SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

martes, 25 de noviembre de 2008

LA REALIDAD DEL ENTRENAMIENTO DEL TIRO POLICIAL EN ESPAÑA

INSTRUCTOR CECILIO ANDRADE

Este es un tema del que cada día se habla más en círculos profesionales. La necesidad de mejorar los sistemas de entrenamientos y la filosofía de los mismos, es algo que urge en la mayor parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de nuestro país, incluso en unidades a las que se les supone una formación exquisita, pero por más que se hable del tema, nadie termina de meter mano en el asunto a nivel oficial.

Desde la Asociación Española de Instructores de Tiro Policial, se está luchando para que se sienten bases serias y eficaces, es más, desde la AEITP ya se están sentando criterios eficaces en los cuales muchos Cuerpos de Policía Local se están basando para la correcta instrucción de sus plantillas. También se pretende desde esa asociación, unificar criterios y modernizar las técnicas y tácticas, para hacer de los agentes, personas más seguras y eficaces en el empleo de las armas y para ello antes hay que reciclar seguramente a muchos instructores.

Pero no es suficiente. Que unas cuantas plantillas de policía tengan una ordenada y correcta filosofía del entrenamiento y que otras muchas plantillas de las FYCS del país aún sigan con arcaicas instrucciones de tiro, con posiciones o técnicas de tiro imposibles de realizar en situación real de enfrentamiento y que solo son asimilables y eficaces en la galería de tiro y a distancias que no se aproximan a las de los enfrentamientos reales, no es serio ni efectivo.

Hay que desterrar los viejos miedos y mitos que rodean a la inmensa mayoría de instructores de tiro policial de España, esos mitos y leyendas urbanas que se transmiten de promoción en promoción, de maestro a alumno, y que se vienen dando como hechos ciertos por la única razón de que “fulano de tal” así lo manifestó en un curso o en un ejercicio de tiro, cuando casi siempre el “fulano de tal” que dijo aquello no era más que otro al que habían engañado durante años, porque al final se constata que ninguno intentó comprobar si eso o aquello que le contaron, es cierto o es falso.

En otras ocasiones los mitos y leyendas urbanas, llegan de la mano de compañeros que por el hecho de haber estado algún tiempo en una determinada unidad, y manifestar tal o cual cosa, ya son esas manifestaciones tomadas como dogmas de fe.

Un entrenamiento moderno, serio y eficaz debe desterrar la enseñanza de muchas posiciones o técnicas de tiro, las cuales no guardan las unas con las otras, la más mínima similitud de asimilación, provocando que el alumno-agente tenga que aprender varios nombres de técnicas y a la vez varias formas de empuñar el arma, de colocar los pies, las manos, los codos, los hombros, etc…

Es en la galería de tiro, sin tiempo límite de ejecución del ejercicio, sin presión y sin estrés, y los alumnos no siempre consiguen adoptar la posición ordenada, de modo correcto, y cuando están comprendiendo el modo de colocar el pie, la mano, el codo, la otra mano…le dicen que ahora siga tirando con la técnica “x” cuyo método es totalmente diferente….eso no lleva más que a que cuando el tirador se vea en situación de estrés y en enfrentamiento real, haga algo distinto a todo lo que aprendió, algo natural, algo que solo su afán de sobrevivir le indica como y que hacer, pero eso en algunos casos pues en la mayoría de las ocasiones seguramente no podrá reaccionar de ningún modo efectivo.

Las diferentes posibilidades requieren disparos de muy distinta realización.

Por ejemplo, el combate urbano puede darnos la posibilidad de un disparo a distancia intermedia contra un blanco inmóvil, para inmediatamente pasar a uno más o menos fácil a la carrera, y por último, en la fase final del asalto, disparar a distancias de tiro instintivo o de combate.

Por la contra, en el combate en montaña, podemos estar seguros de que vamos a realizar muchos disparos lejanos, y en cualquier caso no muy cortos.

Está claro que cada cual cree que su técnica es la mejor forma de disparar.

Para los que como yo pensamos en la máxima:

“UN DISPARO UNA BAJA”, y cuanto más lejos mejor... ¡es la única forma de disparar!

La práctica, madre de toda experiencia.

