SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

miércoles, 23 de julio de 2008

PROCEDIMIENTOS ANTE PARADA DE VEHÍCULOS (I)



Introducción

Para muchos policías, mientras se encuentran de patrulla, pocas intervenciones les parecen más “rutinarias” que las paradas de vehículos. Los paramos por rebasar semáforos en rojo, por circular sin alumbrado, por controles de alcoholemia, por sospechar que sus ocupantes estén implicados en algún delito, etc.


Sin embargo, cuando le damos el alto a cualquier vehículo, salvo excepciones, nada sabemos de sus ocupantes. Podemos estar ordenando detenerse a un vehículo por una infracción de tráfico sin saber que sus ocupantes, por ejemplo, acaban de cometer un atraco, están armados y tienen un largo historial de violencia. En otros casos, sin embargo, sabremos con antelación que el vehículo está robado o que sus ocupantes pueden estar implicados en algún hecho delictivo.

En el mejor de los casos se nos ha enseñado a valorar las paradas de vehículos que podamos realizar en función a que sus ocupantes hayan cometido un delito o no, o en otros términos, como paradas de “bajo, medio o alto riesgo”.


El problema es que normalmente, sólo cuando estamos parando o hemos parado a esos individuos podemos saber que han cometido un delito, que son peligrosos y que nos vamos a ver expuestos a una amenaza superior a la que esperábamos. Si como parece ser que se espera de nosotros, realmente fuéramos adivinos y pudiéramos saber todo acerca de un vehículo y sus ocupantes con sólo verlos, podríamos dividir las paradas en esas tres categorías en función del motivo de las mismas.


Así, por meras infracciones de tráfico, las catalogaríamos de “escaso o bajo riesgo”; Por haber sido sustraídos o estar implicados en algún otro hecho delictivo, de “riesgo medio”; Y aquellas en las que se presume la presencia de cualquier arma, de “alto riesgo”.

Pero como los policías “Rappel” son los menos, deberíamos considerar todo tipo de paradas, cuando menos como de “riesgo indefinido”, es decir, que en cualquier momento de la intervención pueden mostrarse como de riesgo o de alto riesgo.

Un hecho demostrado con sangre es que la mayoría de policías de todos los países del mundo muertos en paradas de vehículos, han caído sorprendidos en las intervenciones catalogadas a priori de “bajo riesgo”, por infracciones menores.


Y es que entra dentro de los patrones de conducta normales bajar el nivel de alerta cuando se trata con infracciones menores o comunes, y esta actitud relajada puede hacer que se pasen por alto o se malinterpreten importantes indicios de peligro.

El solo hecho de denunciar una infracción de tráfico puede provocar una reacción de enfado y violenta en el conductor, del que, como ya hemos dicho, nada sabemos a priori (recordemos el caso de los Guardias Civiles muertos en la provincia de Valencia por un hombre al que simplemente le habían denunciado por no haber pasado en plazo la I.T.V.


Después de ir a su casa y coger una escopeta volvió al lugar en donde se encontraban los Agentes para dispararles con alevosía y acabar con su vida. Una vez conseguido esto retornó a su domicilio y se suicidó -¿quién podría haber anticipado que dicha causa tuviera tal efecto?.)

Lo primero que se debería cambiar para llevar a cabo estas paradas de tráfico con una mayor seguridad es nuestra mentalidad. Donde se tenga alguna razón, por pequeña que sea, para creer que existe cualquier peligro potencial, debería considerarse que estamos haciendo una parada de “ALTO RIESGO”. Cualquier otra parada debería ser considerada como una parada de “RIESGO INDEFINIDO”.

Por lo tanto, el primer paso supone una la asunción de una actitud, en todo caso vigilante, incluso aunque inicialmente el motivo de la parada se deba a una mera infracción de tráfico. Con poco tiempo, cuando de una forma activa os deis cuenta de que el nivel de la amenaza es siempre inicialmente incierto, el hecho de manteneros alerta para evaluar el riesgo de una forma más consciente y precisa llegará a formar una parte lógica de vuestros procedimientos.

