SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

jueves, 4 de diciembre de 2008

LA PROSTITUCION EN LA ANTIGÜEDAD



Se considera que fueCaldea la cuna de la prostitución. Los caldeos era una de las tribus que rodeaban a Babilonia. desde el siglo IX al VI antes de Cristo, se asentaron en el territorio a lo largo del golfo Pérsico, al sudoeste de la Mesopotamia.

Eran un pueblo de cazadores, pero también una civilización avanzada que fundo los ciminetos de la astrología, la astronomía y la matemática. Tuvieron además , una fuerte relación con la cuestión de la carne.

Era común que los hombres de aquellos tiempos recorrieran grandes extensiones de tierra y llegaran a las ciudades para solicitar hospedaje y alimentos. Cuando el forastero acudía a suplir estas necesidades, el hospitalario caldeo incluía entre sus favores la posibilidad de servierse de su esposa o de su hija, incluso que era vírgen.

Dar alimento y hospedaje era una obligación para los caldeos, al igual que entregar a una de sus mujeres para el exhausto viajante . Hay quienes consideran que tamaña hospitalidad estaba relacionada cpm la profunda religiosidad de los caldeos, quienes recebían a los speregrinos con honores, en la sospecha de que pudiera tratarse de dioses.

El profundo enlace que existía en este pueblo entre sexo y religión queda aún mas expuesto en la figura de Milita, la deiddad que representaba al planeta Venus, Los caldeos creían que los planetas y algunos astroos eran dioses. El sol era lo más importantes de ellos, junto con la luna y Venus. Milita ( también llamada Ishtar ) era la diosa de la fecundidad y del amor, el equivalente a la Venus romana y la Afrodita griega.

el griego Herodoto (484 a.C- 425 a.C) , autor de una primera historia de estos pueblos mesopotámicos, explicó en Historiae, cómo los caldeos ejercían una prostitución religiosa. De a cuerdo con él, los babilonios tenían una costumbre vergonzosa, toda mujer nacida en el país estaba obligada una vez en su vida a ir al templo de Milita para entregarse en él a un extranjero.
Las mujeres estaban obligadas a sentarse en tierra en un sitio dependiente del templo con una corona de flores en la cabeza y un cinturón de cuerdas alrededor de la cintura, como representación de su pudor.

El extranjero debía elegir la mujer que más le agradara y luego arrojarle dinero en el regazo diciendo. "Invoco a la diosa Milita". Así podía llevarla consigo, para romper el cinturón de cuerdas y satisfacer, a la vez, sus necesidades carnales y el tributo a la diosa.
De acuerdo com Herodoto, la moneda de plata podía ser cualquier tamaño y la dama en cuestión no podía negarse a la cópula, cualquiera fuera el dinero recibido o los atractivos del hombre que la demandara. Recién entonces podía abandonar el templo.

El problema lo tenían las mujerees menos agraciadas. Las bellas y las esbeltas pronto quedaban libres, pero otras que eran feas tenían que permanecer un largo tiempo antes de cumplir la ley. Alguna debían esperar hasta tres años y cuatro años en el recinto, describe Herodoto.

Las costumbres caldeas atraían a extranjeros a un festín sexual. Sin embargo , para este pueblo se trataba de prácticas religiosas que daban lugar a lo que se conoce como prostitución sagrada, una forma que , por lo menos desde la retórica , nada tenía que ver con el desenfreno de la carne.

En el templo de Ishtar vivían sacerdotisas consideradas como las hijas de la diosa. Estas mujeres debían entregar su cuerpo como forma de consagración de Ishtar. La fornicación se realizaba con hombres que entregaban un pago a cambio, sin otras prácticas que el coito directo.La transación entre el cuerpo y dinero no impedía que las sacerdotisas gozaran de prestigio y reputación en la sociedad caldea.

Otras prácticas fundían el sexo y la religión. En el crepúsculo , apenas asomaban los primeros brillos de Venus, una vírgen que hasta entonces había permanecido recluída, caminaba rumbo al Zigurat, la pirámide de siete pisos con lo que los caldeos pretendían llegar a sus divinidades. No estaba sola la acompañaba el Urigallu, guardían del lugar sagrado, los sacerdotes menores, magos y hechizeros.

Una vez en lo alto, la sacerdotisa debía permanecer toda la noche esperando la visita del dios Marduk, patrono de Babilonia, personificado en la humanidad de un sacerdote.
No sólo las mujeres debían sacrificarse para alabar a los dioses. Al mismo templo de la diosa Ishtar acudían hombres para ofrecer sus genitales como ofrenda. El rito de la autocastración era usual entre sacerdotes y militares, como símbolo de entrega y renunciamiento a la procreación natural.

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