Muchos tiradores lo son más de “boquilla” que de dedicación. El echo de tirar de vez en cuando, cuando a la unidad le toca tiro, el vacilar de haber vaciado “equis”cargadores o cartuchos, el ser capaz de meter más puntos repartidos por todo un blanco, el ser capaz de repetir nociones teóricas de tiro más o menos reales, el exigir su realización aún en contra de las posibilidades de su alumno, el pensar que esas técnicas están muy bien para los demás pero yo tengo mi teoría propia, no es dedicación. Por el contrario, preocuparse, atender, aprender y, sobre todo, practicar, esa es la verdadera dedicación.

Se debe practicar todo, absolutamente todo, el movimiento del disparador, a respirar, a montar, a colocar la cruz sobre el blanco correctamente, a colocar el fusil siempre y metódicamente igual (el echo de que este un poco inclinado no es tan importante como el que siempre corrijamos con la misma inclinación en el arma), a calcular caída y deriva del proyectil, etc etc etc ...

El disparador.

El dominio del disparador, no por obvio resulta más o mejor atendido. Todos hemos oído hasta la saciedad lo de no pegar gatillazos o dedazos, y lo de que el disparo debe sorprendernos. Aún así no he visto a casi nadie (salvo “descerebrados” como yo quizá), practicando en seco hasta ser plenamente conscientes del momento en el que se produce el disparo o “desenganche”. Es decir, saber en todo momento en que punto del recorrido está el disparador, conocer de antemano lo que se va a producir, y cuando.

El buen tirador debe practicar constante y metódicamente la presión de su disparador, hasta que ello se convierta en un acto reflejo, inconsciente y eficaz; como caminar por ejemplo.

No creo que sea necesario insistir en lo importante que este aspecto resulta para un buen tiro a larga distancia, donde la menor desviación producida por un mal control producirá un error de varios centímetros.

La posición del arma.

Sabemos de siempre y sobre todo de las continuas y repetidas teóricas de tiro, que la trayectoria de la bala es ascendente, saliendo por debajo de la línea óptica de la mira para cortarla hacia arriba y caer por debajo después.

Vista desde atrás esta ascensión y caída se efectúa sobre una línea vertical que une los dos centros, el del ánima y el de la mira.

De esta forma, si disparamos con el rifle un poco girado hacia la derecha, por ejemplo, la línea vertical también quedaría inclinada hacia ese lado y la ascensión de la bala haría lo mismo. El impacto iría a la derecha. Si el visor está correctamente regulado para el arma en posición vertical, iría más a la derecha aún, desviación que aumentaría con la distancia.

Algunas ópticas para francotiradores o para bench-rest poseen un nivel para poder corregir esta situación.

De todas formas la mejor solución es practicar hasta que el arma esté siempre en la misma posición de forma instintiva.

Durante cientos de años la naturaleza humana ha tenido grabado en su código genético la reacción de pelea o escape. El mismo es el cambio que el cuerpo humano tiene en momentos de peligro donde el cuerpo envía un cóctel químico el cual prepara el cuerpo para pelar o escapar, el mismo es iniciado por el hipotálamo una parte de nuestro cerebro que inicia el cóctel de epinefrina, cortisona y adrenalina entre otros químicos de manera de preparar nuestro cuerpo para la situación de peligro que se avecina.

Esta reacción in nata que compartimos con animales fue estudiada por Walter Cannon en 1915. Los cambios corporales percibidos son:

· Movimiento de la sangre oxigenada del abdomen a las extremidades para su uso para combate o para escapar el peligro.
· Dilatación de los vasos sanguíneos de las extremidades para la llegada más rápida de sangre oxigenada.
· Nuestras pupilas se dilatan trayendo mas luz dentro de los ojos de manera deponer identificar mucho mas rápido el peligro que percibimos.
· Dilatamos las entradas de la nariz y abrimos la boca un poco para poder respirar más profundo y llevar mas oxigeno, as su vez aumentamos nuestra respiración.
· Nuestro cuerpo trata de salir de todo desperdicio dentro del mismo para poder aligerar su carga para el escape.
· Nuestras glándulas de saliva y de lágrimas para conservar líquidos.
· Nuestras acciones tienden a ser mas reflexivas que consientes

Estos son solo algunos de los cambios que experimentamos en nuestro cuerpo los cuales son la manera de la madre naturaleza nos prepara para sobrevivir.

Nuestro pensamiento racional es disminuido y nuestra reacción de pelea y reflejo son agudizadas de manera de poder ganar tiempo a que nuestro cerebro pueda manejar la gran cantidad de información que está recibiendo y desarrollar un plan de acción a seguir según nuestras experiencias y conocimientos.

