SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

martes, 23 de diciembre de 2008

Afirman que el flogger murió de un paro cardíaco. Por qué se enfrentan las tribus


Juan Carlos Vaca Corresponsal en Córdoba
CORDOBA.- "La autopsia arroja que el chico no tiene evidencias de golpes contundentes en el cuerpo", afirmó anoche a LA NACION una fuente autorizada de la justicia provincial en relación con la muerte del flogger Guillermo Joel Cáceres, de 16 años, producida anteayer en la pequeña localidad de Las Tapias, a la hora de salida de los boliches bailables.

Guillermo murió anteayer, a las 7.40, en el Hospital Regional de Villa Dolores. Una hora antes, al salir de un boliche de Las Tapias -un pueblito vecino-, junto con cuatro amigos, se había cruzado con otra barra de ocho o diez jóvenes. Integrantes de ésta los agredieron verbalmente, incluyendo algunas expresiones que aludieron a la moda flogger . Y al menos uno de ellos habría golpeado a la víctima.


El informante agregó que el paro cardiorrespiratorio que provocó el fallecimiento pudo ser determinado por un derrame cerebral originado "en el susto o el estrés" causado por el incidente que el grupo del chico mantuvo con otros jóvenes a la salida de dos locales del lugar.


Hasta ahora, el único detenido acusado por la muerte de Guillermo es un menor de 17 años, hijo de un policía, mientras que otro sospechoso es hijo del jefe comunal del pequeño poblado. Una versión indicaba anoche que la imputación podría virar de homicidio simple a preterintencional.


La fuente que habló con LA NACION descalificó las interpretaciones sobre un ataque a chicos floggers . "Hay un solo testigo, que dice que es uno solo el que le pega (a Guillermo) y por eso hay un solo preso", apuntó.


Desmintió igualmente a uno de los jóvenes, que aseveró ayer a los medios de prensa haber presenciado la golpiza y que el chico fallecido presentaba la tráquea destrozada. "Nada, la autopsia no certifica eso de ninguna manera", puntualizó. Indicó que todo eso consta en el expediente labrado y figurará en el informe oficial de la autopsia adjunto a aquél.


En tanto, el padre de Guillermo, Elías Cáceres, de 69 años, un minifundista que se gana la vida cultivando hortalizas y criando unos pocos animales domésticos, no reparaba en conjeturas. Simplemente dijo: "Pido justicia, que la muerte de mi hijo no quede impune, espero que (a quienes lo mataron) les den su merecido".

Reclamo de justicia
Ayer, a media tarde, tres centenares de personas, en su mayoría compañeros de escuela y amigos de Guillermo, acompañaron su féretro hasta el cementerio de Villa Sarmiento, una población vecina a Villa Dolores y cercana al lugar donde se produjo el ataque que le costó la vida, en Las Tapias. Al atardecer bastante más gente se reunió en la plaza Mitre de Villa Dolores para clamar por lo mismo que Elías: justicia.


Contradiciendo los datos aportados por fuentes tribunalicias, la madre de uno de los amigos de Guillermo, Sandra, afirmó que "hay testigos de que se encarnizaron hasta que lo vieron muerto".


El chico era el único hijo de Elías. Vivían juntos en Sauce Arriba, un barrio de Villa Sarmiento. Se esforzaba para que el chico estudiara. Aspiraba a que completara el secundario y, luego, eligiera, si quería, seguir los estudios. "Yo lo hubiera ayudado", confió el padre a LA NACION.


"Ahora, me he quedado solo", concluyó, acongojado. Su esposa y madre de Guillermo falleció hace un año y nueve meses.


El director de la escuela a la cual asistía Guillermo, el Instituto Provincial de Educación Media, David Rubiolo, consideró que la muerte del adolescente fue consecuencia de "la estupidez colectiva" y que le podría haber ocurrido a cualquier joven "no por ser flogger ", sino por simpatizar con cualquier cosa distinta.



Los especialistas advierten sobre el surgimiento de una floggerfobia


Primero fueron los emos. Les pegaban por ser seres tristes. Y en torno a esa consigna se formó una nueva tribu urbana que cosechó adeptos en todo el mundo: los antiemos.

El movimiento flogger , en cambio, surgió hace dos años en la Argentina y la moda se extendió a otros países, como Uruguay y Chile. La floggerfobia no tardó en brotar en el país y convocó a integrantes de otras tribus urbanas, como los cumbieros o los rastafaris e incluso a adolescentes que no comulgan con ninguna de las tribus.

"No se trata de un enfrentamiento ideológico. Es una cuestión de clases. Los floggers en general pertenecen a clases medias y altas y los varones no adoptan un look muy masculino. Ellos no son violentos, sino que están siendo receptores de violencia. Desatan bronca en sectores económicos más desfavorecidos", opinó María José Hooft, responsable de la cátedra Subculturas Juveniles del Instituto Bíblico del Río de la Plata, autora del libro Tribus urbanas.

Los floggers son adolescentes que pasan sus días sacándose fotos y subiéndolas a Internet en su fotolog . Se visten con pantalones chupines, ropa de marca, aman el glamour y los colores vivos, usan lentes de sol llamativos y peinan el 80 por ciento de su cabellera hacia un mismo lado.
Algunos de ellos alcanzaron fama y fueron contratados por sumas millonarias por marcas como Nike para ser la cara de su campaña publicitaria. Otros cosecharon seguidores que pagan por verlos en desfiles o simplemente les giran dinero, les pagan sus consumos en Internet y les agradecen una y mil veces "por existir".

"Hay mucha violencia social reprimida y la figura del flogger abre la puerta para desatar esa violencia. A quienes los agreden les genera bronca que sean adolescentes que tienen todo y que se hacen famosos y ganan plata por no hacer nada. Ese es el argumento", explica Hooft. Por temor a ser atacados por grupos antifloggers , algunos integrantes de esa tribus ya no se visten como sus pares si salen solos.

"Muchas veces se identifica a las tribus como grupos violentos, y no es así. Algunos representantes pueden ser agresivos, pero la tribu es un grupo de pertenencia y de construcción de la identidad. Los emos han sido el grupo de reinserción de chicos que habían sido marginados. Lo violento y peligroso es que existan adolescentes sin grupo de pares. Un adolescente sin amigos con un arma cerca es un Bowling for Columbine en potencia", explica Marcelo Urresti, sociólogo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, que dirige una investigación acerca de las nuevas tribus.

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