En realidad, no podemos sacar conclusiones anticipadas sobre el nivel de la amenaza en la mayoría de las paradas hasta que éstas han finalizado y el vehículo en cuestión abandona el lugar o lo hacemos nosotros primero. Por lo general, no tendremos conocimiento previo sobre el historial de los ocupantes, personalidad o estado mental actual de los mismos. La infracción que pretendemos denunciar puede ser una insignificancia comparada con lo que a esas personas les va en sus vidas en esos momentos (p.e., muchos años de prisión y por lo tanto, de privación de libertad.)
Lo que aparentemente es una infracción administrativa puede además esconder algo más (p.e., la comisión de un atraco; La posesión de armas, de drogas; Un quebrantamiento de condena; etc.), con lo que podemos estar ante una persona a la que no le importa llevarse por delante al primero que se cruce en su camino con tal de seguir libre.

Resulta ilustradora una estadística tomada de un estudio del FBI sobre agentes de policía muertos en paradas de tráfico en la década de los 90, en la que se señala que el 17% de los policías fueron abatidos mientras sus coches patrulla todavía estaban en movimiento, antes de que consiguieran detener al vehículo al que pretendían detener, el 28% después de haberlos detenido, pero antes de salir del coche patrulla, el 22% mientras salían o se aproximaban al infractor... y el 43% después de hacer el contacto inicial, mientras le preguntaban al conductor, le decían que saliera, registraban el vehículo, pedían datos por radio o volvían a sus coches patrulla.


Afortunadamente, estos índices, alarmantes en Estados Unidos, son ínfimos en España, aunque eso no debiera sino alentarnos a minimizar los riesgos de pasar a formar parte de los mismos. Y para el que en estos momentos piense que el motivo de tantas muertes fue la disponibilidad de armas de fuego en ese país que piense que en un escandaloso porcentaje de las ocasiones, los policías fueron muertos con... SUS PROPIAS ARMAS, tras ser desarmados.

En sólo un instante un policía puede ver como una intervención que tomó como rutinaria se convierte en su peor pesadilla, y en una parada de vehículos esto debe tenerse especialmente presente.

Algunos policías tienden a descuidar dos aspectos principales:

1. Se aproximan en cada parada, esencialmente, de la misma forma, incluso si saben que hay indicios para presumir cualquier riesgo inusual. En otras palabras, no aceptan que donde pueda presumirse un riesgo potencialmente alto, se usen tácticas especiales desde el principio.
2. Donde no hay señales iniciales de peligro, fallan en percibir indicios que se revelan durante la intervención como señal para alterar e intensificar sus tácticas. Se quedan bloqueados en su aproximación, no “leen” indicios de peligro o no saben proceder de forma diferente a como lo hacen habitualmente.

Nuestras mejores opciones para tratar con seguridad estos complejos supuestos pasan someramente por:

1. Buscar y asimilar INFORMACIÓN sobre las circunstancias de la parada, lo que nos ayudará a evaluar el nivel de riesgo en cualquier momento dado.
2. Comprender que en cualquier parada nuestra POSICIÓN FÍSICA es de la mayor importancia tanto para disuadir como para “ver venir” un ataque.
3. Saber CUANDO usar OPCIONES TÁCTICAS para tratar con niveles mayores de amenaza de lo que normalmente nos encontramos u originalmente esperábamos encontrar... y
4. Saber QUÉ opciones especiales deberían utilizarse.

Evaluar el riesgo

La evaluación del riesgo que vamos a afrontar debería comenzar tan pronto como consideramos la posibilidad dar el alto a cualquier vehículo. Está probado que si no empezamos a prepararnos mental y físicamente para una posible amenaza en los primeros 5 segundos después de tomar esta decisión, perdemos la ventaja táctica y podemos vernos obligados a “ponernos al terreno” a la carrera. Una pronta evaluación nos guiará sobre si debemos intentar detener el vehículo, y si finalmente lo hacemos, cómo hacerlo de la mejor manera posible.

Varias son las cuestiones interrelacionadas que deben configurar nuestra evaluación acerca de la posible amenaza:

1. ¿Cuál es la NATURALEZA del hecho que motiva la parada? Pensemos no sólo en el Código Penal o en las normas de tráfico, sino en términos de una amenaza potencial.


2. ¿Cuántos OCUPANTES hay plenamente visibles? Cuantos más haya, mayor número de amenazas vamos a tener que encarar. La talla, sexo, edad, modo de comportarse, etc. son importantes factores a considerar para sopesar nuestras posibilidades de controlar el problema. Independientemente de los mismos, el número de ocupantes por sí sólo puede hacer aconsejable pedir apoyo. Contemos los ocupantes visibles y cada vez que miremos al interior del vehículo, no está de más si hacemos un recuento. En las paradas de alto riesgo, tengamos especialmente presente la regla “hay más de uno”[1], es decir, pensemos siempre que hay un ocupante más de los que realmente podemos ver.


