero en la caída del crimen", dijo a LA NACION el presidente de la Sociedad Americana de Criminología, Todd Clear.

La acusación más común es que los policías, en nombre de la "tolerancia cero", avasallaron no pocas veces libertades individuales, sobre todo de afronorteamericanos y latinos.

"Es que en un momento se autorizó a la policía a hacer cumplir leyes que no se habían hecho cumplir durante 25 años", explicó Bratton, que hoy es jefe de policía en Los Angeles.

Otros sostienen que cuando se comenzó a aplicar la "tolerancia cero" ya había una tendencia a la baja en las tasas de criminalidad en el resto del país, incluso en ciudades con políticas más flexibles. También destacan la recuperación económica que experimentaba la nación entonces, durante la presidencia de Bill Clinton.

Pero para muchos vecinos neoyorquinos el cambio fue radical, y lo agradecen.

"La transición no fue fácil. Giuliani inundó las calles de policías, que muchas veces estaban nerviosos y mal entrenados. Fue un giro de 180 grados", dijo en una conversación telefónica con LA NACION Bob Melendy, que vive hace 30 años en lo que hoy es el exclusivo Soho. Y agregó: "Durante los 80, frente a mi casa había gente armada con ametralladoras a plena luz del día. Te mataban por cualquier cosa. Era tierra de nadie, ni los policías pasaban por acá".

Su barrio hoy está entre los más cotizados de la ciudad. Antes era una zona industrial donde se tiroteaban en nombre del crack .

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