SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

miércoles, 17 de septiembre de 2008

LA SANGRE PERUANA SE DERRAMA EN IRAK



Aunque el Perú firmó la convención contra los mercenarios, nada se ha hecho para evitar la contratación de compatriotas para laborar en Iraq. Además siguen acumulándose las quejas contra la empresa Triple Canopy

Por Silvia Mendoza Martínez

El depreciado valor de la vida en Iraq. Lo que en el año 2003 comenzó como una nueva y lejana guerra en el Golfo Pérsico se ha convertido con el transcurso de los años en un problema local que implica el incumplimiento por parte del Estado Peruano de las obligaciones adquiridas voluntariamente en el ámbito internacional.

Así lo advierte el grupo de trabajo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que investiga la utilización de mercenarios como una forma de violar los derechos humanos. Y es que pese al escándalo mediático que surgió luego de que se hizo pública la contratación de peruanos para trabajar como supuestos guardias de seguridad en el Medio Oriente, nada se ha hecho para detener el millonario y polémico negocio que urde en nuestro país la empresa Triple Canopy, contratista directa del Departamento de Estado de EE.UU.

Si bien la naturaleza de este negocio impide tener cifras certeras, se sabe que los más de 1.600 peruanos reclutados por la transnacional estadounidense forman su contingente extranjero más importante. Además, la cifra convierte a los peruanos en el mayor grupo de latinoamericanos que opera en Iraq.

Varias cosas han cambiado desde que el grupo de la ONU visitó el Perú a principios de año, lamentablemente estas mudas no han sido para bien, pues todo indica que la situación de los peruanos usados como mano de obra barata en Iraq se agrava, pese a que el país ya ratificó la Convención Internacional contra los Mercenarios. Según explica la comisionada de la ONU, Amada Benavides, ello obliga al Estado a tomar cartas en el asunto para controlar la exposición de compatriotas a los peligros de una guerra en la que no estamos involucrados militarmente.
Para comprender la figura es necesario explicar que el grupo de trabajo de la ONU considera mercenarios a los civiles que fungen de guardias de seguridad en Iraq, pues a decir de Benavides "están haciendo labores de guardias militares, para las que se les proporciona entrenamiento militar y armas de guerra".

La postura de la comisionada concuerda con los nuevos testimonios de compatriotas que fueron destacados a Basora, ciudad iraquí ubicada a más de 500 kilómetros al sur de Bagdad, que revelan las órdenes expresas recibidas para repeler los ataques de los insurgentes. Así las cosas, se echa por tierra la supuesta actitud pasiva de los guardias peruanos y se pone sobre el tapete la real función que cumplen estas personas: suplir la creciente necesidad de efectivos militares en el convulsionado país del Golfo Pérsico.

Aunque se podría decir que esa no es la situación de los peruanos que laboran dentro de la Zona Verde de Bagdad, si recordamos los recientes ataques suicidas dentro de esa área ultraprotegida concluiremos que tampoco allí están exentos de lidiar con la guerra.

Así lo reconoce la cadena internacional BBC, la que al saber de la presencia de guardias de seguridad peruanos en Iraq no dudó en realizar una investigación conjunta con El Comercio en Lima.

HERIDAS ABIERTASAdemás del aspecto internacional, la guerra en Iraq nos atañe porque está exportando hacia nuestro país una parte de los "efectos colaterales" del conflicto. Al menos así es como llaman los especialistas militares a los civiles alcanzados por el fuego cruzado de la guerra. Aunque habría que aclarar que los peruanos heridos en Iraq no son víctimas casuales, sino blancos fijos de los ataques de los insurgentes iraquíes.

El caso de Gregorio Calixto es revelador. Este joven de 27 años prestó servicios por más de 13 meses en el campamento militar británico de Basora. En su afán por ahorrar dinero para su futuro, Calixto aceptó aplazar sus vacaciones anuales y prorrogar su contrato por cuatro meses. Todo iba bien hasta el 17 de enero de este año: Había logrado evadir los continuos ataques con morteros y las amenazas de muerte que le dirigían los iraquíes. Pero ese día, a poco tiempo de su cambio de guardia, se produjo un intenso ataque con morteros. Calixto corrió a cubrirse, pero en el trayecto fue alcanzado por una munición que explotó a solo unos metros de él. Las esquirlas afectaron su pierna y brazo derechos, y la onda explosiva su audición.

Al cesar el ataque, fue llevado al hospital militar británico. Unos días después, su delicada condición obligó a su traslado a Bagdad para ser atendido en el nosocomio estadounidense donde le colocan injertos en la pierna para acelerar su recuperación. En vista de que su cuadro clínico no evolucionaba, el joven fue enviado a Lima. "Los médicos gringos me atendieron bien, pero me dijeron que tenía que regresar a mi país para recuperarme y que después volvería al trabajo", comenta en su humilde casa de Los Olivos.