Si nuestro cuerpo percibe que el peligro es uno de tal nivel en el cual la lucha o escape no son posibles entonces nuestra reacción tiende a ser una contraria, nuestra respiración y latidos disminuyen y nos congelamos o en algunos casos podemos desmayarnos. Este es el tipo de reacción que queremos evitar en un momento de peligro.

Ahorra que conocemos las reacciones de nuestro cuerpo podemos ver cómo es que podemos tomar control de las mismas. Nosotros tomamos la información bajo la cual actuamos de la siguiente manera:

· Analizamos
· Decidimos
· Actuamos

Este es un proceso cuya velocidad de ejecución es dictada por los conocimientos, experiencias y nivel de alerta que tengamos al momento de enfrentar el peligro percibido.

Los niveles de alertas según designa Jeff Cooper considerado padre de la técnica moderna de manejo de la pistola los son:

· Condición Blanca: este es el estado mental que tristemente mayormente esta la población moderna, donde se encuentran ocupados en sus pensamientos y prestando poca atención a aquello que esta pasando a sus alrededores. En este estado no se puede reaccionar de una manera eficiente a un peligro o amenaza.

· Condición Amarilla: este es el estado que todos tenemos que mantener cuando nos encontramos fuera de nuestra zonas de seguridad, este estado requiere que estemos alerta de aquello que nos rodea y los movimientos generales de las personas y/o vehículos a nuestro alrededor. En este estado estamos constantemente reevaluando en ambiente alrededor nuestro.

· Condición Naranja: este es el estado en el cual nuestra atención es dirigida a una posible amenaza y al área alrededor nuestra por la aparición de otra amenaza simultánea o en apoyo a la ya percibida.

· Condición Roja: este es el estado mental que tenemos durante el combate mismo donde estamos analizando cada cambio, tomando decisión de cómo debemos reaccionar y tomando la reacción que entendemos apropiada.

La reacción de sorpresa es una la cual no podemos escapar ya que está grabada en nuestro código genético, cuando nos encontramos en condición blanca y somos sorprendidos nuestras manos subirán a la altura de nuestro pecho, tensaremos los músculos, subiremos los hombros y su vez encogeremos el cuello para bajar la baza y el cóctel químico mencionado anteriormente entrara en nuestro cuerpo causando los cambios previamente mencionados y todo a razón de fracciones de segundos y comenzaremos el ciclo de análisis, decisión y acción.

En condición amarilla y naranja nuestro ciclo de reacción de análisis decisión y acción son mucho más cortos porque previamente ya estábamos en un estado de alerta el cuan nos estaba preparando en diferente niveles a el peligro encontrado.

En condición roja nos encontramos en pleno combate o huida reaccionando y actuando bajo la experiencia y reflejos engranados en nuestro sistema.

Después de leer, estudiar e intentar captar y comprender todos los matices posibles, me atrevo (osado yo) a sacar una lista de los puntos que me han venido a la mente y considero importantes respecto las operaciones en Irak, de nuestros hasta no hace mucho aliados norteamericanos.

Son puntos que unas veces reafirman conocimientos anteriores, otras veces invalidan principios asumidos y otras aparecen de forma innovadora y sorprendente. Solo remarcaré aquellos que a mi, personalmente, me han planteado el pensar en métodos y sistemas de trabajo.

Los dividiré en varios temas.

Instrucción.

• Familiarizarse con las granadas de mano. Muchos de los combatientes se encontraron con la desagradable sorpresa de la capacidad de destrucción y el enorme estampido sónico de las granadas de mano.

Ha habido casos de que una granada de mano ha derribado la endeble estructura (por serlo en si misma o por estar debilitada a resultas de los combates) de uno de los inmuebles, llegando incluso a atrapar a personal norteamericano.

La explosión así mismo puede provocar proyecciones de trozos de muebles o similares, o levantar tal nube de polvo que impida totalmente la visión e incluso el simplemente respirar. Los suelos de las casas en estos países tercermundistas es muchas veces de tierra humedecida y apisonada simplemente, lo cual provoca estas nubes que tardan un buen rato en asentarse.

Por otro lado, la instrucción general de la gran mayoría de los ejércitos occidentales, respecto a las granadas de mano, siempre va encaminada a su lanzamiento y explosión en un campo específico y siempre en el exterior y con distancias y entornos de seguridad.