3. ¿Cuál es el COMPORTAMIENTO de los ocupantes? Hablar demasiado, movimientos furtivos, particularmente hacia la guantera, debajo del asiento, debajo del panel de instrumentos, los parasoles o en los laterales de las puertas, todos ellos lugares idóneos para esconder armas. Intentar cambiar sus posiciones dentro del vehículo, rehusar obedecer nuestras instrucciones o a contestar a nuestras preguntas son todos indicios de peligro en cualquier momento y suponen ya un desafío por mantener el control.


Pero cuidado también con los comportamientos estereotipados, pues el peligro no sólo puede venir de súbitos movimientos, sino de otros lentos y habituales. Mantengámonos alerta asimismo de cómo sitúa el conductor su vehículo cuando se detiene y muy especialmente si hace marcha atrás y se coloca en un ángulo de unos 45º con respecto al coche patrulla, lo que le da un campo de tiro directo sobre nosotros sin necesidad de tener que girarse sobre su asiento.


Si ante cualquier parada un sujeto reacciona como en una situación de riesgo, como el hecho de poner las manos en alto, no lo tomemos como un signo de confusión o de nerviosismo por su parte. Él sabe más sobre lo que tiene que ocultar que nosotros, y bien puede creer que también lo sabemos, o provocar que nos relajemos para hacernos creer que no va a oponer resistencia y pillarnos desprevenidos


4. ¿Qué ARMAS se cree que tienen los ocupantes? En cualquier parada de alto riesgo debemos tener información lo más precisa posible de las armas que hayan sido utilizadas en el hecho delictivo que la motiva. Recordemos siempre el principio “hay más de uno”.


5. ¿Qué tipo de VEHÍCULO vamos a parar? Algunos vehículos suponen más amenazas potenciales que otros. Su estructura puede ofrecer mejor abrigo para sus ocupantes o mayores posibilidades de esconderse y pasar desapercibidos, así como de ocultar armas o áreas de peligro que no podremos mantener vigiladas en nuestra aproximación. Un vehículo inusualmente alto o bajo puede ocasionarnos problemas a la hora de proceder con su conductor, registrar su interior o manejar físicamente las puertas. Otros accesorios como espejos móviles pueden limitar el uso de la sorpresa. Igualmente, los vehículos con cristales tintados pueden ocultarnos casi todo lo que ocurre en el habitáculo y camuflar así movimientos peligrosos de sus ocupantes.


6. ¿Qué PELIGROS ADICIONALES puede suponer el ENTORNO?. En ocasiones, podemos encontrar mayor hostilidad en transeúntes de determinadas zonas que en los propios conductores u ocupantes del vehículo que paramos (por ejemplo, si la parada la hacemos en un barrio marginal, poco amigos de cuanto tiene que ver con ley y orden.) Hay lugares en los que debe evitarse, a ser posible, parar a nadie, porque las probabilidades están desproporcionadamente en contra nuestra. Además de la gente, consideremos también el entorno en sí mismo, como la vegetación, canales, y otras opciones de abrigo, tanto para nosotros como para los ocupantes del vehículo a parar, así como los riesgos inherentes al tráfico de vehículos (no seríamos los primeros policías que atropellan.)


7. ¿Qué tenemos A FAVOR en esta situación? Se trata de evaluar nuestras cartas antes de empezar a jugar: Apoyo, armas, munición, abrigo, estrategia, etc., todo ello sopesado con lo que podemos ver o asumir que va a hacer el hipotético adversario. En cuestión de segundos, este repaso a la lista puede ayudarnos a tomar la decisión de cómo afrontar la parada y adoptar la estrategia que estimemos más idónea.


Una vez hayamos decidido qué vamos a hacer seamos conscientes de CUALQUIER CAMBIO QUE SE VAYA PRODUCIENDO RESPECTO AL MOMENTO EN QUE SE INICIÓ LA INTERVENCIÓN. Si las circunstancias cambian en cualquier momento y la amenaza es mayor, readaptemos nuestro procedimiento. NO debemos quedar “atrapados” por seguir inflexiblemente una aproximación que YA NO ES VÁLIDA.

Durante el servicio deberíamos tomar todas las aproximaciones a vehículos, al menos, como ejercicios tácticos de entrenamiento, sea quien sea el conductor implicado y el motivo de la parada. La repetición de buenas tácticas formará buenos hábitos tácticos.

