SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

lunes, 15 de diciembre de 2008

Más muertes en las rutas


Es preciso adoptar medidas de fondo para evitar la repetición de graves accidentes, como los del último fin de semana largo




Veintidós muertes por causa de los accidentes ocurridos en las rutas argentinas durante el último fin de semana largo del año representan un saldo demasiado trágico, incluso para un país como el nuestro, penoso líder en materia de accidentes de tránsito.

La inconducta o la tendencia a la transgresión parecería ser innata en una parte considerable de quienes habitamos este país. Confundimos el admisible ejercicio de la libertad con la negativa tendencia a desobedecer las leyes y las reglamentaciones en vigor. Hablamos por teléfono, lo hacemos sólo con una mano, conversamos con nuestros acompañantes, ingerimos al mismo tiempo bebidas y alimentos, o fumamos, lo hacemos bajo los efectos del alcohol y aun sobrios, no les prestamos atención a la señalización, al estado del camino y a las maniobras de los automotores próximos.
Una cantidad de imprudencias exacerbadas por el hecho de que las fábricas producen vehículos cada vez más veloces, y escasean los conductores realmente conscientes de cuáles son los límites reales de su capacidad de manejo. Es aquí donde se advierte la imperiosa necesidad de aplicar el sistema de puntos o scoring para la renovación de los registros de conducir.

A la elevada cantidad anual de muertes sin el menor sentido hay que agregar las consecuencias que involucran a terceros inocentes; las discapacidades resultantes de las heridas graves que padecen, casi siempre, los sobrevivientes; las pérdidas materiales; las ingentes sumas requeridas por las indemnizaciones, y la compensación de los daños, y los miles de horas de trabajo desperdiciados por esta demostración de inconsciencia colectiva.

Sin embargo, ha sido estéril cuanto se ha hecho hasta el momento para revertir esta gravísima realidad. Ahora, las autoridades bonaerenses han dispuesto volver a controlar los excesos de velocidad en las rutas mediante el uso de radares. Interpretan que, a modo de beneficio agregado, el conocimiento de que esos medios de control están al acecho obrará como disuasivo sobre el ánimo y las malas intenciones de muchos conductores.
En teoría, la idea es positiva; lástima que son harto conocidos los abusos cometidos en municipios y puestos policiales al amparo de esta modalidad imperativa que le niega al conductor sensato la posibilidad de defenderse ante acusaciones infundadas.

Nadie en su sano juicio discute que la gravedad de la situación impone aplicar medidas extremas, sobre todo ahora cuando ya está en curso de desarrollo la temporada veraniega.
Se trata de una empresa que requiere ser abordada en el nivel nacional, de manera que, sin violar las autonomías provinciales y municipales, se llegue a criterios unificados que le pongan punto final a la inexplicable vocación suicida que se apodera de muchísimos conductores apenas comienzan a rodar sus vehículos por nuestras rutas.

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