Con lo cual, para el combatiente ordinario, la explosión de una granada, a nivel cognitivo, queda simplemente como una explosión relativamente débil, a una distancia y en un entorno que no le perturba.

Ahora bien, por unos motivos de seguridad completamente lógicos, no conozco programas de instrucción de unidades convencionales que incluyan el lanzamiento de granadas reales dentro de una estructura, a través de una puerta, a menos de 10 m de distancia y simplemente con un muro de interposición. Consecuencia de ello es el efecto traumático que provoca esta enorme detonación para un combatiente novel, que solo recuerda esta explosión como algo suave y lejano.

Considero importante el diseño de programas, criterios y estructuras que permitan este tipo de instrucción con el 100% de seguridad de los instruidos.

• Cargar el mismo equipo durante la instrucción. Normalmente, en la instrucción diaria no se suele portar todo el equipo que se llevaría en combate, unas veces por no disponer de el, otras por no correr el riesgo de “estropearlo”, otras (las más) por que “para que si no lo voy a utilizar”, y algunas (me gustaría que las menos) por un simple “voy más cómodo así”.
Nos encontramos que ese combatiente que en el cuartel era un gamo, corriendo, saltando, trepando; en el momento que se le coloca un chaleco de protección (del tipo que sea), casco, un correaje completo con todos los cargadores llenos, granadas, botes de humo, radios, agua, equipo e combate general, gafas de visión nocturna, prismáticos, etc., apenas puede hacer algo más que trotar.

Considero fundamental una frase que empleo mucho en mis clases “entrena como trabajas, trabaja como entrenas”.

Algunas unidades dotan a sus hombres con cargadores lastrados, lanzagranadas inertes lastrados, botes de arena simulando botes de humo o granadas, etc. Siempre con el mismo peso y volumen que los objetos reales. Todo ello con vistas a que aprenda a colocar, transportar, en definitiva, a combatir como lo hará en la realidad.
Si ello no es así, la eficacia y rendimiento de estos hombres puede descender a niveles totalmente inadmisibles para la supervivencia en combate.

• Instrucción del idioma. Siempre se suele dar a cada combatiente un manual de zona con frases tipo. Pero muchas veces todo queda en un “léetelo”. Además suelen ser frases de situaciones pacíficas, “hola”, “¿cómo está Ud.?”, “¿cuánto cuesta?”, etc., y como mucho alguna como “¡Alto!”, “No se mueva”, “arriba las manos”, etc. Pero se echan en falta frases de las comúnmente empleadas en combate, no tanto por comunicarnos con el enemigo, como por saber que pueden estar diciéndose. Frases como “no tengo munición”, “estoy herido”, “granada”, “lanzo”, etc., oídas desde el lado el enemigo pueden ayudar muchas veces a saber cuando podemos hacer o no algo.
Amen por supuesto poder pronunciar frases para conminarlo a rendirse, entregar sus armas, explicarle que debe hacer cuando se ha rendido (manos arriba, tire sus armas, quietes el chaleco, desde la vuelta, etc.), etc.

• La integración Carros / Ingenieros requiere instrucción previa.
Los presupuestos no suelen ser muy holgados por lo que las maniobras conjuntas suelen ser raras e incompletas. Quizás algo tan simple como la coordinación de fechas y lugares, a la hora de planear el programa anual sería rentable, eficaz y muy necesario.

• Simunition añade realismo a la instrucción. La mayoría de los combatientes entrevistados y que habían sido entrenados con simunition, comentaban que apenas dudaron en su reacción ante la boca de fuego de un arma enemiga.

No existen datos numéricos para contrastar índices de supervivencia respecto a personal entrenado con simunition o sin ella. Pero si testimoniales respecto a que el hecho de que haberse encontrado ya delante de un arma de fuego, haber visto y oído su estampido, recibir un impacto (más o menos doloroso, según individuo y lugar alcanzado), y analizar el por que de haber sido tocado, les ha hecho encontrarse menos bloqueado y paralizado ante su primer tiroteo.
Es un comentario personal de los implicados, pero, pienso, muy a tener en cuenta.

• Instrucción en Zonas Urbanas. Este punto es muy evidente. Pero no por ello es mejor aplicado. Por desgracia sigue existiendo mucha gente que piensa que no es necesaria una instrucción tan especializada para este combate, bastando cursillos y fases más o menos cortas de instrucción programada.