Mientras todavía estamos siguiendo al vehículo que intentamos parar, pidamos datos al Servicio de Informática (nuestro o de cualquier otro Cuerpo de Seguridad, en el caso de que el primero no esté disponible), lo que puede proporcionarnos información sobre potenciales problemas en la intervención que estamos a punto de iniciar.


Si el vehículo ha sido denunciado como robado o está implicado en algún otro delito o existen ordenes de búsqueda contra el propietario, convendría saberlo antes de pararlo y lo mismo es predicable, por supuesto, si reconocemos el vehículo o a sus ocupantes como reclamados. Pero cuidado: el vehículo puede haber sido robado recientemente y el propietario no haberse dado cuenta todavía de la sustracción y por lo tanto, podría no estar todavía denunciado como tal.

Zonas de peligro

Lo habitual y más lógico, cuando la amenaza potencial parezca nula o de escasa entidad, es procurar que los ocupantes permanezcan en el interior de su vehículo, mientras la aproximación la hacemos nosotros a pie. Esto permite comprobar mejor visualmente el interior del vehículo detenido, tanto para detectar movimientos sospechosos como para registrarlo posteriormente si parece conveniente, al tiempo que nos sitúa en una posición mejor en caso de intentarse un ataque contra nosotros por parte de los ocupantes.

Si permanecemos sentados al volante y permitimos que alguno de los ocupantes se acerque y cuando llega a nuestra altura se descubre como una amenaza, nuestras posibles reacciones se verán muy limitadas, porque no podremos utilizar la fuerza física contra él o ellos desde nuestra posición y nuestra capacidad de desenfundar el arma se verá seriamente comprometida. Por lo tanto, mejor no permitamos que el conductor se aproxime al coche patrulla para mostrar su documentación.




  • Si empieza a caminar hacia nosotros, deberíamos ordenarle que se pare y asegurarnos que podemos ver sus manos, ya que si llevase un arma en la mano o la sacase cuando estuviese a nuestra altura, tendríamos pocas posibilidades de salir bien librados. El mero hecho de que el sujeto haga caso omiso a nuestras indicaciones de que se detenga en donde esté ya debe dispararnos la alarma y hacernos tomar alguna medida “extra” para nuestra protección, lo que podemos conseguir, por ejemplo, haciendo marcha atrás y poniendo distancia de seguridad suficiente para, cuando menos, poder cubrirnos si el individuo sacara un arma.

    Cuando estemos listos para aproximarnos al vehículo detenido, ordenémosle que apague el motor, si viene bien antes de salir del nuestro, el cual debería mantenerse con el motor en marcha, por lo menos hasta que obedezca el anterior (si considerásemos la parada como de riesgo o de alto riesgo, mejor que aproximarnos será utilizar el altavoz para decir lo que le tengamos que decir.) Si su motor está en marcha cuando nos acercamos puede tratar de lanzar el coche marcha atrás para aplastarnos entre el suyo y el nuestro, o para inutilizar el coche patrulla e intentar huir.

    Para maximizar nuestra seguridad, primero debemos parar nuestro vehículo de forma que nos proporcione abrigo. Guardar una distancia prudencial nos permitirá detectar y evaluar cualquier potencial amenaza desde el principio. Nuestra posición debería permitirnos iluminar plenamente el interior del otro vehículo y a sus ocupantes, así como leer la matrícula sin tener que mover el coche patrulla. De noche, cubrirnos con esa cortina de luz puede ser esencial. En esas circunstancias, una buena acción por nuestra parte será lanzar desde el principio un chorro de luz cegadora al interior del vehículo que pretendemos detener. Esto iluminará a los ocupantes visibles, les cegará momentáneamente y evitará que hagan uso de los espejos retrovisores para observarnos.

    Pensando tácticamente en nuestra aproximación, consideremos el área inmediatamente a la izquierda del vehículo detenido como si estuviera dividida en cuatro zonas de peligro contiguas. En todas ellas somos vulnerables en nuestra aproximación y cada una de ellas representan peligros especiales en cuanto a la posibilidad de que emerja un ataque imprevisto desde el interior. Algunas de estas áreas deberían ser evitadas en todo caso. Otras requieren una buena base en opciones tácticas para maniobrar en ellas con seguridad.

