SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

miércoles, 23 de julio de 2008

UNA NUEVA ALARMA ANTES DE QUE EL NIÑO CAIGA A LA PILETA


La inventó un argentino que vive en N.Y.


Máximo de Elía llegó a Nueva York hace 24 años, con su mujer y un hijo pequeño. Retirado como oficial del Ejército después de la Guerra de las Malvinas, había pasado un año intentando insertarse en la vida civil sin mucho éxito, de modo que decidió emigrar.


A su llegada a los Estados Unidos ingresó en una empresa que arreglaba máquinas hasta que, en los años 90, se lanzó a crear su propia empresa. "Fundé una compañía de automatización -recuerda-. A los cuatro años, estaba trabajando en seguridad industrial contra accidentes."


En este contexto, es casi lógico que Elía haya comenzado a pensar en desarrollar una alarma para piletas.


Los especialistas subrayan que lo mejor para evitar que los chicos tengan accidentes en la pileta es no sacarles los ojos de encima y enseñarles a nadar. Pero todos los años cientos de chicos caen inadvertidamente a las piletas de sus casas, de las de sus amigos o del club. Para algunos, el accidente es fatal.


Seguridad en casa


"Empecé a trabajar en este proyecto porque estaba preocupado por la seguridad de mis chicos", confiesa Elía.


El sistema -que patentó con el nombre de Poolnanny - le llevó diez años de estudio. Está pensado como protección para chicos menores de cinco años e incluye tres elementos principales: una base, un cable y tobilleras para cuidadores y chicos.


Las tobilleras envían una señal, ya sea de "supervisado" o de "supervisor". Este último tiene que estar "registrado" en el sistema.


La alarma opera como una suerte de cerco invisible. "Se entierra un cable eléctrico del tipo que se compra en ferreterías a algunos centímetros por debajo de la superficie y a cierta distancia del borde de la pileta -explica Elía-.


El cable está conectado con la base y ésta se enchufa en un tomacorriente común. Los chicos y quienes los supervisan deben usar unos brazaletes en los tobillos.


Si los pequeños ingresan en el área delimitada por el cable sin acompañamiento del supervisor, la alarma emite un sonido que perfora los tímpanos. Si el supervisor abandona el área delimitada y deja a los chicos solos, la alarma suena."


Y enseguida agrega: "Esta alarma es absolutamente diferente de las que hay en el mercado. En primer lugar, suena antes de que el chico caiga al agua. Por otro lado, jamás suena en falso".
Según las regulaciones de Nueva York, las alarmas para piletas deben flotar en el agua y ser activadas por un dispositivo independiente que la persona debe llevar encima. "Pero cuando un niño cae al agua, ya es tarde para salvarlo", dice Elía. Mejor, prevenir


Elía afirma que en general las alarmas existentes hasta ahora se basan en el movimiento del agua.


"Por ejemplo, lo más común es que haya un sensor de movimiento que debe medir una serie de condiciones, como la velocidad a la que el chico entra al agua -detalla-. Otros sistemas son perimetrales, como un haz de luz que da vueltas alrededor de la pileta.


Cuando se interrumpe, suena. Una llamada safety turtle es una especie de pulsera que, cuando el chico cae al agua, suena. Todas esas alarmas requieren que uno las apague cuando se mete a la pileta. Y después tiene que acordarse de volver a prenderlas.


La nuestra está prendida todo el tiempo. Exige que cuando el chico se acerca a la zona de la pileta haya siempre un adulto. Cada aparato puede soportar hasta 30 chicos y diez supervisores."
Si bien el sistema fue diseñado en los Estados Unidos, la fabricación y el embalaje se hacen en la Argentina.


"Hace unos cinco años me asocié con mi cuñada y con Alejandro Ontivero, que desarrolló toda la parte tecnológica de principio a fin -afirma Elía-.


El está en la oficina de Buenos Aires a cargo de la producción. Desde allí la exportamos para los Estados Unidos y Uruguay. Y ya hay interés en muchísimos países, entre ellos algunos europeos."


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