En esto si hay datos, tanto norteamericanos como británicos. Ambos coinciden en un dato principalmente. Las unidades que han recibido una instrucción general y limitada, han sufrido un 41% en el caso USA, y un 37%, más de bajas que las unidades que habían recibido por otro lado, una instrucción más especifica y especializada.
En este porcentaje se incluyen no solo unidades de infantería, si no también unidades blindado-acorazadas.

No se trata de formar maestros, pero si especialistas, por suerte o por desgracia la especialización se está imponiendo en todos los campos humanos, y la guerra no es menos.

• Hora y media para limpiar una casa ocupada sin hacer fuego. En instrucción se tardaba menos de quince minutos en limpiar una edificación de tres plantas de tipo estándar. En combate llego a alargarse hasta horas. Los motivos son muchos, falta de instrucción, falta de medios, de apoyos, baja moral, etc.

Es por lo que deben incluirse los factores estrés e imponderables en toda instrucción de combate, hay que idear medios para intentar simular esos factores.
La máxima “instrucción dura, guerra fácil” cobra total y completa vigencia.

Durante cientos de años la naturaleza humana ha tenido grabado en su código genético la reacción de pelea o escape. El mismo es el cambio que el cuerpo humano tiene en momentos de peligro donde el cuerpo envía un cóctel químico el cual prepara el cuerpo para pelar o escapar, el mismo es iniciado por el hipotálamo una parte de nuestro cerebro que inicia el cóctel de epinefrina, cortisona y adrenalina entre otros químicos de manera de preparar nuestro cuerpo para la situación de peligro que se avecina. Esta reacción in nata que compartimos con animales fue estudiada por Walter Cannon en 1915. Los cambios corporales percibidos son:

· Movimiento de la sangre oxigenada del abdomen a las extremidades para su uso para combate o para escapar el peligro.
· Dilatación de los vasos sanguíneos de las extremidades para la llegada más rápida de sangre oxigenada.
· Nuestras pupilas se dilatan trayendo mas luz dentro de los ojos de manera deponer identificar mucho mas rápido el peligro que percibimos.
· Dilatamos las entradas de la nariz y abrimos la boca un poco para poder respirar más profundo y llevar mas oxigeno, as su vez aumentamos nuestra respiración.
· Nuestro cuerpo trata de salir de todo desperdicio dentro del mismo para poder aligerar su carga para el escape.
· Nuestras glándulas de saliva y de lágrimas para conservar líquidos.
· Nuestras acciones tienden a ser mas reflexivas que consientes

Estos son solo algunos de los cambios que experimentamos en nuestro cuerpo los cuales son la manera de la madre naturaleza nos prepara para sobrevivir.

Nuestro pensamiento racional es disminuido y nuestra reacción de pelea y reflejo son agudizadas de manera de poder ganar tiempo a que nuestro cerebro pueda manejar la gran cantidad de información que está recibiendo y desarrollar un plan de acción a seguir según nuestras experiencias y conocimientos.

Si nuestro cuerpo percibe que el peligro es uno de tal nivel en el cual la lucha o escape no son posibles entonces nuestra reacción tiende a ser una contraria, nuestra respiración y latidos disminuyen y nos congelamos o en algunos casos podemos desmayarnos. Este es el tipo de reacción que queremos evitar en un momento de peligro.

Como siempre se tiende a comparar francotiradores militares y policiales voy a comenzar una serie de articulos separados, para que si os interesa podais discutirlos. Basicamente intentaré explicar lo que yo considero como diferencias dentro de estos dos colectivos de francotiradores.

Uno de los mayores errores tácticos, y quizás de más trágicas consecuencias, es el de pensar que un francotirador policial, entrenado como tal puede actuar directamente en una acción militar. En el caso contrario, un francotirador militar interviniendo en una acción policial, la situación puede ser aun peor si cabe.

Las diferencias son grandes. Tanto desde el punto de vista técnico como del procesal. Tácticas, organización, equipo y planeamiento, en todo su conjunto sufren enormes modificaciones. Si bien las técnicas de tiro, tácticas de campo y conocimientos generales son en principio idénticas, los conceptos de aplicación varían sustancialmente.

Vayamos por partes.

Algo con lo que debe convivir el francotirador, el estrés.

Tanto si es un francotirador militar, como si lo es policial, el estrés forma parte de su mundo y sus vivencias. Como se reproduce este estrés, así como afecta a cada tirador, no solo es consecuencia del individuo, si no también de las distintas misiones de ambos colectivos.