    Charles Remsberg denomina a estas zonas:

    n Zona de crisis, una franja de unos 40 centímetros de ancho (aproximadamente, la anchura de un cuerpo visto de frente) que empieza en el parachoques trasero del vehículo sospechoso y acaba a unos 20 centímetros de la ventanilla del conductor. Sin embargo, si hay pasajeros en los asientos traseros, acabará a unos 20 centímetros de la ventanilla trasera; Esta es la zona por la que deberíamos discurrir en nuestra aproximación final al vehículo.
    n Zona de alcance, que se extiende a la longitud de un brazo o algo más desde donde acaba la zona de crisis; Viene a coincidir, aproximadamente, con la extensión de la ventanilla del conductor o de los ocupantes traseros, en su caso. En esta zona sería fácil para un hostil golpearnos con la puerta e incluso asirnos para forcejear.
    n Zona de punto reflejo, que se despliega desde la parte trasera de la ventanilla del conductor (o del pasajero trasero, si lo hay) a unos 45º aproximadamente de la zona de crisis, y se superpone en la porción más atrasada de la anterior.
    n Zona de objetivo, que forma un arco desde el límite de la zona de punto reflejo hasta el parachoques delantero.

    Recordar el nombre no es lo importante, pero sí lo es ser consciente de su existencia.

    Si nos aproximamos o permanecemos de pie en las zonas de punto reflejo o de objetivo, nos convertimos en eso: Un objetivo extremadamente fácil de alcanzar con un arma desde el asiento del conductor. Se requeriría un mínimo movimiento para apuntar un arma y apretar el disparador. Si la ventanilla está bajada o la puerta abierta, no tendrá barrera alguna que le moleste para hacerlo. Podría iniciar su acción en una mera fracción de segundo, sin apenas darnos tiempo a decir nada.

    Si evitamos las áreas más vulnerables y hacemos nuestra aproximación por el área de crisis, al menos obligaremos al hipotético atacante a “trabajar” y se lo complicaremos si pretende sorprendernos. Incluso para un zurdo, disparar hacia esa área le supondrá una tarea más difícil y para un diestro le obligará a girar casi todo el cuerpo. Además, el asaltante, lógicamente, estará bajo estrés y con la adrenalina a tope, lo que probablemente afectará a su sentido de la oportunidad y su capacidad de juicio, lo que puede hacer que sus primeros disparos impacten en la misma puerta o se vayan prematuramente hacia la zona de punto reflejo. Mantenernos cerca del vehículo puede proporcionaros unos instantes para reaccionar. Esos segundos, con un buen entrenamiento y actitud, puede ser todo lo que necesitemos.

    Pero no nos confiemos. La zona de crisis, como su nombre implica, todavía es una área de alto riesgo. Si el conductor o un pasajero se las apañan para moverse y suponer una amenaza para nosotros, tendremos muy pocas opciones para realizar movimientos defensivos. Alejarnos del vehículo no hará sino situarnos en una área más peligrosa, pues cuanto más apartado del coche estemos, menos esfuerzo tendrán que hacer sus ocupantes para dispararos. Adicionalmente, hay que considerar los riesgos de atropello. Si estamos a la altura del parachoques trasero cuando se inicia el ataque, podemos apartarnos hacia la parte derecha del coche, pero si ya estamos en una posición más adelantada, la masa del coche evitará ese movimiento hacia la derecha.

Si nos tiramos al suelo, el atacante sólo tiene que hacer una pequeña corrección de su puntería. Si nos giramos y tratamos de correr, el vehículo detenido y el nuestro de un lado y el tráfico de otro pueden dificultar que lo hagamos lo suficientemente rápido.
[1] La regla “hay más de uno” es una táctica de seguridad por la cual hay que considerar siempre que hay más de lo que buscamos: Si buscamos armas en un cacheo y encontramos una, no nos detenemos en la búsqueda, se buscan más; Si buscamos drogas y encontramos alguna, no nos conformamos con eso, se buscan más; Si desconocemos el número de personas con las que vamos a intervenir al llegar al lugar de los hechos y vemos a una o dos, inicialmente debemos pensar que hay más (tres cuatro o más.)


Oficial German Esteban Villanueva Caballero



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parecio excelente, explicado de una manera sencilla, saludos desde Mexico

Anónimo dijo...

excelente explicacion muy explisita, en lo particular yo tengo dos palabras que matan a los policia el exceso de confiazsa no debemos de confiarno y no realizar procedimiento inconsulto y reportar siempre las caracteristicas del vehiculo antes de darle la vos de alto. Saludos desde venezuela.