SERVIR Y PROTEGER

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"Tiempo que pasa, verdad que huye" Edmond Locard (1877 - 1966)

jueves, 17 de julio de 2008

HAY ADULTOS PERDIDOS POR FALTA DE DATOS


Por la falta de un sistema de información único, en el que todos los organismos oficiales vinculados con las urgencias vuelquen los datos sobre los accidentes y las personas desaparecidas, hay más de 90 familias que esperan alguna novedad sobre un integrante que desapareció y no lograron recuperar.


Se trata de 92 adultos perdidos, entre los que figuran jóvenes, mujeres que se sospecha fueron captadas por redes de prostitución y personas mayores con problemas de salud.


Según la ONG Personas Perdidas, en lo que va de 2008 tuvieron 165 denuncias de adultos en esa situación; sólo 73 de ellos aparecieron.


La publicación de las fotos de los extraviados en las páginas web de estas entidades o en medios masivos de comunicación ha colaborado para encontrar a 52.

De ellos, 47 aparecieron con vida.


Sin la colaboración de las ONG, muchos casos hubieran tenido otro final.


Las historias de Marcelo, Sara y Martiniano dejan en evidencia las desventuras que existen en la búsqueda de un familiar perdido: por problemas de comunicación y mal manejo de la información entre las jurisdicciones de la policía, los hospitales, las morgues y el resto de los organismos públicos comprendidos en el tema, muchas personas se enteran de casualidad de la muerte de sus seres queridos o continúan en vano su búsqueda durante años.


Marcelo Perotti, de 40 años, salió como cualquier otro día con su bicicleta a las calles de la ciudad de Córdoba, la tarde del miércoles 2 de enero. Nunca volvió a su casa.


"Estamos en 2008, era de las comunicaciones y de la informática, pero las instituciones y organismos oficiales intervinientes en situaciones de urgencia están más incomunicados que nunca".


Así sintetiza su calvario Juan Pablo Perroti, hermano de Marcelo.


"El sábado mi madre hizo la denuncia en una seccional que tiene la unidad judicial N° 6 de desaparición de personas.


La abogada que tomó el caso llamó al hospital municipal, donde dijeron no tener ninguna persona con ese nombre, pero tampoco le informaron sobre si había algún NN.


Dentro del hospital también existe una seccional que se ocupa de identificar a los NN que evidentemente no hizo su trabajo", relató a LA NACION.


Gracias a que una pariente escuchó por la radio local que había fallecido un ciclista no identificado. Juan Pablo llamó a la comisaría intervinente para ver si tenían novedades.


Ante la negativa, reclamó el número de la morgue local. "Le pedí al médico responsable si podía cotejar algunos rasgos físicos de mi hermano con el cuerpo no identificado que les había llegado.


Finalmente un médico amigo reconoció el cuerpo", recordó Juan Pablo. Marcelo había sido atropellado el mismo día de su desaparición. La comisaría que intervino en el accidente y la que actuaba en la averiguación del paradero nunca se pusieron en contacto.


En la Capital funcionan 53 seccionales y todas reciben denuncias de solicitud de paradero. Los Centros de Orientación de Personas (COP) de la Policía Federal Argentina y del gobierno bonaerense manejan esa información.


Se ocupan de cargar los datos de todas las personas perdidas y de las encontradas, pero no siempre funcionan como deberían.


Según Adriana Sellán, integrante de Missing Children, "los COP funcionan bien, pero tardan bastante en cargar los datos. No están tampoco muy actualizados".


Cuando los chicos que la ONG busca cumplen la mayoría de edad, explicó, "el juzgado cierra el expediente. Los pasamos a Personas Perdidas para que publique las búsquedas en su página web y las difunda en los medios, pero, hasta que no cometen un delito la policía no los buscan. Falta la informatización y que todos los registros trabajen en red".


Sara tiene 76 años, es sordomuda y no suele portar identificación. Siempre caminó sola por el barrio y volvió por las tardes a su casa de Santos Lugares. Cuando el 1° de octubre de 2007 no volvió a su casa, sus familiares pensaron que quizá se había vuelto a tomar el tren, como la primera vez que se había perdido.


Hicieron la denuncia en la comisaría local y empezaron a preguntar en todos los hogares, geriátricos, comedores y hospitales desde Pilar hasta su barrio.


"La policía no se movía mucho. Empezamos a recorrer los alrededores, a pegar carteles y publicamos su foto en los diarios", narró Silvina, una de sus sobrinas.


Dos meses después, a su cuñada se le ocurrió ir a la Municipalidad de San Martín, partido lindero con Tres de Febrero, a preguntar. Le dijeron que había llegado una señora y, como no sabía decir su nombre, había sido trasladada a un hogar.


La habían hallado hacía un mes en Loma Hermosa; la comisaría que llevaba la causa estaba a 15 cuadras de la casa de Sara. Pese a que ella escribía su nombre cada vez que le preguntaban algo, nadie avisó a su familia.


El Registro de Búsqueda de Personas Adultas con Padecimientos Mentales e Incapaces del gobierno porteño fue creado por la ley 1156. Se ocupa de buscar a personas mayores de 18 años que tengan algún tipo de padecimiento mental.


Las denuncias son realizadas por familiares, hospitales, clínicas, hogares y juzgados. "Hay muchas personas que aparecen en hospitales porque están en la calle.


En general, ingresan como NN porque no tienen documentación. Quizá da un nombre erróneo y eso demora el proceso.


Los servicios sociales de los hospitales, con sus limitaciones, son los que tienen que buscar a los familiares de los NN, pero muchas veces no sucede", explicó Marcelo Lavergata, miembro del organismo.


Y agregó: "Dentro del Estado hay problemas con la informatización de datos. Hay hospitales que todavía se manejan con cuadernos y, por estar saturados de trabajo, la respuesta es lenta. Si estuviera toda la información centralizada en un sistema único, sería mucho más simple encontrar a la gente", concluyó Lavergata.


No lo fue para la familia de Martiniano Leyes, que el 22 de octubre de 2006 fue a la feria como todos los domingos y no volvieron a saber de él. Luego de un año de intensa búsqueda, su familia se enteró de que había fallecido dos días después de su desaparición en el hospital Pirovano y que había sido enterrado en el cementerio de la Chacarita, con su nombre y apellido.


La averiguación del paradero estaba radicada en la Unidad Funcional (UFI) 17 de Quilmes, pero no hubo avances en el caso.


Sólo un año después, la familia tomó contacto con el Centro de Protección de los Derechos de Víctimas de la gobernación bonaerense que, en un mes, reconstruyó la historia.


Ni el juzgado que investigaba el accidente en el que Martiniano fue atropellado había contactado a la familia.


Por Micaela Urdínez De la Redacción de LA NACION

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