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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

jueves, 15 de enero de 2009

Luis Carlos “El delfín” niño rey de Francia


ARTÍCULO ENVIADO POR CARMA IRIS CATHERINE
Después de que sus padres fueron decapitados en 1793, el heredero del trono de Francia, Luis Carlos (hijo de Luis XVI) fue encarcelado en la prisión parisina del Temple, donde murió de tuberculosis el 8 de junio de 1795.
A partir de ese momento, la historia del fallecimiento del “niño rey” se convirtió en un mito. Finalmente la prueba de ADN esclareció uno de los enigmas más debatidos de Europa, desde que en 1815, ante la Corte de Francia, apareció un relojero prusiano que aseguraba ser “El Delfín”, príncipe heredero del trono de Luís XVI, quien narraba con efusividad su proeza para escapar de la prisión del Temple… Desde entonces, el debate por la identidad fue acompañada por demandas de los familiares del relojero y sus descendientes, que se decían los herederos legítimos de la monarquía francesa.[1]

Un grupo de expertos de la Universidad de Louvain, liderado por el profesor de genética humana Jean-Jacques Cassiman, comparó el ADN de un tejido extraído del corazón del niño enterrado en la prisión de Temple con muestras del cabello de dos damas familiares del niño. La serie de ADN conocida como "mitocondrial", ADNmt transmitida por la vía femenina, resultó ser exactamente la misma. El resultado fue a su vez confirmado por un equipo de científicos de la universidad alemana de Munster dirigido por el doctor Ernst Brinckman.

Todo esto significa que Pierre Benoit (el relojero francés), no era más que un impostor. Pero hay que ser magnánimos con Benoit: él no fue el único en pretender un pasado monárquico, cuarenta y tres demandantes a la corona aparecieron en distintas partes del mundo sacando provecho del enigmático final del heredero de la corona.

La cadena de custodia de la muestra reafirma datos históricos

Un cirujano, Philippe-Jean Pelletan, encargado de realizar la autopsia, extrajo el corazón del niño y se encargó de preservarlo en alcohol. Pero la reliquia pasó por un gran número de manos, primero por las de un estudiante de Pelletan que lo hurtó para regalarlo, en su lecho de muerte, a su viuda, quien, en 1828, lo entregó al arzobispo de París, monseñor Hyacinthe Louis de Quélen. En 1831, ladrones robaron el cofre donde el arzobispo tenía la reliquia y arrojaron el corazón en un basural. Un hijo del cirujano, el doctor Philippe-Gabriel Pelletan, logró encontrarlo y, tras momificarlo y registrar su procedencia con un notario, lo entregó al conde de Chambord, jefe de la Casa de los Borbones.

En 1895, el corazón fue trasladado a una iglesia, en Venecia. Allí sobrevivió dos guerras mundiales para terminar siendo enterrado en 1975 en una esfera de cristal en la cripta real de la basílica de Saint Denis, donde los monarcas franceses han tenido su sepultura desde el siglo VII. Pero esa ceremonia hizo poco por callar a quienes aseguraban que el "delfín" había escapado de Temple. Para ello señalaban "incongruencias" tanto en la autopsia de Pelletan como en dos estudios realizados a huesos exhumados en 1846 y 1894 de la fosa común donde los prisioneros de Temple eran enterrados.

De acuerdo con éstos, el cadáver del supuesto "delfín" tenía una estatura de 1,47 m, algo que contrasta con los registros realizados al pequeño en vida y que le daban no más de 1,20 metro de altura. A esto se sumaban las declaraciones de su hermana, la duquesa de Angoulême, quien nunca aceptó la muerte del niño, probablemente alentada por relatos de monarquistas que daban detalles de su fuga. "El problema es que todo el mundo prefería creer en un "final feliz", señaló el historiador Philippe Delorme, propulsor de los estudios científicos.

El primer sorprendido con el hallazgo fue el actual heredero de la corona francesa, Henri d´Orléans, conde de París, quien había considerado los exámenes "una pérdida de tiempo".

El descendiente de Luis XVIII (hermano del guillotinado Luis XVI que asumió el trono tras la caída de Napoleón) se había opuesto a los análisis, enfrentándose así con el príncipe Charles Emmanuel de Bourbon de Parme, quien presidió, en diciembre último, la ceremonia en la que el corazón fue removido de la basílica de Saint Denis para ser transportado en una carroza negra hasta una clínica parisiense donde se extrajo el ADN.

[1] http://www.lanacion.com/ Jueves 20 de abril de 2000 Publicado en edición impresa, Por Graciela Iglesias, Argentina. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=13818

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