Normalmente el francotirador militar opera tras las líneas, debe moverse de una forma calculada, atenta, alerta y minuciosamente segura, ya que en su invisibilidad e indetectabilidad está su supervivencia. Un mal paso, un gesto a destiempo, una falta de atención, pueden atraer (y seguro que lo harán) un diluvio de fuego sobre el. Tras cada disparo debe desaparecer. La relajación no existe mientras permanezca de “caza”, y no regrese a su “casa”, a sus líneas.

Todos sabemos que el estrés llega a incapacitar totalmente para el combate. Tras cuatro o cinco días, de 24 horas de estrés continuo, la capacidad de combate desciende hasta mínimos inadmisibles. Raramente se puede permanecer más de un semana soportando este tipo de “bombardeos”.

Un francotirador policial puede encontrarse en su casa, en zapatillas, viendo esa película que llevaba tanto tiempo esperando, con su esposa e hijo al lado, y quince minutos más tarde estar en un tercer piso frente a un colegio en una situación con rehenes.

Pero, tras esa salida intempestiva y entrada en posición, listo, alerta y preparado, seguramente (casi al 100%) estará ahí varios días hasta que pueda hacer (o mejor dicho, deba hacer) su disparo. Disparo que al final es más que probable que no realice, y así durante años, siendo muy posible que llegue a jubilarse sin haber tenido que abrir fuego letal jamás. Pero aun así debe estar dispuesto y capaz cada día de su carrera como francotirador.

Las operaciones militares con francotiradores (normalmente y salvo incidencias) llevan una preparación, una duración más o menos definida y unos marcos horarios claros y precisos. Un francotirador policial desgraciadamente no sabe ni el cuando, ni el como, ni el donde, ni siquiera sabe de que forma, los “malos” no avisan de sus acciones.

Permanencia en acción.

El límite temporal de francotirador militar en el campo viene marcado tanto por la cantidad de agua y alimentos que puede transportar, normalmente no más de cinco o seis días. Este periodo de tiempo puede en teoría alargarse si el francotirador recibe suministros de alguna forma (helicóptero, paracaídas, patrullas, zulos, etc.), pero esto no es realmente así. En realidad existe un límite psicológico muy difícil de superar, el que marca el tiempo que una mente y un organismo puede permanecer atento y enfocado dentro de un entorno hostil y de máximo estrés, que no suele ser nunca mayor de cuatro o cinco días.

Un francotirador policial debe llegar a su puesto con capacidad de permanecer en el mismo durante un mínimo de ocho horas sin recibir apoyo, suministros o incluso un relevo. Ahora bien, más de cuatro o cinco horas de vigilancia continua merman (normalmente) tanto sus capacidades, físicas y mentales, que muy difícilmente podrán seguir cumpliendo su misión de una forma efectiva, e incluso, si me apuran, segura. Si tras ese periodo es relevado durante un par de horas antes de regresar a su puesto, podrá continuar otras tres o cuatro horas, pero acabará sucumbiendo al agotamiento. Tras esto es aconsejable un periodo de descanso y de alejamiento del entorno operativo. El hecho de tener que estar un día o más en posición no puede entenderse que esto sea sin periodos de descanso y “desconexión”.

Si, en el peor de los casos, debemos esperar dos o tres días, antes de la resolución (el disparo) de la situación, y no hemos marcado y realizado periodos de descanso, desconexión y sueño, nos encontraremos con muy pocas posibilidades de realizarlo eficazmente. Con las posibles consecuencias que ese disparo errado conlleven o generen.

Ser consecuente de las propias capacidades.

Es evidente para todo tirador, del tipo que sea, que la diferencia entre un disparo preciso y uno errado, puede ser por causas muy variadas. Viento, error de cálculo de distancias, de velocidad del blanco, frío, cansancio, estrés, etc., etc., pueden ser algunos de los motivos de estos fallos, entre otros muchos.

Para todos está claro que un francotirador policial no puede fallar un disparo jamás, mientras que su colega militar puede permitirse “probar suerte”, ya que aun así, es más que probable que logre sacar beneficios de su actuación sobre el enemigo.

La mayoría de los objetivos que un francotirador militar tenga bajo su mira serán fugaces y repentinos, bajo condiciones climáticas variables de un instante al siguiente. Luz, humedad, viento, ángulo de situación no siempre podrán corregirse eficazmente. Así mismo, la distancia puede ser tal que multiplique tanto estos factores que el disparo solo pueda considerarse desde el punto de vista de “intentarlo al menos”. Ya que muy probablemente no tendrá otra ocasión mejor.

