SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

domingo, 18 de enero de 2009

Lecciones de conducta de un avión que se hunde


El accidente en el río Hudson revela cómo la gente se maneja en situaciones extremas
Lara Tarker-Pope The New York Times

NUEVA YORK.- Una de las imágenes más destacables del aterrizaje del avión de US Airways en el río Hudson es la foto de los pasajeros parados sobre las alas, esperando ser rescatados.
Pero para quienes estudian las catástrofes, no hay nada de sorprendente en la serena conducta de los pasajeros.

Amanda Ripley, autora del libro Lo impensable: ¿quién sobrevive cuando el desastre golpea y por qué ? (2008), señala que en este accidente aéreo, como en otros desastres muy importantes, las personas tienden a estar calmas, calladas y atentas a brindar su ayuda a otros.

"Hemos oído de boca de personas que estaban en el avión que, una vez que se estrelló, el sonido prevaleciente no eran los gritos, sino el silencio, lo que es típico", dijo Ripley, que durante años cubrió periodísticamente inundaciones, accidentes aéreos y otros desastres para la revista Time .
En su libro, incluye las crónicas de cómo individuos y grupos se han comportado ante distintas situaciones de catástrofe. Ripley recuerda, por ejemplo, el relato de los sobrevivientes del atentado contra el World Trade Center, que describían cómo las evacuaciones por las escaleras eran tranquilas y ordenadas, a pesar del caos que los rodeaba.

"Uno no percibe el caos o la histeria que esperaría -dice Ripley-. Eso no significa que la gente no esté asustada. Significa que sus cerebros están prestando atención a todo lo que está sucediendo, esperando órdenes." Una gran decisión

Si bien mucho se ha dicho sobre la capacidad de respuesta y de aterrizaje del piloto que descendió sobre el Hudson, Ripley destaca que una pequeña decisión -el que se haya tomado el tiempo para advertir a los pasajeros que se prepararan para el impacto- tuvo un rol importante en que se hayan podido salvar sus vidas.

"Lo que hizo es particularmente importante, dada la forma en que opera el cerebro. Hay pilotos y tripulaciones que prefieren no decir a los pasajeros lo que sucederá porque no quieren enloquecerlos. Pero cualquier advertencia, puede colocar al cerebro en una actitud correcta. Sabemos que las personas son muy obedientes en las catástrofes, por lo que es de mucha ayuda dar ese tipo de órdenes."

"Pienso que, de alguna forma, es un grandioso y maravilloso ejemplo de la capacidad del ser humano de manejarse realmente bien bajo presión extrema", concluyó Ripley.
Segundos antes de realizar el milagroso aterrizaje de emergencia en el río Hudson, que permitió que los 155 ocupantes de la aeronave salvaran sus vidas, el piloto Chesley Sullenberger afirmó a los controladores aéreos que los motores del avión se detuvieron en pleno vuelo tras colisionar con una bandada de aves.

Así lo confirmó ayer Kitty Higgins, de la Oficina Nacional de Seguridad de Transporte (NTSB), quien dijo que el piloto informó a los controladores justo después del despegue: "Golpeamos aves. Perdimos fuerza en los dos motores. Estamos regresando".

Cuando aún perduran los ecos de la maniobra de emergencia del jueves, ayer continuaban los trabajos para retirar el avión del agua y encontrar más respuestas a las causas del accidente. Hasta el momento se pudo constatar que la turbina derecha, que se creía en el fondo del río, estaba en su lugar. "Se encuentra sujeta al ala pese al impacto del acuatizaje de emergencia", afirmó Peter Knudson, vocero de la NTSB.

Las autoridades pensaban que ambas turbinas se habrían desprendido y estarían hundidas en el río, y por tal razón realizaban una intensa búsqueda con un sonar y un equipo de buzos en las agitadas y casi congeladas aguas del Hudson.

La necesidad de encontrar las turbinas se debe a que se cree que pueden encontrar más datos sobre el accidente.

"Nos han dicho que es increíble la cantidad de ADN que puede quedar para darnos información concreta sobre el tipo de ave del que se trataba", apuntó ayer Higgins en conferencia de prensa.
En cuanto al resto del avión, el NTSB informó que será necesario sacarlo del agua para recuperar las grabaciones de voz y datos del aparato, ya que la fuerte corriente y las bajas temperaturas impiden acceder a ellas.

Higgins detalló que "el plan es elevar al avión, ponerlo sobre una barcaza y entonces retirar las grabaciones" que se encuentran en la cola de la aeronave.
Agencias AP, EFE, ANSA y AFP

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