SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

viernes, 8 de agosto de 2008

UN ASESINO ANDA SUELTO


Por Rafael Foradada

Viernes, 8 de agosto de 2008


Acaban de poner en la calle a un criminal que, entre unas cosas y otras, sólo ha cumplido dieciocho años de los tres mil a los que fue condenado; condenado a tan alta pena por asesinar a veinticinco personas.
Está en la calle quien, lejos de arrepentirse y pedir perdón por sus execrables asesinatos, se enorgullece de ellos y se burla del dolor de los familiares y amigos de sus victimas.

Ha conseguido la libertad, porque dicen que eso es la ley, el que no se ha regenerado y que no dudaría, a pesar del tiempo transcurrido, en volver a empuñar las armas para continuar asesinando; así lo indican sus gestos, sus manifestaciones, su envilecida mirada y su sangrienta sonrisa.

Así lo indican también su cinismo, sus fingidas huelgas de hambre y sus paseos chulescos por las calles como "premio" a esas fingidas huelgas de ingerir alimentos; bochornosa y escandalosa antesala a lo que ha acontecido hace una semana escasa: la libertad del asesino etarra José Ignacio De Juana.

Y como algunos dicen que esto es la ley ―pobre ley―, un asesino anda suelto. Pero un asesino anda suelto por la dejación de funciones y de rigor de quienes pudiendo prever que se podría llegar a tan lamentable situación, no tomaron las medidas necesarias para evitarlo.

De esos sectores pseudo-progres infiltrados, contaminando todos los estamentos y que, confundiéndolo todo, se oponen a reformar esas leyes, códigos y reglamentos que permiten semejantes desatinos, impidiendo el endurecimiento de las penas, la implantación de la cadena perpetua para criminales tan sanguinarios como De Juana, alegando que "no es el momento para reformar la ley".

Tal vez sea el momento cuando De Juana vuelva a asesinar a alguien; su ausencia de arrepentimiento es el mejor germen para ello.

Que económico y barato resulta asesinar en España. Que ausencia de rigor y dureza a la hora de enjuiciar a estos criminales.

Que deslealtad y traición para quienes deberían estar más protegidos por la ley pero que, con decisiones como esta, no lo están, creándose una inseguridad jurídica de la que sólo se benefician, como estamos viendo, asesinos de la peor calaña.

Un asesino anda suelto, tengamos cuidado. Un asesino que, además, se convertirá en vecino de algunos familiares de los que asesinó y, en este caso, la ley tampoco puede hacer nada; con vecinos así no hace falta tener enemigos.

Un asesino anda suelto, ¿dónde está la ley?; porque más que ciega, está como ausente.

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