A diferencia de los militares estadounidenses, los responsables de Triple Canopy tuvieron una actitud de lo más deleznable con este joven. Para comenzar, lo envían de regreso al Perú en un vuelo comercial y sin atención médica. Es decir, arriesgan a una persona con una herida abierta y con exposición del hueso a viajar sentada por tres días desde el Medio Oriente hasta Lima. Durante el viaje, la única atención que recibió Calixto fue un cambio de sus vendas, que fue realizado por el compañero de trabajo que viajó a su lado.

Pese a que el contrato que firmó con la transnacional estadounidense prevé un seguro, Calixto solo recibió ayuda al llegar al país. "Llegué a Lima el 10 de febrero, en el aeropuerto me estaban esperando los señores de Defion --la subcontratista que hasta marzo de este año captó el personal que requería Triple Canopy para operar en Iraq--, de ahí me acompañaron a la clínica Javier Prado", recuerda. Sin embargo, a las pocas semanas Calixto quedó en el aire, pues mientras se recuperaba en su casa, Triple Canopy rompió su vinculación con Defion International y decide abrir una oficina en Lima: Triple Canopy S.A.C.

Cuando tocó la puerta de la nueva empresa, Calixto recibió una respuesta categórica: "Me dijeron que yo no había trabajado para ellos y que si quería quejarme que vaya a Estados Unidos". Ante su insistencia, le dijeron que la persona encargada del seguro se iba a comunicar con él, lo que sucedió más de un mes después y no ha mejorado su situación.

En ese lapso, Calixto ha usado sus ahorros para atenderse, pues aún tiene esquirlas en la pierna y el codo. También necesita terapia física para mejorar su capacidad motora y un audífono para compensar la pérdida de la audición.

En el caso de José Asin, Triple Canopy S.A.C., no solo niega la relación laboral, además argumenta que su caso es preexistente. Es decir, que padecía su mal antes de trabajar en Iraq, y desconoce los exámenes médicos a los que fue sometido con antelación a su viaje.

Asin, quien tiene 15 años de experiencia en el sector seguridad, sufre de espasmos faríngeos, no puede deglutir los alimentos y hasta el momento ha perdido 10 kilos de peso. Según el médico que lo atendió al llegar al país, en diciembre del 2006, su caso sería producto de los gases emanados del mortero que cayó cerca a su puesto en la sede del Gobierno Iraquí.

"El doctor me dijo que me haga exámenes para ver cómo están las glándulas salivales y el esófago", declara. Ante la presión que ejerció contra los funcionarios de TCLA International --actual denominación de la empresa-- "me devuelven los 1.022 dólares que me descontaron durante los meses que trabajé en Bagdad, pero de mi salud no dicen nada".

ACCIÓN LEGALEn vista de estos nuevos indicios, el abogado laboralista Jorge Toyama considera que los afectados están en condiciones de demandar a la empresa la cobertura de salud y el pago de sus haberes. Pero en vista de que la sede de Triple Canopy queda en Virginia (EE.UU.) y que el contrato se firmó bajo las leyes de ese estado de la Unión Americana, la demanda debería presentarse ante un juez estadounidense.

Sin embargo, Toyama aclara que si se prueba que TCLA es un brazo de la matriz estadounidense cabe la posibilidad de que los afectados acudan a la justicia peruana.
Indudablemente, y pese a que la legislación internacional les impone el título de mercenarios, nuestros compatriotas heridos en Iraq tienen el derecho de reclamar una compensación por el daño sufrido, aunque el camino para alcanzarla sea largo.

Una ley en compás de espera

Luego de la visita del grupo de trabajo de la ONU, el congresista Luis Gonzales Posada presentó una iniciativa para prohibir la actividad de las empresas que captan personal para trabajar en Iraq.

El proyecto aprobado en la Comisión de Defensa del Congreso, y que actualmente se encuentra en la de Justicia y Derechos Humanos, es el único esbozo de reacción frente a la aparición de los ejércitos privados, como los denomina la comisionada de la ONU, Amada Benavides.
Lo peor de la inacción estatal es que parece responder a la protesta que algunos peruanos contratados por Triple Canopy realizaron en rechazo al proyecto.
Aunque resulta comprensible la actitud de esas personas, en su ma
yoría de escasos recursos, hay que aclarar que de aprobarse la ley solo afectará las futuras contrataciones, más no a los 1.600 peruanos que actualmente arriesgan su vida por menos de mil dólares mensuales en Iraq.

MÁS DATOS

4Pese a que el número de peruanos contratados por Triple Canopy para trabajar en Iraq sigue creciendo, esta empresa es incapaz de establecer en Lima una oficina o un contacto directo con su aseguradora para atender las decenas de casos de peruanos heridos en Iraq.

4Antes de rescindir el contrato a Defion International, se constituyó Triple Canopy S.A.C., para seguir enviando el personal requerido por el Departamento de Estado de EE.UU.

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