De esta acción, de resultar fallida, pueden sacarse dos cuestiones positivas a considerar principalmente. El enemigo tendrá que trabajar bajo la estresante condición de sentirse bajo un ojo vigilante y potencialmente letal, ralentizando sus operaciones. Por otro lado ese disparo enseñara muy buenas lecciones que mejoraran el rendimiento del equipo de francotiradores en acciones similares futuras.

El francotirador policial, por el contrario, jamás podrá tentar a la suerte, su blanco debe ser siempre 100% seguro. Un disparo errado significa un compañero, un civil o un rehén muerto, eso está claro. Esa enorme responsabilidad le obliga a estar muy seguro de su capacidad como francotirador. Le obliga también a soportar una carga emocional enorme, convirtiendo su puesto en el “más solitario del mundo”. Todo para lo que como profesional y como ser humano ha trabajado, y se ha esforzado, puede estar en la balanza de un disparo fallado o un disparo preciso.
Todo esto obliga al francotirador policial a ser el profesional más honrado del mundo también, debe ser capaz de reconocer su incapacidad de realizar un determinado disparo en un determinado momento, si ello fuera así. No debe dejarse llevar por el mando, que normalmente desconoce la capacidad y características reales y completas del trabajo de su francotirador.

Ello no implica que alguna vez no tenga que realizar un disparo muy arriesgado. Si tras dejar claro el riesgo que se corre, que el hecho de no realizarlo puede significar un daño mayor y que no queda ninguna otra vía de actuación, se realiza ese disparo, y resulta desgraciadamente un disparo errado, nadie, ni moral, ni ética, ni legalmente podrá reprochar nada a ese francotirador, ni siquiera su propia conciencia. Aunque esta última es más difícil de controlar.

Una cuestión, económica o logística si cabe, que puede afectar al trabajo de uno u otro tipo de francotiradores, en esta cuestión de confianza en si mismo y sus capacidades, es el conocimiento de su arma.

Mientras que las misiones del francotirador militar, aconsejan y en muchos casos obligan a intercambiar las armas entre los dos componentes del equipo, en el caso policial, no solo no es aconsejable si no que debe ser normalmente desautorizado. El nivel de precisión exigido en uno y otro caso, obliga al francotirador policial a conocer su arma hasta un punto que la hace exclusivamente suya, si no en propiedad si en empleo y uso. Si desconfía del trato que puede haber recibido su arma, de que puedan haber “tocado” de su homogenización, si tiene la más mínima duda sobre ella, su disparo como poco será inseguro, corriendo un riesgo muy alto de fallar el disparo.

Distancias de empleo.

Del punto anterior sacamos la conclusión de que el francotirador policial debe asegurar su disparo por todos los medios posibles. La primera y casi principal cuestión es la distancia, siempre procurando que no sea mayor de 100 m.
Evidentemente hay situaciones extraordinarias, aeropuertos, grandes estadios, misiones en ambiente rural, etc., pero que normalmente no significaran más de 200 m. de distancia de tiro. Mayores distancias deben implicar que el mando conoce los riesgos que implican este tipo de disparos.

De todos es conocido el caso que dio origen al GSG9 alemán, en las trágicas olimpiadas de Munich en 1972, muriendo todos los deportistas israelíes retenidos por terroristas palestinos, por la incapacidad de los francotiradores para neutralizar a estos terroristas. Ello no fue culpa de los francotiradores, ya que se encontraron enfrentados a una situación de características ajenas a todo su entrenamiento recibido, actuaron profesional y al máximo de sus capacidades, y nadie les puede reprochar nada.

Hoy en día este caso extremo es muy difícil que vuelva a repetirse, por lo menos con un nivel de bajas civiles tan alto.

Mientras el francotirador policial, como hemos visto, intenta acercarse al objetivo, el militar, al contrario, desea mantenerlo a la máxima distancia posible.

Ello supone que el primero puede acabar dentro del alcance eficaz de las armas del adversario, mientras que el militar, siempre se mantendrá lejos del radio de acción eficaz de las armas del enemigo, normalmente no mayor de 400 m., aprovechándose de esta “ventaja balística” gracias al mayor alcance y precisión de su arma y munición.

Autor:Cecilio Andrade

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